Categoría: Se escribe que escribe.

INSPIRO, una aplicación divertida.

Bajé una aplicación llamada INSPIRO para ese dispositivo tan terrorífico (no puedo soltarlo… lo necesito incorporado quirúrgicamente a mi cuerpo) llamado iPad. La aplicación consiste en darte una serie de palabras al azar, para que después desarrolles con ellas lo que quieras. El azar es un buen método para la creación, de todo tipo y aunque no siempre el resultado es favorable, mantiene tu cabeza creando historias. Ya sea para el ocio, para el entretenimiento o para dedicarse a golpear el teclado, esta es una herramienta que puede ser útil. En mi caso, el azar ha funcionado para mantener...

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Respirar el texto.

Ese viaje interno que hice por las raíces del árbol, me presentó un montón de detalles y números. Uno de ellos, es que tengo un amigo escritor con el que llevo más de cinco o seis (tal vez siete) años platicando intermitentemente. Tan pronto me di cuenta de que llevábamos años de conocernos, abrí una ventana en google talk e hice lo que debía hacer: “Chinga tu madre”. Send. Casi siempre lo trataba de usted, porque es uno de esos buenos escritores y a mi me intimidan los buenos escritores. De verdad. Pero bueno, ya era hora de mandarlo a chingar a su madre. De cuates. Sí, me cuesta trabajo reconocer el tiempo. Cuando tenga un hijo pasarán años antes de que lo abrace, le diga que lo amo y tal vez (énfasis) en mi lecho de muerte le meteré el chingadazo final–. Estoy orgulloso de ti. ¿Se han fijado ahora cómo los padres son más amorosos, no sueltan ni una nalgadita y todos los días son un “te amo” bonito y funcional? No digo que todos los padres, pero se ve ahora en las escuelas y los paseos de feria, y esas cosas. La droga del amor o el temor del niño sin amor. Eso es para otro día. Platiqué un poco con el escritor–: Cuando conocí tu blog, recién me despidieron y la abría para leerte. Solo...

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Tienda de libros.

Después de semanas de trabajar los textos y su formato, además de la investigación para saber cómo hacerlo, ya pueden encontrar a la venta los textos en formato digital de los libros que se han publicado en el Árbol de los Mil Nombres. Pueden entrar a la tienda de libros por aquí. Algunos libros están disponibles para su descarga gratuita en formato PDF, mobi (Kindle) y e-book (Stanza, Adobe Digital Reader o iBooks para iPad, iPod y iPhone): Cuentos Pendejos, ¡Bienvenidos a Jaramillo! y otros cuentos y Padre Taxi. Los otros libros, no son gratis pero están a un precio bastante accesible. Lamentablemente en Amazon le agregaron dos dólares a mi precio. Supongo que son los beneficios de su whispersync. Los libros que se pueden adquirir son El diario de Simón Dor, Fotocuentos (casi todos) y La sonrisa del quetzalcoatli (un compilado de varias historias que se escribieron en serie y un par de cuentos). Otra cosa es qué, la conversión final me arruinó los índices en los dos últimos libros (al parecer… no hay índice). Cosa que voy a estar trabajando en cuánto tenga tiempo. Los libros no tienen D.R.M. y se pueden compartir. Sí, si lo compras, haz con él lo que gustes, lo único que falta es la emoción de rayarlo y romperle las hojas. En la próxima semana, pondré otros dos libros a la venta:...

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La verdad te hará libre.

“La verdad te hará libre”, escuchas y ves, a menudo, como católico nacido en un país católico. Cuando hablan de la verdad, se refieren al Verbo y consecuentemente, a la Palabra (con mayúsculas, infinidad de nombres para dios). Al aceptar esa verdad, se liberan cadenas y supuestamente, diriges tu vida con una libertad absoluta, ese libre albedrío que tanto te prometieron. A su vez, te amarras a las reglas religiosas que te permiten ser libre. Sí, hay gente que de verdad pretende que ambas cosas son posibles de llevar y que no son una contradicción. Por fin, un creyente más para engrosar nuestras filas y pagar el diezmo. Sin embargo, quitando el religioso contexto, nos queda una oración hermosa y… verdadera. La verdad te hará libre. Hoy escuché la frase y pensé en todas las preguntas que me hago, cuando estoy a solas, o tomando un café, o escribiendo. Escribo una serie de preguntas para buscar la verdad, al menos mi verdad y la posible verdad de otras personas. La verdad es un motor para la ficción, imaginar lo que otro piensa o responde ante preguntas esenciales (y curioso, porque la ficción es la mentira). Sé que he hablado antes de la verdad y la contradicción de los fieles. Mi estado de agnóstico, a su vez, es una posible contradicción. Me es fascinante vivir así. Mi vida es la...

