Categoría: Otros que escriben.

Música para camaleones. Truman Capote.

Música para camaleones by Truman Capote My rating: 4 of 5 stars Este es un buen libro para iniciarse con la lectura de Truman Capote y familiarizarse con él. Cuentos, relatos de gente que conocía, una supuesta crónica real de unos asesinatos (qué, según la omnipotente Wikipedia, parece ser que son otro invento… pero no se condena. Cuando se toma un libro: ¿Qué importa si es real o no? Al final lo que importa es lo que sucedió con el lector, como salió/transmutó/sobrevivió después de leer la obra). Es un buen libro para conocer a Truman Capote, o más bien, la imagen que Truman Capote proyecta de si mismo. Es un buen libro para ilusionarse con que lo conoces, con que puedes entenderlo (Sí, eso es… como en el primer relato, la vieja que llama a los camaleones con su violín, y Truman Capote se mira en el espejo negro. Una ilusión de reconocimiento pero estás escuchando la música. Sólo te reúnes a escucharlo, pero el espejo es negro). Lo que sí garantizo, en mi caso, es que es una excelente invitación para leer sus otras obras. Probablemente de haber leído este libro después de leer algunas otras de sus novelas o crónicas no me habría gustado tanto. ¿Quién lo diría? A veces el lector puede ser tan quisquilloso como el escritor. El propósito de un escritor es tan...

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Los días de Birmania. George Orwell.

Los Dias de Birmania by George Orwell My rating: 4 of 5 stars Orwell es un excelente observador. Es como el cocodrilo que encuentra en el sistema, en la ocupación, en la sociedad o en el corazón del hombre el punto más débil que puede destruirlo. “Los Días de Birmania” (o “La Marca” en algunas traducciones) son resultado de ese juicio crítico: La colonización inglesa y como eventualmente estas colonias son el depósito para gente olvidada, solitaria, que no puede hallarse ya en su país de origen. Los exiliados o los condenados que nacieron ahí, y como imponen sus leyes para que los nativos los adoren como los blancos europeos… avatares que pisan sus tierras. Y es cierto, los nativos al ser pobres, miran a los europeos como una especie de dioses (o simplemente por curiosidad). Dioses que son respetados o se exponen a recibir latigazos, golpes, aceite hirviendo o una muerte “accidental” en los cuarteles de la policía. Los ingleses por ser civilizados imponen leyes de guante blanco, pero como quisieran romper esas leyes para que la sangre corra y a la vez, los birmanos aprenden a vivir con los ingleses y las situaciones que pueden ser una oportunidad de prestigio o de dinero, o simplemente de entretenimiento. La colonización crea sus propios monstruos en ambos lados. Es en este lugar donde se desarrolla la historia de John...

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Un libro para leer por fragmentos.

Treinta libros es un ejercicio de 30 días para recomendar libros que has leído. Uno a la vez. “El espejo en el espejo” de Ende es un libro de fragmentos: Microrrelatos, capítulos, cuentos, alegorías y textos inconclusos. No importa como lo leas, ni por donde empieces. Hay textos engañosos qué funcionarían distinto si leyeras primero el final y fueras buscando el inicio. Éste es un libro que me ha funcionado todo el tiempo cuando quiero tomarlo y leer un fragmento, o un cuento al azar. Lo mismo intenté con Rayuela, de Julio Cortázar, y ese libro falló miserablemente (Aunque también se puede leer por fragmentos. Sin embargo, me estoy reservando Rayuela para otra parte de la lista). Creo que Ende es un autor único y muy difícil de imitar. Tiene mecanismos para provocar o introducir al lector en el mundo fantástico que no he visto en otros autores. Esa manera de narrar… inevitablemente, después de leer a Ende, mi cabeza vaga al episodio en la cueva de Montesinos el cual leí detenidamente, tantas veces como pude. Quijote cae por una cueva y cuando sale, narra una plétora de cosas que bien pudieron ocurrir adentro y aún cuando sabes que Quijote está loco, te queda esa duda en la carne. Duda de que esté mintiendo. Lo mismo pasa con Ende… es tan sutil, tan agradable, la manera en que te...

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Uno muy divertido.

