Categoría: Regálame un cigarrillo.

Sueño de dos lesbianas y unos cigarrillos de mota.

Esta mañana soñé que visitaba a mi familia y alguien –si lo recordara todo con precisión no sería un sueño (mejor dicho: no soy uno de esos soñadores que recuerdan con precisión o que tienen la desfachatez de inventar el sueño)–, me regalaba una cajetilla de cigarros porque era algo similar a mi cumpleaños. No era mi cumpleaños, no se sentía como tal, pero se sentía como si el mundo en el sueño estuviera celebrando algo con respecto a mí. Recuerdo que saqué uno de los cigarrillos delgados y blancos, que lo encendí y que fumé, sin importarme todo el tiempo que llevaba sin fumar. El cigarro me supo delicioso, y luego me supo a mota. La dopamina se liberó en mi cerebro, me sentí muy relajado y un poco más, porque era un cigarrito de mota. El olor penetró mis fosas nasales, y empecé a sonreír, y sentirme ligeramente contento. Recuerdo que tomé una decisión–: De ahora en adelante sólo me fumaré de estos, al fin que no matan. Esa información entraba en conflicto con otra que había leído: “Todo humo que te metas a los pulmones, mata. Es lo mismo un cigarro normal que uno de mota.” Era un sueño, así que toda la información contenida dentro del sueño, podía ser verdadera aún cuando fuera contradictoria. Mi familia me veía fumando, preguntaban si había retomado el vicio...

Leer más

Pesadilla.

Tuve una pesadilla y desperté muy enojado. No asustado, enojado. Desperté con las palabras en la lengua después que un enemigo del subconsciente (o el inconsciente, o de los proceso neuronales, o como quieran llamarlo), actuó como tenía que actuar. Es decir… no tiene caso hablar de la pesadilla y tampoco tiene caso describirla a detalle. Es una pesadilla personal, que no trata de monstruos, de los peores miedos irracionales o de los caminos fantásticos, sino de palabras, esos diálogos incómodos que a veces flotan entre nosotros en la vida diaria pero que nadie dice. Al despertar tenía las palabras en la boca para seguir discutiendo con mi pesadilla y luego me di cuenta que era solamente eso, un sueño… de una discusión, de verdades incómodas que se guardan, de posibles verdades, del peor de los casos. Desperté enojado… tan enojado que creo que tengo una pequeña taquicardia. Como dije, desperté con las palabras en la boca pero luego descubrí donde estaba: en la habitación, a oscuras, dos de la mañana tal vez, mis pensamientos nomás, la basset roncaba como una campeona, la respiración de mi esposa y del otro perrito que estaba justo a la mitad de todo y yo, con las palabras en la boca, con un cállate que ya me aburriste o un cállate hasta que te disculpes y te perdone, que te vayas a la...

Leer más

Veinte breves de domingo.

Los arbolitos en hilera son la metáfora de veinte cosas que me dispongo a contarles hoy. ¿Ven? No hay dos árboles iguales, pero conviven en armonía esmeralda mientras los rayos del sol los iluminan, los nutren y los invitan a crecer para alcanzar el cielo. Ninguno de esos árboles logrará llegar al espacio (sideral), pero no les importa. Los árboles soportarán su destino estoicamente mientras observan, el tiempo que puedan, lo que sucede a sus alrededores. Quisiera hacer veinte breves todos los domingos. Así como pensaba hacer un martes cachondo, un lunes de reflexión, viernes de carcajadas, jueves de música, miércoles fotográfico y sábados invisibles. Cada día reservárselo a un tema, a un tono de escritura. Aunque me encanta la idea, la poca constancia con la que luego trato los proyectos invita a desistir de la idea y con pruebas contundentes –ocho años escribiendo esta bitácora– me invita a dejar las cosas como ya son: Al antojo, al placer, al hedonismo, al impulso. El contenido de este blog se planea con unos días, a veces semanas y muy de repente, con meses de antelación. También, alguna vez pensé escribir con varios aliases o seudónimos, para permitir un poco de libertad para las cosas que me niego. Tontas cosas como quejas contra el gobierno, contra el cielo contaminado, contra el tráfico de la ciudad de México y contra la mierda...

