Categoría: Medio geek, medio nerd

Diciembre es enfermedad.

Que nadie me diga lo contrario. Los chamacos caminan con las narices rojas y los adultos tosen como si estuvieran a punto de morir. Las bufandas, los gorros, los guantes y las vitaminas mágicas para protegerse. Mi mujer está en cama, con una fiebre de treinta y ocho grados y como yo soy muy paternal, por supuesto, estoy en la otra habitación fumando y escribiendo esto. No se crean, más tarde iré a su lado y seguiré analizando esa fiebre, con todo mi conocimiento médico y santero, para arrancársela de la piel. Ojalá fuera de esas otras fiebres, ustedes me entienden, de la buena fiebre, que se puede curar, ustedes me entienden, sin medicinas y usando puro cuerpo. A lo que te truje chencha. Yo también estuve enfermo. Todavía lo estoy, todavía toso pero desde hace años sigo fumando aún con la gripa porque… un cigarrito no hace nada, dos cigarritos menos, nada pasa. Toso igual que si estuviera sano. Tengo uno de esos propósitos de año nuevo, ilusos, de abandonar el cigarrillo con la llegada del nuevo año. Son los treinta y siete pesos, me digo. Está a punto de terminar el año. Este año escribí más de doscientas entradas. Es bueno. Hay años donde sólo fueron 170 ó 160, ni siquiera la mitad del año. Esta vez escribí más, aún cuando refugié en la brevedad. En otra...

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Enciende un iPad.

Hoy leí a Omegar en “Enciende un Kindle” y hace unos días, leí en Tempus Fugit un iPad vs. Kindle. Ahora que tengo un iPad, he estado más interesado por el avance y la mención de ambos dispositivos. Generalmente, hablan de ellos como una competencia directa, pero Tempus Fugit hace un razonamiento preciso diciendo: “Son aparatos para necesidades diferentes y si puedes, deberías tener ambos”. Omegar, al final de su anotación, hace una pequeña semblanza del libro en papel y se dio cuenta al tener su Kindle en las manos, que éste es el final de una era. La era del papel. Es cierto que ya lo veíamos, sin embargo, no es hasta que tienes uno de estos aparatos en las manos que lo confirmas. El iPad para leer, sirve. Muchos hablan de que lastima los ojos, de que la luz hace que te duela la cabeza, y de que es prácticamente imposible. Los comerciales te muestran gente yendo a la playa o a la alberca con “el producto” y su imposibilidad de leer con la luz del sol. Aparece una chica con un Kindle, buenísima por cierto, soltando el precio del aparato. ¿De verdad, uno va a la playa a leer? Yo pensé que uno se embriagaba, salía a bailar, disfrutaba de la arena y tal vez –sólo a falta de mejores cosas qué hacer–, ya encerrado en...

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Eso me hace feliz.

El viaje se alargó. No me sorprende. Cuando uno desea algo complicado como un MALDITO IPAD y tienes que correr de un lado a otro para pedirlo, esas cosas pasan. Primero pensé en pedírselo a la Tienda Telmex para pagarlo en eternas y cómodas mensualidades. Eso no pasó, simplemente porque su servicio es un poco nefasto. Primero me dijeron que ya no sabían si lo tenían disponible (después de haberme dicho que sí y pedirlo) y después me dijeron que no sabían si el servicio de paquetería lo entregaría después de lo acordado (24-48 horas, y lo pedí el jueves pasado). Hoy, como una broma cósmica, llegó un chavo con la caja del aparato y tuve que decirle-: Lo siento monín, la orden la cancelé… ayer -Total que la solución vendrá el día de mañana. Por supuesto, no sólo me quedé por mi pequeño capricho, mi tableta mamona, mi herramienta de trabajo y mi coso de pruebas, también he estado aprendiendo más del negocio para ganar más dinero. De regreso al mundo capitalista, de regreso al mundo lujoso y al pago de las responsabilidades, al mundo real. Se siente bien. No soy el escritor que se muere de hambre y nunca he pensado en ganar millones de dólares con el oficio, ni ser el pilar de una generación o dictar un canon. Escribo porque escribo. Eso me hace...

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Aquí no es el cielo

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