Categoría: Se escribe que escribe.

respuesta a alguien que me preguntó: “Cómo escribir para vivir”.

Hola.  Lamentablemente, escribir es una profesión para la que vives. Es decir… el escritor no siempre escoge escribir, sino que escribe porque no tiene de otra. Todavía escribo porque es una disciplina que se acumuló con los años y estoy a una edad donde, aún cuando abunda la idea de abandonarlo, me descubro en el mismo lugar: Escribiendo. Ni modo. Así las cosas.  Divertirse importa pero lo mejor sazonado se escribe durante una tragedia. El escritor no siempre es un hombre entretenido buscando palabritas y humores tiernos, o sencillos. Luego lo verás en gravísimo silencio, buscando la palabra exacta para continuar un texto. Sobre todo si es poeta… y de los buenos. El escritor tiene muchas responsabilidades y tiene que escoger cuales le gustan: denunciar los problemas de su tiempo (internos o externos), rescatar un lenguaje perdido, inventar uno nuevo, poner el dedo sobre lo que otros no han visto o entretener, y siempre entretener, en tiempos oscuros.  Otras veces lo verás tirado sobre la cama, rascándose los testículos y adivinando que su sombra lo piensa como un ente patético y lamentable.  Pienso que para ser un buen escritor tienes que leer mucho. El destino de muchos escritores es seguir leyendo, y encontrar su camino en textos ajenos. Si apenas comienzas puede sonar a una tontería. Si llevas unos cuantos pasos te puede sonar cierto. Si tienes años haciéndolo...

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recuerdo del cien vidas.

Hace siete años, escribí una serie de textos que en conjunto, formaban algo llamado el cien vidas. Empecé a escribirlo como muchas de las cosas que hice en este lugar: sin dirección, puro entretenimiento e irresponsabilidad. Durante cincuenta vidas que logré escribir aquel entonces, me encontré con la posibilidad de profundizar en la mitología que estaba generando el texto. No ceder a la microficción sino darle un universo consistente donde los personajes que giran alrededor del cien vidas se reencuentran. Después de la evaluación y de la relectura, lo único que tengo claro es que algunos de los textos, por separado, funcionan como cuentos. Otros textos generan la ilusión de un universo contenido dentro de toda la obra. Los demás son chistes simplones. Siete años después estoy trabajando el texto y me encuentro tomando decisiones—. ¿Qué quiero quitarle? ¿Qué debo dejarle? ¿Qué quiero hacer con él? Hoy me encontré pensando si debía manejar el texto en conjunto como minificciones y quitar toda posibilidad de generar un universo. O bien, ser consistente con las referencias de un mundo más grande y la búsqueda de que los episodios, como una cadena, puedan formar algo parecido a una novela. Cualquier decisión lleva a re-escribir mucho de la obra. Incluso empezarla de cero. ¿Y qué tal si me abandono y permito que la obra entera sea un chiste, tal cual empezó? Otras decisiones...

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Juegos de personalidad múltiple.

Soñaba, anoche, que echaba andar uno de los proyectos que tengo hace tiempo con el árbol 2:17 y es invitar a “otros escritores” a escribir regularmente en él. Esos “otros escritores” debe tener énfasis en las comillas, porque sería algo como lo que hizo Nájera o Pessoa. Usar otros nombres para escribir otras cosas. Cambio de estilo, de narrativa, de ocio. Luego pesa escribir con el mismo nombre porque el nombre ya está acostumbrado a presentarse de una forma y parece imposible separarse de él para jugar. Han pasado tantos años que me he convertido en un personaje multidimensional para varios grupos de personas y mi vida personal, algunas veces, se ilusiona con separarse del escritor que durante años ha llevado este blog. El nombre es una carga. El nombre y sus consecuencias son una ficción caótica, un espejismo que surge del calor y de la falta de azúcar. Anoche pensaba en la justificación del proyecto. ¿Cómo escribir con otros nombres y que esto no sólo se presente como un seudónimo, sino también una posibilidad real y lúdica para el lector? Entonces pensé en el blog como un portal donde se descubren otros universos donde existe otro yo, el mismo físico, pero con otros nombres. Más o menos lo que Simón Dor dijo alguna vez: “En otro lugar me llamo Boris Santiel o Carlos Böhrs”. Usar la misma foto...

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El cuento es un espíritu.

Luego pienso que escribir un cuento es comunicarse con un espíritu. Espíritus que se esconden en todas las cosas y ofrecen una cantidad infinita de circunstancias. Cosas que han pasado por las manos de mucha gente y gente que ha tenido muchas vivencias, o pocas, o profundas, o increíbles. El cuento es dejarse poseer por un espíritu y escribir para comunicar lo que tiene que decir. Hay espíritus que son muy habladores, mentirosos y ruines. Hay espíritus de bondades y abundancia. Espíritus que, como un hombre testarudo, niegan en la inevitable existencia del final porque les da mucho miedo....

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Acerca de la tienda de libros, a partir de un comentario.