Leer más

Hambre de luz y de humo.

  He tenido poco trabajo y el trabajo que hay, se hace en automático. En las mañanas los perros y yo salimos a pasear una de tres rutas de veinte minutos a media hora. Hemos tenido tiempo de aprender como es nuestro vecindario por las mañanas y reconocer a otros perros. Cuando llegamos a casa, hago una hora de ejercicio. Hay rutinas que requieren que esté en el piso, como las lagartijas o los puentes, y entonces Nico se me sube al estómago y triplica la dificultad. Me escucho respirando como un fumador mientras el basset me empuja el vientre, me lame la barbilla o el rostro, y jadeando, le ruego que se baje. Según el monitoreo, estos últimos cuatro días he bajado 400 gramos diarios, lo cual me sorprende. Me anima a continuarlo, pero también, espero con recelo ese momento del peso estable. Era hora de hacerlo. Hoy se cumple un mes, un día, desde que dejé de fumar. La otra vez estuve platicando con un amigo del abandono del cigarrillo y él me comentó una certeza–. Todo mundo comentará algo al oler su cigarrillo: Su esposa, sus amigos a los que le molesta o los que amonestan su salud. Nadie dirá nada cuando lo deje. Nadie se dará cuenta. Nadie le celebrará que no prenda el cigarrillo. Tal vez se den tinta algún día pero no cuente...

Leer más

Dolor no te faltará.

Ayer, un Titán de brazos fuertes, piernas indestructibles y ancha espalda, cargó dos garrafones de agua con todas sus fuerzas durante unos cuantos metros. Hoy, está tomando paracetamol porque el dolor de espalda es tan intenso que apenas puede moverse. Se ríe de su circunstancia. Siente que está encorvando la espalda como si fuera un viejo cada que camina, que baja escaleras o que toma asiento frente a la computadora. “Dolor no te faltará”, es lo único que piensa, como el consejo de un padre a un hijo, de un abuelo a los nietos. El dolor es un cuento, es un momento breve, es una leyenda que se cuentan los viejos y luego creces y te duele. La espalda le duele al titán que no es titán, simplemente es un tipo cualquiera que tiene ansias de un cigarrillo y qué se ríe porque camina como viejito, y no quiere saber más. Fue gracioso, e incómodo, hacer todas la tarea del domingo, como ir por el súper, sin bajar de la camioneta. Decidí actuar como el bulto inútil de la película, un costal de papas ejemplar, en lo que mi mujer presumía la fuerza característica que tienen todas las mujeres y que los hombres secretamente envidamos. Ella hizo las compras, subió las cosas a la camioneta y me preguntó con su sonrisa de diablo si me sentía bien o si...

Leer más

Fotografías de unos días.

Nico, la basset hound, me sigue a todas partes. Debe haber alguna razón científica que explique porque ella me acompaña de una habitación a otra. Eventualmente se cansa y se mueve a otra habitación. Después de unos minutos me angustio. Los libros, las páginas, la información que me dieron es que estos perros, cuando están solos, están maquinando toda clase de planes para hacer un desastre. Estos perros jamás olvidan las travesuras que planean. Estos perros pretenden que son idiotas para engañarte. No puedo más con la duda y me asomo a la habitación, la descubro mordiendo uno de sus juguetes o tirada de panza para que la caliente el sol. Suspiro, no solamente de alivio, también porque interrumpí algo. La dejo a solas, reprendiéndome por mi momento de padre psicótico, y ella, por supuesto, se levanta a seguirme. Este es uno de tantos ciclos que se repiten durante el día. Estos últimos diez días iniciaron con un café y una queja en mi garganta. Mi garganta quiere arrancarme la piel y salir, en protesta, sin importar que me deje sangrado y moribundo, a comprar unos cigarrillos. He pensado en comprar uno o dos cigarrillos sueltos para el día, pero ya conozco el proceso: compro un par de seh-ga-rreee-tos y el día de mañana estaré comprando la cajetilla. Esta es la segunda etapa del ex-fumador: los primeros treinta días,...

Leer más

Día tercero sin fumar un cigarrillo.