Treinta libros es un ejercicio de 30 días para recomendar libros que has leído. Uno a la vez. No quería presentar el Quijote porque es obvio, pero no hay de otra y al final es la verdad. Es uno de los libros más divertidos que he leído. Pude escoger “Esperando a Godot” o una de las tantas obras de Shakespeare que he visto (ya que he leído pocas o sólo fragmentos. La mayoría de estas obras las he visto… divertidas, y en momentos trágicas: “La Tempestad” o “Titus Andronicus”). Si tengo que escoger un libro que me tronó a carcajadas fue el Quijote. El misticismo que rodea al Quijote es uno imponente. En las clases te lo presentan como la obra más importante de la literatura iberoamericana. Cuando le ponen esas palabras a la obra y eres un lector joven piensas que es un libro al que debes tratar con respeto, con cierto cuidado o con pincitas. Hasta yo llegué a recomendar que su lectura se hiciera después de tener cierto vocabulario o cierto nivel de experiencias. Hoy me veo tentado a corregirme. El Quijote es un depósito de varias etapas y qué invita a numerosas relecturas durante la vida. El Quijote es una gran oportunidad para una vida guiada. Cuando empecé a leerlo, no me imaginé que uno de los primeros momentos tratara de Sancho comiéndose unos frijoles...

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Un libro de un nobel.

Treinta libros es un ejercicio de 30 días para recomendar libros que has leído. Uno a la vez. Tuve una pequeña etapa donde leí tres o cuatro nobel de corridito. Al menos mucha gente ha leído los “Cien años de soledad”. Hay gente que en los ochentas y setentas, leía “La vida de las abejas” de Maurice Maeterlink (un estudio de esos insectos qué, por su manera poética, cuidadosa y también científica de describir su estudio se mereció un Nobel). También leí a Pearl S. Buck y Alice Walker. En cambio, creo que el libro que me dejó una estela de inquietud fue el de Knut Hamsun, La bendición de la tierra. Lo leí mientras estaba de vacaciones y lo leí sin ninguna expectativa. Es más, hasta había olvidado las referencias que había leído de Knut Hamsun antes de toparme con el libro y unos años después haría las conexiones pertinentes. Recuerdo que se me presentó un personaje muy grande, de brazos fuertes, de barba abundante, que estaba caminando por el bosque y qué, de alguna manera, tenía grabado en su cuerpo que debía iniciar su vida en medio de la nada. El pasado del personaje no parecía tan importante y ciertamente, no pensaba en el futuro. Lo que pasaba por la cabeza de este personaje era, sencillamente, hacer su vida en el bosque. Construir una casa y ponerse...

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Erewhon.

Leí Erewhon de Samuel Butler. Es uno de esos libracos que escuché mencionar de manera intermitente durante mi vida. Como un susurro que apenas se recuerda, pero que está ahí, persistente. Cuando lo vi en mi lista de libros digitales, decidí copiarlo para leerlo durante las vacaciones. Estando en Cancún hice el viaje a Erewhon donde Higgs atraviesa un sinuoso camino porque cree que puede llegar a un lugar mítico. Es entonces que descubre el país de Erewhon (que al principio cree es el país de unos católicos legendarios), que esconde a gente bella y aparentemente perfecta. Me preguntaba, a medida que lo leía, ¿por qué tenía la sombra de Erewhon en mis recuerdos? ¿Lo mencionaron en algún momento de la carrera? ¿Lo hizo algún escritor de ciencia ficción como un párrafo introductor a su propia obra? ¿O leí fragmentos y ya no podía recordarlo? Me encogí de hombros y seguí leyendo, apreciando esa línea tan delgada entre el humor satírico y la creación, el estudio, de un momento filosófico. Hasta que llegué a los capítulos de las máquinas entendí lo que estaba pasando. Samuel Butler es de los primeros que dedica una reflexión a las máquinas y como estás podrían apoderarse del mundo (un pensamiento más bien erewhoniano, y qué, la verdad, Higgs no pensaba que afectara a la propia Inglaterra). Esto es una joya para cualquier escritor de ciencia...

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Docena de huevos.

Hace días que deseaba escribir de huevos, pero es que tener un ojo al gato y otro al garabato me alejaron del blog. Uno de los motivos es que he continuado una de las novelas pendientes y si todas las letras quieren irse de ese lado, yo no se los voy a negar. Luego no quiero estar llorando como uno de los payasos de los cuadros, pensando que nunca vendrá la inspiración y hablando de la hoja en blanco como una puta cuando la culpa nomás es de uno. Digo, a la hoja en blanco ya la conozco, y en mi caso nomás es una excusa para mirar la pared y pensar en el infinito, la melancolía, el presupuesto público y, por supuesto, los huevos. Los huevos, sobre todo uno que se rompe en un accidente, siempre me recuerdan y me llevan a repetir la misma historia de mi abuela y sus hijos. Mi abuela mantuvo sola a seis niños y una de los alimentos más baratos y más nutritivos en ese entonces eran, pues, los huevos. Ella mandó a cada uno de los seis chamacos por el kilo de huevos a la tienda, y cada uno de ellos tuvo su oportunidad de tirar -por accidente, por descuido o por juego-, la bolsa una vez. Era un error que después de dejarles las nalgas rojas, no repetían. Mi abuela...

