Los apartes

Rayo

Le tengo miedo a los rayos y antes de regresar, otra vez, a los miedos que me heredó mi abuela (ella apretaba mi mano cuando tronaba el cielo, ella me recordaba que un día vio un árbol que solía protegerla arder y ahora no puedo caminar bajo una tormenta eléctrica sin sentir que mi corazón puede explotar), me detuve a pensar por qué. En las películas y en algunos libros, un rayo regresa lo muerto a la vida. El rayo produce el incendio en el bosque que paradójicamente habrá de revivirlo. La electricidad es despertar (últimamente trato de recordar...

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La muchacha quiebra las piernas

Apenas quepo en el lugar pero bueno, como diría algún sabio, si quisiera comodidad en la vida mejor me hubiera cortado las piernas. Me pongo los audífonos (otro escape, otra fuga). Hay poca gente en el camión. No quiero escuchar a otros. No es necesario escuchar cuando veo por la ventana: el escenario es una escalera de metal, un departamento sobre otro; hay un muchacho vestido con una sudadera deportiva azul y con un corte de cabello a casquete regular y hay una muchacha de minifalda y medias a los muslos. Ella lo espera al final de los escalones....

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Moby Dick

Un año después, aún sigo leyendo Moby Dick. (Un año y dos meses. O tres). He abandonado libros cansinos en menos tiempo. Algo tiene Moby Dick que hace difícil su abandono. Quizás el juego entre la acción, los datos sobrados y los chistes insulsos convierten su lectura en algo fascinante. Un capítulo es la carnada para caer en la lectura del siguiente. Tirar de la caña, pero sin prisa, a un ritmo constante y doloroso. A veces me pregunto si hubiera sido más fácil para mí leerlo en español. Es posible. Pero tengo la impresión de que hacerlo así...

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Casa  13

Mi esposa y yo vivimos en la casa trece. Me pregunto si no debimos ser más supersticiosos. Hoy me imaginé viviendo en la once o en la siete. Como no soy japonés, también me imaginé viviendo en la cuatro. Quizás no hubiéramos tenido aquellos horribles problemas de tubería. Entonces se me ocurren otros cambios: mejores trabajos, distintas oportunidades, quizás habría ganado otros concursos, hubiera escrito otras cosas. Pienso en otros que fueron afectados por nuestra decisión: don Chino nos hubiera durado más, Rubén no hubiera sufrido un ataque, a la empresa familiar le iría mejor y, quizás, no habrían asesinado a E con un martillo. Empiezo a creerlo. En la casa 23 nos esperaban mejores cosas, una línea temporal alterna cuya distancia diminuta de la 13 hubiera cambiado tantas cosas para bien. El consuelo es un seductor poderoso, una mentira agradable. Post-it: Saltar al otro lado no siempre es para...

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Cholula Night

La noche es tranquila. Los perros roncan. Pero cuando callan qué silencio. Me gustaría otra Cholula. Una más luminosa. Pienso mucho. Mi hermano se recibe a finales de este mes. Leo tres libros: una antología de cuento mexicano, la dama de blanco y las novelas ejemplares. La última es una relectura. Que sabroso es Cervantes en el paladar. Ningún otro me provoca lo mismo: el canto en el diálogo. Parece que hablo de un amante. Parece que mi boca es una indecisa enamorada. Qué barbaridad. Eso me recuerda: dentro de poco liberaré el libro de Capurro. Por fin pude...

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No quiero hablar de Cholula

Cholula me cuesta trabajo porque Cholula nunca cambia. Un ciclo de normalidad que se repite una y otra vez. Estoy en el paralelo más tranquilo de todos, donde encierran al revoltoso para que no hable de lo que presenció en otros tiempos. He tenido horas para recordar otras vidas y preguntarme por qué estoy aquí. Entonces sobrevivo partido en dos: un cielo azul, repleto de nubes, y el relajante canto de los pájaros contra la necesidad de romper cosas, aunque sea un poco, dejarlas en tiritas para que algún demonio se las coma. Algunas veces invento problemas para sobrevivir, pequeñas historias oscuras para...

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No sean brutos

Nos encontramos a una señora, guapísima, con uno de sus niños, también guapísimo. Y pues sí, clásico estereotipo: malcriado. Pero la señora no dejaba de sonreír, como si el niño gritón que enemistaba a las naranjas con los empleados de Comercial Mexicana, fuera una bendición. Mi esposa me preguntó si la conocíamos, porque nos sonrió, incluso nos saludó de lejos, y entonces pensé que sí. Cuando traté de recordar su nombre, lo único que podía ver era a esas mamitas de clase media que abundaban en el casting. Llevaban a sus hijos malcriados y gritones porque, en el fondo, de verdad creían en el areté de sus hijos: son héroes, poetas guerreros, excelentes actores, filósofos matemáticos, creadores dedicados, poetas malditos. Entonces tenía que pasarme diez, quince minutos, en el calor de las luces y del foro, con cada niño y su madre, practicando las rutinas y las actuaciones una y otra vez, esperando que mi tenacidad pudiera sacarle brillo a ese diamante en bruto y hacer felices a esas señoras que sonreían desesperadas, que creían fervientemente en la fantasía producto de su...

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Una boca de arco rojo

Te pedí la boca, y te la pedí roja, porque ya sabes lo que deseo. Sí, alguna vez te vi. Recuerdo el arco de tus cejas, la forma de tu rostro y te vigilé durante un largo rato, en silencio, meditando los posibles desenlaces eróticos. Semen en tu cara, semen en tu lengua, semen en tu… no, no he visto más, sólo he visto tu rostro. Te visualicé de rodillas (cuánto debo inventar, todavía, para someterte), tus ojos almendrados mirando el momento justo en que pueda empujar, y llenarte la boca. Una verga gorda que coquete con tu lengua y...

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Cabeza vacía

Algunas veces, mientras camino, siento mi cabeza vacía. Entonces me angustio porque todos los problemas que usualmente tengo en la cabeza, y a los que siempre les estoy buscando solución, parece que se difuminan o se convierten en ruido blanco, y no entiendo lo que está pasando. Entonces tengo miedo de que me dé un ataque, un aneurisma o algo similar. Pienso de qué podría estar enfermo pero como mi cabeza está vacía, y no puede interpretar bien las cosas, es incapaz de darle un seguimiento. Me pregunto: ¿así se sienten los imbéciles? ¿O esto es la felicidad solo...

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L

También soñé con L. Imprecaba que hubiéramos cogido tan mal la última vez. Traté de hacer memoria. ¿Hablaba en el mundo del sueño o hablaba del mundo real? Miré bien la cara de L. ¿Existía? Entonces me empujó contra un sillón, bajó mi cierre, la sacó y se la acomodó. Ella parecía feliz montándome mientras yo pensaba que querría decir este sueño, así como me he preguntado de los muchos otros sueños que he tenido. Quizás es porque disfruto a mi narrador sucio y necesito llenarlo de encuentros. Darle algo de qué hablar. Más que un semental, un peregrino...

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