Categoría: Una sonrisa retorcida

El árbol en el 2011. (El año de Nico).

El árbol 2:17, en números, durante el 2011: 149 entradas. 93,737 palabras. Un promedio de 629 palabras por entrada. Cinco de las palabras más utilizadas. uno (230 veces). todo (227 veces). libro (177 veces). vida (170 veces). años (152 veces). Algunos datos. Escribí menos entradas que en años anteriores (es el año con menos entradas) pero escribí casi el mismo número de palabras que el año pasado. Es decir… escribí textos con más carnita. Por supuesto, que la carne le sepa a pollo, a pavo, a cerdo o a soya, ya lo decidirá usted. Nico, mi basset hound, me...

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nueve pensamientos de tener treinta.

Anoche me dijo un tío–. Con qué… ¿treinta, verdad? ¿Qué se siente? –Le pregunté a que se refería. Olvidé por un momento que había atravesado una década y que, inevitablemente, dejé atrás los veintes para siempre. Mi tío se rió, me di cuenta a que se refería pero fue demasiado tarde. Él me dijo–. No te preocupes. Tienes todo un año para acostumbrarte. Me gustaba imaginar que tendría treinta. Ya tenerlos es otra cosa. El día que cumplí años caminé con Nico, mi basset, por terrenos inexplorados. Dimos una larga vuelta por una de las avenidas más grandes de...

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desvanecer.

Escribo acerca de un personaje que tiene una condición cardiaca. Las cajetillas de cigarros advierten los problemas cardiacos que puede traer la vida del fumador. Dejé de fumar otra vez. Llevo dos días. Mañana será el tercero. El tercer día para el que está dejando de fumar es muy importante, porque es el día en que la nicotina abandona su cuerpo y después, todo queda en la cabeza. Miré un episodio de “Quantum Leap” donde un luchador tiene problemas del corazón. ¿No es lo mismo que pasa en “The Wrestler”? Escribo acerca de un personaje con un corazón enfermo y no sólo me intereso por las guías que pueda dejar la ficción, también leo detalles de lo que sucede con las venas, con la sangre, con el oxígeno, con los límites que pueden y desean empujar para que nadie decida sus vidas. Ni siquiera el corazón herido. Lavaba platos y luego recordé un episodio infantil. Jugaba en casa. Me atraparon, me hicieron cosquillas y no podía parar de reír. Me reía, me reía hasta que todo se volvió blanco y las cosas se multiplicaban. Debía ser culpa de las lágrimas. Seguía riéndome. Mi risa se escuchaba como el eco de un espíritu que me está observando. Mi risa se convirtió en algo ajeno. No podía jalar aire. Es la única vez que he reído tanto. Me mareé y me...

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recuerdo del cien vidas.

Hace siete años, escribí una serie de textos que en conjunto, formaban algo llamado el cien vidas. Empecé a escribirlo como muchas de las cosas que hice en este lugar: sin dirección, puro entretenimiento e irresponsabilidad. Durante cincuenta vidas que logré escribir aquel entonces, me encontré con la posibilidad de profundizar en la mitología que estaba generando el texto. No ceder a la microficción sino darle un universo consistente donde los personajes que giran alrededor del cien vidas se reencuentran. Después de la evaluación y de la relectura, lo único que tengo claro es que algunos de los textos, por separado, funcionan como cuentos. Otros textos generan la ilusión de un universo contenido dentro de toda la obra. Los demás son chistes simplones. Siete años después estoy trabajando el texto y me encuentro tomando decisiones—. ¿Qué quiero quitarle? ¿Qué debo dejarle? ¿Qué quiero hacer con él? Hoy me encontré pensando si debía manejar el texto en conjunto como minificciones y quitar toda posibilidad de generar un universo. O bien, ser consistente con las referencias de un mundo más grande y la búsqueda de que los episodios, como una cadena, puedan formar algo parecido a una novela. Cualquier decisión lleva a re-escribir mucho de la obra. Incluso empezarla de cero. ¿Y qué tal si me abandono y permito que la obra entera sea un chiste, tal cual empezó? Otras decisiones...

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hombre que no se aprende el tiempo.

El tiempo existe como un estado de ánimo para ciertas personas. Cuando llega noviembre se entristecen, cuando llega la tercera semana de julio se alegran. Los amantes follan durante toda la primavera o durante todo el verano. Algunos son más específicos con los días. Días que nos recuerdan la muerte, el nacimiento, el rompimiento y el inicio de una relación. Hay gente que espera con ansiedad los números temporales para dictarle a su cuerpo cuánto debe llorar, reír o sumirse en una profunda nostalgia. Esperan para abandonarse a una catatonia de melancolía. También tengo mi mes: Diciembre. Para mí, el doceavo mes proyecta la sombra de un recuerdo en cada uno de sus días. No sólo los regalos de Navidad, mi cumpleaños y los cumpleaños de otros, la muerte, las luces citadinas, la gente en los aparadores, los cínicos y los optimistas se miran cara a cara en Diciembre. Aunque estos últimos años, me siento un simple observador, me siento más tranquilo. No es por decisión propia, es por ese mecanismo curioso que llamamos familia (la propia, la del otro, la de los dos). Será que el matrimonio me tiene ocupado con tanto viaje y tantos compromisos familiares. Pienso en diciembre como un cúmulo de pasados, cántaros de agua de la que puedo servirme para refrescarme la memoria. En todas las etapas de mi vida esperé Diciembre para descubrir...

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Juegos de personalidad múltiple.