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Eso me hace feliz.

El viaje se alargó. No me sorprende. Cuando uno desea algo complicado como un MALDITO IPAD y tienes que correr de un lado a otro para pedirlo, esas cosas pasan. Primero pensé en pedírselo a la Tienda Telmex para pagarlo en eternas y cómodas mensualidades. Eso no pasó, simplemente porque su servicio es un poco nefasto. Primero me dijeron que ya no sabían si lo tenían disponible (después de haberme dicho que sí y pedirlo) y después me dijeron que no sabían si el servicio de paquetería lo entregaría después de lo acordado (24-48 horas, y lo pedí el jueves pasado). Hoy, como una broma cósmica, llegó un chavo con la caja del aparato y tuve que decirle-: Lo siento monín, la orden la cancelé… ayer -Total que la solución vendrá el día de mañana. Por supuesto, no sólo me quedé por mi pequeño capricho, mi tableta mamona, mi herramienta de trabajo y mi coso de pruebas, también he estado aprendiendo más del negocio para ganar más dinero. De regreso al mundo capitalista, de regreso al mundo lujoso y al pago de las responsabilidades, al mundo real. Se siente bien. No soy el escritor que se muere de hambre y nunca he pensado en ganar millones de dólares con el oficio, ni ser el pilar de una generación o dictar un canon. Escribo porque escribo. Eso me hace...

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Escribir un cuento.

Anoche, pensaba en el acto de escribir un cuento. Después de años escribiéndolos por necedad e impulso, he descubierto que me convierto en otro mientras los escribo. No depende del cuento, ni de la situación, o el personaje. No depende de mis dedos, de mis creencias o mis experiencias. Sólo sé que tomo asiento y pienso en líneas. “El cuento se escribe solo”, dicen muchos. ¿El cuento tiene vida propia? Posiblemente es un pulpo que, con sus tentáculos, juega con mis manos y mi cerebro. No me interesa tanto el proceso de escribir el cuento, como descubrir en quien me convierto. No es lo mismo que escribir una novela. Una novela es un proceso largo y difícil. Es un proceso laborioso, por mucho, ya sea por la cantidad y la calidad que debe sostener a esa cantidad. Vivo consciente mientras escribo una novela. El narrador y el escritor, pelean constantemente mientras se escribe. Cuando escribo un cuento, me convierto en un testigo que cuenta una historia. Pienso en la voz de ese testigo, en sus rasgos físicos, en sus manías, sus muletillas. El narrador se convierte en personaje y yo me convierto en el narrador. Anoche pensé en esa persona, que se sienta a escribir un cuento. Parece otro. Lo observo mientras fumo y le cambio el cigarrillo cuando el suyo ya se consumió en sus labios. No mueve...

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No te quedará nada de qué hablar.

No puedes escribir de películas, de tus paseos, de lo que miras en el techo, de lo que soñaste, del sol que entra por tu ventana, ni del muro blanco de tu oficina. No puedes escribir de tus sentimientos, ni de los árboles o las piedras, de los pájaros que se pierden cuando entran por error a tu ventana y mucho menos de las abejas que se atoran entre tus cortinas. Jamás hables de las gracias de tu perro, ni de los consumos exagerados a los que te sometes. Te drogas y ves cosas. Te duermes y el sueño te descubre la verdad. No quiero escucharlo. ¿A quién le interesa saber de los libros que leíste, de lo que viste en la televisión, de los juegos que jugaste, de tu alineación fantástica de futbol, o americano, o beisbol local? No veo porque debas hablar de tus parejas, de la buena noche que pasaron, de los detalles jugosos y húmedos, de las palabras que se dijeron y el amor eterno que se prometieron. ¡Qué caso tiene hablar de lo que otro dijo, de lo que otro desea, de lo que otro opina! ¿Y dime, por qué quieres discutirle y entregarle páginas, y documentos, y citas, y ejemplos prácticos, de qué su vida no es como la tuya y por eso jamás van a pensar lo mismo? Al final, cuando te...