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Sueño de lectura americana.

Tengo tres lecturas activas: un libro de ciencia ficción muy chafa (basura entretenida), un libro de ocio y apuntes escrito por Angel de Campo y un libro de cuentos escrito por Mark Twain. El último ha logrado dominar mi tiempo. Mark Twain (Samuel Clemens) también es reconocido como el gran escritor norte americano. Así como Abraham Lincoln es el gran presidente y Walt Whitman es el gran poeta. El único problema que tiene la literatura norteamericana, especialmente la de esos tiempos, es que funciona mejor con lectores del mismo país, lectores que entiendan la necesidad de incluir el patriotismo americano en las fórmulas literarias. En ocasiones, leer uno de estos libros es como ver una película del sueño americano o una de esas películas de acción, donde los patriotas resuelven los problemas del mundo. Superando esa parte, Samuel L. Clemens es un gran cuentista y he descubierto en él, el inicio de muchos otros escritores (de fantasía, de ciencia ficción, de humor y sátira, de ensayo y de crónica, de voz y voces, de lo que quieran). Tenía tiempo que no había leído a un escritor tan versátil como él. Hablo como si nunca lo hubiera leído cuando no es del todo cierto. No lo leí con la atención requerida. A mis seis años traté de leer el príncipe y el mendigo. Habré leído dos o tres capítulos antes de...

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Novela ochenta y tres, escrita por Alberto Chimal.

En estos últimos días que Alberto Chimal está entusiasmado con twitter como “laboratorio de creación”, regala a través de su blog un libro titulado “83 novelas“. Recomiendo la lectura de las entrevistas que le han hecho con respecto a twitter como un medio de creación en El Economista y El Nuevo Mexicano. Pueden descargar su libro digital directamente desde su blog. También venderá 150 copias de la obra en papel, para aquellas personas que aman el olor a árbol muerto, procesado, reciclado e impreso. (Es un olor delicioso. No lo niego.) Estas 83 novelas son un proyecto aparte de los otros que, si todo sale bien, aparecerán en meses por venir o a más tardar en 2012. Y no son novelas, en efecto, en el sentido convencional del término. Ninguna mide más que unos pocos renglones…, pero esto significa que se atienen al significado original de la palabra, que proviene del italiano de hace muchos siglos: novella era una nota pequeña, una noticita, un aviso breve. Esas mini-historias crecieron con el tiempo y por eso se ven ahora tan sólidas y gruesas, pero su origen es ese, diminuto y flaco.   Por supuesto, me sorprende un poco que este proceso y esta atención que se le ofrece a twitter como un medio de creación, esté aumentando su volumen en los medios y aún cuando me agrada la visión que ofrece Alberto...

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Novela de los 140 caracteres.

Un grupo de escritores: Alberto Chimal, Ruy Feben, Renato Guillén, Isaí Moreno y Antulio Sánchez, iniciaron un ciclo de literatura breve a 140 caracteres. El hashtag ofrece una rápida mirada a los resultados del ciclo. Pueden leer más información en el blog de vivir mexico: Llega la twitteratura: inicia el ciclo “140 caracteres” y Más allá del #140cc: entrevista con Alberto Chimal y Ruy Feben. En el cuaderno literario de Alberto Chimal pueden leer la invitación al ciclo. Todavía habrá más reuniones de este evento. Twitter y la microficción, ese género que se ha popularizado cada vez más y que sigue en crecimiento. ¿Por qué? Básicamente… entre más pequeña la historia, un lector tiene más posibilidades de completarla o de apropiarla para entender su propia experiencia. Cuando un lector se identifica con una historia esta adquiere efectividad y se crea un lazo íntimo entre el escritor y el lector, aún cuando son dos desconocidos. Por otra parte, si el ejercicio retó la imaginación del lector, probablemente querrá saber más y deseará encontrar una resolución en la historia. Limitar es facilitar la creación. Un límite tan sencillo como una cantidad de caracteres obliga a que la creación sea más prolífica y mejor cuidada. Prolífico es, por supuesto, aceptar irremediablemente que no todo funciona. Alberto Chimal lo menciona en la entrevista: Esta creación breve son semillas que pueden germinar en otra...

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