Categoría: Lo que veo, lo que escucho.

Puntos breves de cine y una y media de chanates.

En Cancún, como en el resto de América, también hay chanates. Su negrura azulada los muestra majestuosamente como son: ladrones, altaneros, nada respetuosos de los hombres. Entraban al restaurante que estaba cerca de la playa y buscaban las migajas, los platos abandonados, cualquier cosa que les sirviera para alimentarse. Algunos trataban de asustarlos… yo, la verdad, los perseguía para fotografiarlos. No tenía mucho éxito. Los chanates también son listos, astutos y no se quedan en un lugar más de lo que saben que pueden sacar de él. Me parecen como cuervos, pero sin la picardía, ese tinte de ruda elegancia… Ah, bueno, los chanates. Daniel Day-Lewis parece un chanate en la película de Nine. Se viste de negro, tiene la corbata desaliñada (como un hombre que no sabe usarla) y muestra con orgullo las líneas blancas de su cabello y las líneas de su frente. Interpretó con facilidad el papel de un ladrón emocional, como el chanate que da de saltitos y mueve la cabeza, buscando el plato de comida sin atender. ¿Para qué hablar de Daniel Day-Lewis, si Penélope Cruz me arrancó los gemidos de un puberto en su escena de ropa interior, columpiándose en las cuerdas y meneando la cadera con el estigma de la amante? Ah, no lo sé. No sabía que Penélope Cruz pudiera ser un talismán sexual de tanta intensidad hasta que vi esta...

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Doblez de luz y agua.

La realidad, pensé el otro día, es una combinación de capas: Atrás tenemos la sombra de unos árboles y de unos cables, es el mundo físico, el mundo sólido, el mundo que se sostiene por las leyes científicas, universales, quién sabe cuántas leyes más; viene la capa de unas gotas de agua, las cuales, dibujan círculos aparentes sobre lo ya existente y lo hacen borroso, tan borroso como los ojos que envejecen, o que lloran, o que fallan desde que naces… Ojos que ven distinto a los ojos de otros hombres sin tomar en cuenta, por supuesto, el contexto de cada uno; hay una capa de vidrio que tiene dos colores, ligeramente oscuro hacia arriba para que el sol no entre con toda su fuerza y además, retira toda la posibilidad de sentir el viento, de que las gotas golpeen la piel propia que es nuestra envoltura para caminar en este mundo y cambien su destino; al final, tenemos un borde que encierra todo esto en una fotografía y esta fotografía, sólo puede ser una memoria. Una memoria de algo que sucedió y las memorias como están en nuestra cabeza, y dependen del conjunto, de cómo deseamos ver la realidad y de cómo manipulamos nuestros recuerdos al antojo, ¿cómo se sabe que es real? Un pintor despierta y decide comprar un lienzo. Primero, con un poco de grafito, marca...

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Vicisitudes de un cuento en vivo y la peste del libro impreso.

Tuve un cuento en la cabeza desde hace unos días y este cuento se me presentaba en forma de líneas. Obviamente pensé en twitter y después de un momento de preparación, de respiración y estiramientos, de tener el cuento en la cabeza y darle vueltas a los distintos momentos, lo escribí como un evento en vivo. El resultado lo pueden leer en “Cuento de los claveles blancos.” Hay algunas diferencias con el cuento en vivo, algunas líneas que agregué, que corregí o que no terminé de recoger. Un cuento como estos es un proceso vivo, cuyo final es complicado de definir. Es un cuento que está tallándose constantemente. En los próximos días, meses, regresaré a él para releerlo y agregar líneas, quitar palabras, fijarme en las comas y los acentos. Escribir también es un proceso artesanal. ¿Será que en vez de cuento son líneas personales, íntimas, un viaje por la consciencia? Nah, no importa, es un texto que se escribió con el afán de liberarlo, con el afán de entretener, con el afán de crear una fantasía dentro del mundo de personas que tienen la gentileza de seguirme y nada más. El proceso no me pareció novedoso, ya lo había hecho en una ocasión. En vez de utilizar una máquina de escribir o un papel y lápiz, usé el cuadro en blanco de twitter y cada idea, tenía que...

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Canción de los óscares y los muchos actores que en ella aparecen.

La memoria de los Óscares está fresca. El día de ayer Natalie Portman ganó la estatuilla por su actuación como el cisne negro y que una de las mentes maestras de Pixar gritó en el micrófono que su empresa era el mejor lugar para hacer cine. Collin Firth, el caballero inglés, hizo bromas acerca de su propia carrera mientras acariciaba su premio. La directora que ganó el Oscar por mejor película extranjera, insistió en que se sentía honrada por el Oscar que tenía entre sus manos, mientras los comentaristas mexicanos decían con cierto desdén que había perdido Iñárritu y su Biutiful. Kirk Douglas hacía como un viejo bufón mientras cargaba en sus hombros años respetables de carreras. En algún momento, vemos el homenaje a los actores, productores, escritores, hombres de la industria en Hollywood que pasaron a mejor vida y reconocemos algunos rostros: Leslie Nielsen y Dennis Hopper. En el homenaje reconocemos algunos nombres de escritores y productores que de tanto verlos, se siente una vaga familiaridad y lo lamento, pero hoy ya no los recuerdo. Los Óscares son una de tantas realezas actuales. Hombres y mujeres, caballerosos o extravagantes, que visten ropa de diseñador y ganan miles, a veces millones, de dólares por película. Es un proceso que inicia durante las horas que toma para que estos héroes modernos atraviesen la alfombra roja. Reciben preguntas de todo tipo:...

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Novela de los 140 caracteres.

Un grupo de escritores: Alberto Chimal, Ruy Feben, Renato Guillén, Isaí Moreno y Antulio Sánchez, iniciaron un ciclo de literatura breve a 140 caracteres. El hashtag ofrece una rápida mirada a los resultados del ciclo. Pueden leer más información en el blog de vivir mexico: Llega la twitteratura: inicia el ciclo “140 caracteres” y Más allá del #140cc: entrevista con Alberto Chimal y Ruy Feben. En el cuaderno literario de Alberto Chimal pueden leer la invitación al ciclo. Todavía habrá más reuniones de este evento. Twitter y la microficción, ese género que se ha popularizado cada vez más y que sigue en crecimiento. ¿Por qué? Básicamente… entre más pequeña la historia, un lector tiene más posibilidades de completarla o de apropiarla para entender su propia experiencia. Cuando un lector se identifica con una historia esta adquiere efectividad y se crea un lazo íntimo entre el escritor y el lector, aún cuando son dos desconocidos. Por otra parte, si el ejercicio retó la imaginación del lector, probablemente querrá saber más y deseará encontrar una resolución en la historia. Limitar es facilitar la creación. Un límite tan sencillo como una cantidad de caracteres obliga a que la creación sea más prolífica y mejor cuidada. Prolífico es, por supuesto, aceptar irremediablemente que no todo funciona. Alberto Chimal lo menciona en la entrevista: Esta creación breve son semillas que pueden germinar en otra...

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