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Ningún ejercicio fácil.

Tengo la idea de que un escritor no debe hacer ejercicios fáciles. Cuando está sentado, en el papel del escritor y su lucha frente a una hoja en blanco, buscando qué escribir… lo primero que debe hacer es un ejercicio. Hablar o construir lo que es imposible. Hacer un palíndromo o jugar con los anagramas. Escribir dos párrafos cursis. Escribir tres líneas muy sencillas. Un haikú o un tanka. Tratar de escribir un soneto alejandrino o un endecasílabo. Los ejercicios, como con el cuerpo, se hacen para la perfección. La perfección del escritor es el dominio del idioma, un encuentro preciso con las palabras que busca (y las que no busca también). Hay escritores que abren una hoja al azar en su diccionario y usan alguna palabra para iniciar su ejercicio. Otros escriben todo lo que escuchan mientras están en un restaurante. Otros más, evitan ciertas consonantes o ciertas vocales. ¿Qué se trae el idioma, que luego todo lo puede? Personalmente, mi ejercicio preferido –especialmente en domingo–, es acomodar una libreta sobre la espalda de mi mujer y sencillamente escribir. La lucha de las manos y del sexo para permanecer en un sólo lugar, mientras escribo renglones y renglones de palabras, y oraciones inconclusas, pero la práctica hace al maestro. Eventualmente mis manos adquirirán la firmeza de mi sexo y mi mujer la constancia de un papel curvo, y...

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De noche.

Escribo mejor de noche. No sé las razones exactas. Algunos dicen que por el silencio, otros dicen que por las intervenciones mínimas y que el flujo de pensamientos que se traslada a letras se vuelve continuo, y con suerte, imparable. Una llave que se abre y el agua corre, y no sabemos a dónde va. El silencio ofrece todas las oportunidades para tomar aire y convertirlo en piedra. Los vecinos escandalosos, cuyas paredes no son suficiente para encerrar secretos. Algunos pájaros, o murciélagos, que se comunican en su idioma peculiar. Los insectos extraviados que necesitan mi luz artificial y molestan, volando alrededor de mi cabeza, zumbando en mis orejas, contaminando mi café y mis cigarrillos. Los sonidos sintéticos del mensajero que hacen una melodía tranquila, pausada, de pláticas que no exigen una respuesta inmediata. Y la música, por supuesto, la música que existe para interrumpir todo ello. Escribo mejor de noche. Me imagino a los niños a medio cubrir, que no pueden dormir por los monstruos bajo la cama o encerrados en el ropero. Los árboles que mecen sus hojas a merced del viento y sus caprichos. Los borrachos que hablan de sus mujeres y las mujeres que los engañan con sus otros hombres. El chiflido del celular, que lleva un mensaje con el calor para prender un horno. Los relojes que hacen un sonido cada hora, y como...

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La lista.

Solía tener una lista con temas, pequeñas frases, aquellos diálogos que se me ocurrían y que me gustaría usar en un momento. Historias pequeñas que pienso alargar un día, la promesa de Bastian que sólo Atreyu puede cumplir. La lista, como todo en esta vida, en algún momento se terminó. ¿Es posible iniciar de nuevo? Claro que sí, de eso vivimos, de los nuevos comienzos, las mayúsculas tras los puntos y seguidos, el espacio en blanco en un punto y aparte, el next cuando una canción lleva mucho tiempo en silencio. Con todo… iniciar de nuevo, exige que no estés aburrido, o que no sientas que haces algo en balde. Así me pasa, ¿y a quién no? O me aburro, o pienso que es inútil. Porque este blog me ha sido inútil, aburrido, feo y despreciable también. He escrito con todo el odio y toda la furia que le tengo al depósito de mis pensamientos, además de los días de erección, o los domingos eternos, o los aspavientos amorosos. Los días en que me levanto más tarde, las noches que no son mías, los ridículos paseos en la búsqueda de una no-deserción absoluta. A veces me veo como el viejo marinero, sosteniendo el hacha, dispuesto a trozar el tronco de los mil nombres. Sin embargo, también soy...

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Aquí no es el cielo

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