Categoría: Un sol, un amor

Docena de huevos.

Hace días que deseaba escribir de huevos, pero es que tener un ojo al gato y otro al garabato me alejaron del blog. Uno de los motivos es que he continuado una de las novelas pendientes y si todas las letras quieren irse de ese lado, yo no se los voy a negar. Luego no quiero estar llorando como uno de los payasos de los cuadros, pensando que nunca vendrá la inspiración y hablando de la hoja en blanco como una puta cuando la culpa nomás es de uno. Digo, a la hoja en blanco ya la conozco, y en mi caso nomás es una excusa para mirar la pared y pensar en el infinito, la melancolía, el presupuesto público y, por supuesto, los huevos. Los huevos, sobre todo uno que se rompe en un accidente, siempre me recuerdan y me llevan a repetir la misma historia de mi abuela y sus hijos. Mi abuela mantuvo sola a seis niños y una de los alimentos más baratos y más nutritivos en ese entonces eran, pues, los huevos. Ella mandó a cada uno de los seis chamacos por el kilo de huevos a la tienda, y cada uno de ellos tuvo su oportunidad de tirar -por accidente, por descuido o por juego-, la bolsa una vez. Era un error que después de dejarles las nalgas rojas, no repetían. Mi abuela...

Leer más

Veinte breves de domingo en lunes.

Cuando salgo a caminar con Nico llevo la cámara para tomar fotografías. Una de las cosas a las que le tomo foto, es a la basura que me encuentro en las calles. Específicamente, basura con marcas, como este vaso de Coca Cola. También le he tomado foto a agujeros mágicos, a algunas puertas y ventanas, a los números de ciertas casas y a las colosales torres de luz que se pueden ver a lo lejos, manchando el horizonte como montañas de una novela cyberpunk. La costumbre de tomar fotografías a la basura con marcas, empezó porque me encontré una caja de condones afuera de una escuela (primaria, secundaria y bachillerato particular). Pasaron varios días y la caja de condones seguía ahí. Ya le había llovido, le había granizado, el sol ya había resquebrajado su pintura y su cartón, y seguía ahí. Como yo, nadie quiso barrerla, recogerla, reciclarla, masticarla, hurgar en ella para ver si había algún condón sin usar y considerar eso como una especie de buena estrella. Es cierto que no recogí la caja (así como toda la basura que he podido fotografiar) y con ello, negué la oportunidad de ayudar a un México más limpio. ¿Debía hacerlo? Salgo a caminar con bolsas para recoger el excremento de mi perro y si traigo basura en las manos (una servilleta, un empaque) suelo guardarla hasta irme a casa...

Leer más

Caminata que aparenta ser la misma, pero siempre tiene sus diferencias.

Tengo tres rutas para caminar con Nico y, por curiosidad, he dado rodeos en estos caminos para conocer mejor el lugar donde vivo. Me he metido en fraccionamientos llamativos, fraccionamientos discretos, pequeños parques y lotes baldíos, tratando de encontrar la conexión de todos estos lugares con el lugar donde vivo, el lugar desde donde trabajo, desde donde leo y escribo. Es un lugar qué, aún con su aparente calma, ha servido como un hogar durante dos años. El lugar donde vives te cambia y es inevitable, sólo que es un proceso lento y engañosamente estático. Donde vives te hace otro, así como leer un libro o escuchar una canción. He tomado la caminata como un proceso esencial para recuperar el respiro creativo que tenía hace algunos años y escribir todas esas cosas que se quedaron pendientes, arrumbadas en un cajón (físico y metafísico). Le decía a Sol que así como Killer es un compañero de su vida, una etapa importante para ella, Nico también era una especie de animal guardián que debía acompañarme. Un espíritu que conviviría conmigo los próximos diez años. No lo digo en un afán esotérico, más bien en un afán literario. Esa conexión parecerá real, pero sólo es una motivación y en realidad, es algo más animal. Somos una manada que camina junta y al final, las mascotas dependen de los humanos, los proveedores que...

Leer más

Fotografías de unos días.

Nico, la basset hound, me sigue a todas partes. Debe haber alguna razón científica que explique porque ella me acompaña de una habitación a otra. Eventualmente se cansa y se mueve a otra habitación. Después de unos minutos me angustio. Los libros, las páginas, la información que me dieron es que estos perros, cuando están solos, están maquinando toda clase de planes para hacer un desastre. Estos perros jamás olvidan las travesuras que planean. Estos perros pretenden que son idiotas para engañarte. No puedo más con la duda y me asomo a la habitación, la descubro mordiendo uno de sus juguetes o tirada de panza para que la caliente el sol. Suspiro, no solamente de alivio, también porque interrumpí algo. La dejo a solas, reprendiéndome por mi momento de padre psicótico, y ella, por supuesto, se levanta a seguirme. Este es uno de tantos ciclos que se repiten durante el día. Estos últimos diez días iniciaron con un café y una queja en mi garganta. Mi garganta quiere arrancarme la piel y salir, en protesta, sin importar que me deje sangrado y moribundo, a comprar unos cigarrillos. He pensado en comprar uno o dos cigarrillos sueltos para el día, pero ya conozco el proceso: compro un par de seh-ga-rreee-tos y el día de mañana estaré comprando la cajetilla. Esta es la segunda etapa del ex-fumador: los primeros treinta días,...

Leer más

¡Nuevo libro!

Tuits recientes

Videos recientes

Cargando...