El viernes en la tarde o noche fumé un cigarrillo pensando–. ¿Y si este fuera el último? –Olvidé comprar cigarrillos y, honestamente, me está doliendo pagar cuarenta pesos cada día, o cada dos días, por mi marca preferida. Intenté comprar un par de marcas más baratas pero los cigarrillos se ven más pequeños y no me saben igual. Giré ese que tenía en las manos, ese camellito único e indivisible, y pensé de nuevo–. ¿Y si este fuera el último? Recordé años de espera que vienen acompañados del humo de un cigarrillo. Años de lectura, de relectura, de silencios acompañados, de caminatas. Cada que escribía y hacía una pausa para releer, me llevaba el cigarrillo a los labios y los minutos se consumían en pensamiento y relectura. El cigarrillo… ese pequeño objeto que servía para sostener el mundo con una mano, mientras la otra acompañaba y ayudaba la lectura obsesiva de aquello que tuviera en los ojos, sea propio o ajeno. No estoy diciendo que el gobierno me convenció a través de sus campañas soporíferas, dejé de fumar por su alza de precios al único vicio respetable que podía tener un ser humano. Si alguien me pregunta, mejor diré que se me olvidó comprarlos un día y dejé de fumar. Mientras tanto, este es el tercer día en que mis cigarrillos son de humo metafísico y se componen de...

Leer más

Celebración de humildad y cansancio verdadero.

Existe una frase terrible: “Me gustaría enseñarte un poco de humildad”. En mi caso, se siente como un cuchillo afilado que atraviesa mi garganta como si fuera mantequilla. Es molesto. Depende del día y de la circunstancia, puede ser la más grande falacia o la verdad que te faltaba. Hay variantes: “Necesitas aprender un poco de humildad” o “Te hace falta ser más humilde”. Los dos componentes básicos se repiten: Tú y Humilde. Se la pasan toda la vida enseñándonos que la humildad es lo que nos tiene mal (a nosotros los mexicanos) y los padres, los abuelos o los tíos, gastan todos esos años en libros para educar mocosos y socavar lo suficiente para construir esos bonitos cimientos de confianza. Eventualmente creces, te avientan al mundo y un extraño se acerca a ti, para tocarte el hombro, y decirte–. Tú y un poco de humildad. Me molesta la frase. No porque no sea humilde (vivo con seis mil pesos, pago dos créditos y mi perra estudia en el Centro Universitario México)… si no porque muchas veces la humildad es una máscara que usan para sugerirte otra cosa. Mi perra, Nico, ha estado molestando mucho a Killer. Basset Hound de ocho kilos contra french minitoy al que se le podría atar un cordón y se convertiría en un globo. Nico se le sube encima, lo golpea con la pata,...

Leer más

Momento.

Este es un hombre escribiendo en su computadora. Este mismo hombre, a dos ventanas, tiene un perfil de facebook abierto. Es un escenario común de una vida común. A no ser que mañana suceda una cadena de desgracias que acabe de inmediato con todo aquello que conocemos, como el internet, la energía eléctrica, las computadoras, las redes sociales… él puede seguir repitiéndolo. Mira la fotografía del perfil, entrecierra los ojos y enciende un cigarrillo. Se pregunta si servirá de algo. Si destapar el pasado funciona. Se recarga en el asiento, bebe su café, piensa que tiene que trabajar y mira la foto del perfil. Contempla, todavía, como lo ha hecho todas las veces, si de algo sirve destapar el pasado y si cambiaría en algo su presente. Una balanza interna de ganancias y pérdidas. Inútil, porque es interna y al final no se hace nada, sólo se le mira, uno trata de medir basado en memoria y en las acciones. Uno trata de medir acciones y pierde el tiempo que debería estar usando para actuar. El pasado en el pasado está. Es una verdad sencilla y aceptable. Vive muchos días sin el pasado. Le gusta vivir el presente, lleno de amor y serenidad, de cigarrillos y café, de caminatas largas y cielos inmensos, de volcanes y viajes, de trabajo hasta la madrugada y trabajo intermitente. Le gusta vivir el...

Leer más

Lo más reciente