Soñaba, anoche, que echaba andar uno de los proyectos que tengo hace tiempo con el árbol 2:17 y es invitar a “otros escritores” a escribir regularmente en él. Esos “otros escritores” debe tener énfasis en las comillas, porque sería algo como lo que hizo Nájera o Pessoa. Usar otros nombres para escribir otras cosas. Cambio de estilo, de narrativa, de ocio. Luego pesa escribir con el mismo nombre porque el nombre ya está acostumbrado a presentarse de una forma y parece imposible separarse de él para jugar. Han pasado tantos años que me he convertido en un personaje multidimensional para varios grupos de personas y mi vida personal, algunas veces, se ilusiona con separarse del escritor que durante años ha llevado este blog. El nombre es una carga. El nombre y sus consecuencias son una ficción caótica, un espejismo que surge del calor y de la falta de azúcar. Anoche pensaba en la justificación del proyecto. ¿Cómo escribir con otros nombres y que esto no sólo se presente como un seudónimo, sino también una posibilidad real y lúdica para el lector? Entonces pensé en el blog como un portal donde se descubren otros universos donde existe otro yo, el mismo físico, pero con otros nombres. Más o menos lo que Simón Dor dijo alguna vez: “En otro lugar me llamo Boris Santiel o Carlos Böhrs”. Usar la misma foto...

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Carta.

Esta es una carta que leeré en el futuro. Ahorita la estoy escribiendo con los ojos cerrados y aún cuando la estoy pensando, hago el mejor esfuerzo posible para desconocer lo que dice. No tengo mucho éxito, pero mi memoria a largo plazo es muy mala. Ya la olvidaré. Ah, decía que estaba escribiendo una carta… pero es tan difícil ignorar los pensamientos. Retumban como la voz de un dios escandaloso, que necesita que sus humanitos le lleven vírgenes al volcán o si no se desinfla. No puede seguir esto. Mejor le pediré a alguien más que escriba para...

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Un libro que sea un placer culposo.

Treinta libros es un ejercicio de 30 días para recomendar libros que has leído. Uno a la vez. Me cuesta trabajo lo que es definir un “placer culposo” cuando, en mi carrera, algunos profesores nos prohibían leer a Lovecraft y Poe. Nunca entendí la razón por la que nos prohibían leer a estos autores (y los cuales, honestamente, he leído algunos cuentos o antologías cuando era muy joven). Tal vez es por el peligro de quedarse ahí. Más tarde lees con una mano en los labios como Onetti o Borges consumían su tiempo libre como lectores con novelas policiacas. Grandes escritores, artísticos, críticos saben que un placer culposo es lo que gusta a las masas. Libros escritos con tanta ligereza que cualquiera puede leerlos. Aquí cabe la referencia a Stephen King –parafraseando–: Yo lo que vendo es salami. Es honesto. Vende millones de libros y sus libros apenas abren las puertas de un mundo imaginativo que, con práctica, podría ser mucho más rico. Pero viene la pregunta: ¿Eso es lo que quiere un lector? ¿Un mundo imaginativo rico? Los libros de King son una fórmula. En “Bag Of Bones”, King parece (y estoy sobreinterpretando el texto, ojo) reconocer y satirizar esto cuando los editores del personaje principal lo joden para que entregue una novela y él saca de su cajón una de diez novelas que ya tiene escritas, y...

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Puntos breves de cine y una y media de chanates.

En Cancún, como en el resto de América, también hay chanates. Su negrura azulada los muestra majestuosamente como son: ladrones, altaneros, nada respetuosos de los hombres. Entraban al restaurante que estaba cerca de la playa y buscaban las migajas, los platos abandonados, cualquier cosa que les sirviera para alimentarse. Algunos trataban de asustarlos… yo, la verdad, los perseguía para fotografiarlos. No tenía mucho éxito. Los chanates también son listos, astutos y no se quedan en un lugar más de lo que saben que pueden sacar de él. Me parecen como cuervos, pero sin la picardía, ese tinte de ruda elegancia… Ah, bueno, los chanates. Daniel Day-Lewis parece un chanate en la película de Nine. Se viste de negro, tiene la corbata desaliñada (como un hombre que no sabe usarla) y muestra con orgullo las líneas blancas de su cabello y las líneas de su frente. Interpretó con facilidad el papel de un ladrón emocional, como el chanate que da de saltitos y mueve la cabeza, buscando el plato de comida sin atender. ¿Para qué hablar de Daniel Day-Lewis, si Penélope Cruz me arrancó los gemidos de un puberto en su escena de ropa interior, columpiándose en las cuerdas y meneando la cadera con el estigma de la amante? Ah, no lo sé. No sabía que Penélope Cruz pudiera ser un talismán sexual de tanta intensidad hasta que vi esta...

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Persona de día.

I am not a morning person. Eso lo dirá un personaje en alguna película o en alguna serie de televisión. Lo dirá una mujer o un hombre que suele disculparse de todo. Lo dirá, enfurruñado, mientras lleva un café de las manos en uno de esos vasos térmicos desechables. Probablemente, si el director es cuidadoso, le pidió al maquillista que le marcara unas ojeras o que le dejara las patas de gallo al actor que escupe tan tremenda línea. Yo la escupiría si mi vida fuera una película o la segunda temporada qué trata sobre las acciones de personajes ya establecidos. No importa que de algunos meses, he adquirido la costumbre de levantarme en un rango de 8 a 9:30 de la mañana. No soy una persona de día. Los años previos están inundados de recuerdos por los cafés, los cigarrillos, los secretos de madrugada. Vivía en las tardes, trabajaba de noche, empezaba a dormir a las cuatro o cinco de la mañana y sí abría los ojos a las diez, era un accidente, un sentido de la responsabilidad o una obligación. Sí, ahora me despierto temprano, pero de todas maneras, no soy una persona de día. La gente que se levanta a las cinco de la mañana me da angustia. Recuerdo que durante tres años me levanté a las cinco y media de la mañana para ir a...

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