Fest, soy un escritor amateur que, por su falta de experiencia en estos tópicos, quiere hacerte un par de consultas: Di una vuelta por tu tienda virtual y me pregunto por qué decidiste manejar tus libros de manera independiente. ¿Es una cuestión ideológica? ¿Las editoriales no están dando oportunidades a nuevos autores? y, por último, ¿se venden esos libros? es obvio que no por decenas, pero, quiero decir, ¿dejan para unas cheves de vez en cuando?. Gracias por tu atención, de antemano. Saludos. ¿Es una cuestión ideológica? No exactamente. Metí un par de concursos (Hace más de diez años) y mandé a un par de editoriales. No gané los concursos (en ese entonces, he descubierto, la microficción era de poco interés en el mundo editorial… hoy es un BOOM en México y me estoy dando de topes en la pared). Algunos editores me dijeron que cobraban por leer mi libro, y además, luego me cobraban por imprimirlo. Otros eran más buena onda–: Te cobramos una lana por imprimirlo y ya –En aquel entonces ya tenía escritos muchos cuentos y una novela, y como el blog era medianamente popular, la gente me preguntaba–: ¿Cuándo imprimes algo para comprártelo? –Así que metí por Lulu, que era lo más baras, sin arriesgarme con quedarme con cuantos libros no se vendieran y además, que se vendieran los que se tuvieran que vender. En...

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Jardín secreto.

+ A esta foto, en instagram, la llamé “El jardín secreto”. Atravesando la puerta negra e ignorando el letrero que reza “Desarrollo Deportivo” (y esa lista de actividades), podríamos descubrir un lugar maravilloso. Un bosque vasto, de robles y uno que otro ciprés. ¿O mejor unas caucheras de hojas tan grandes como la mano de un gigante? Luego del bosque, podemos considerar las actividades del Desarrollo Deportivo: Un pigmeo que enseña Tae Kwan Do y que es, pues, el pigmeo más fuerte del mundo; un homosexual escandaloso de San Francisco, con amplio maquillaje y rodilleras, que enseñe de tolerancia y aerobics; una marciana de seis tetas que, tras vigilar mucho tiempo a la raza humana, aprendió todos los bailes del mundo pero su especialidad y preferencia, siempre será el hawaiano; Un elfo oscuro que, tras leer un libro de páginas amarillas, adquirió la disciplina mágica del yoga y el yazz, las cuales se creía imposible combinar; Al final… una mujer de madera al que dos hadas le dieron vida y que enseña ballet a las personas menores de veintinueve años (y si acaso, alguien más grande lo pidiera, la mujer no se activaría. Se quedaría tan quieta como una muñeca.) Les dije que era un lugar maravilloso. Hablando de lugares maravillosos, sueño con tener mi propia oficina (lejos de aquí, una oficina a la que se tenga que ir...

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Libro de los fotocuentos.

Hace un par años (me da un poquito de miedo comprobar cuántos años pasaron y por eso no reviso la fecha exacta), estaba aburrido y decidí lanzar una convocatoria pidiendo que me enviaran fotografías a cambio de que les escribiera un cuento. La convocatoria, contrario de lo que pensaba, se convirtió en un éxito y me enviaron más de cincuenta fotografías en el mismo mes que se lanzó. Cuando miré la cantidad de fotografías, dejé de pedirlas y algunas veces respondía el correo diciendo que no sabía si tendría la pericia, o la creatividad, para llegar hasta la foto enviada y tenía que dar las gracias. Hay muchas otras fotografías que aún conservo y a las cuales no les escribí cuento. Espero hacerlo algún día. En esa temporada era lo único que escribía: Fotocuentos. Este libro, en formato digital, contiene casi todos los fotocuentos que se escribieron en ese entonces. Los fotocuentos que no están presentes son la serie que escribí de “La historia de Bob, el cacto” y “Amante de Dios”. Este libro ya está en la segunda revisión, lo cual no descarta que haya una tercera o cuarta, dependiendo del tiempo y de los comentarios. Traté de localizar a todas las personas que me mandaron una foto en aquel entonces, para mandarles su copia en el formato que más le gustara, pero algunas cambiaron su e-mail, y...

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Vicisitudes de un cuento en vivo y la peste del libro impreso.

Tuve un cuento en la cabeza desde hace unos días y este cuento se me presentaba en forma de líneas. Obviamente pensé en twitter y después de un momento de preparación, de respiración y estiramientos, de tener el cuento en la cabeza y darle vueltas a los distintos momentos, lo escribí como un evento en vivo. El resultado lo pueden leer en “Cuento de los claveles blancos.” Hay algunas diferencias con el cuento en vivo, algunas líneas que agregué, que corregí o que no terminé de recoger. Un cuento como estos es un proceso vivo, cuyo final es complicado de definir. Es un cuento que está tallándose constantemente. En los próximos días, meses, regresaré a él para releerlo y agregar líneas, quitar palabras, fijarme en las comas y los acentos. Escribir también es un proceso artesanal. ¿Será que en vez de cuento son líneas personales, íntimas, un viaje por la consciencia? Nah, no importa, es un texto que se escribió con el afán de liberarlo, con el afán de entretener, con el afán de crear una fantasía dentro del mundo de personas que tienen la gentileza de seguirme y nada más. El proceso no me pareció novedoso, ya lo había hecho en una ocasión. En vez de utilizar una máquina de escribir o un papel y lápiz, usé el cuadro en blanco de twitter y cada idea, tenía que...

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