Categoría: Otros ejercicios.

Tan saltando sobre un profesor (azul rey).

La vidente le dijo que saltaría sobre un profesor azul rey e Iris se echó una tremenda carcajada. Ni siquiera tenía sentido. Te lo juro, dijo la vidente, tan saltando sobre él te veo que pareces una chamaquita con chamaquito nuevo. Ella se mordió los labios, ¿profesor? Si habían pasado tres años que no estudiaba, y no podía recordar a un profesor entre sus conocidos. ¿Y a qué te refieres con azul rey? –preguntó Iris. La vidente se encogió de hombros y, con el tono ya practicado de su oficio, respondió–. Yo sólo miro cosas y las cosas que miro no siempre parecen tener sentido, pero sí… lo tienen. Trescientos pesitos madre, por favor, ¿o te puedo ayudar en otra cosita? Trescientos pesos menos y media hora después, Iris no estaba tan segura que su carcajada valiera lo que pagó. Paseaba sola en la feria del pueblo. Las familias caminaban a su alrededor, preguntaban costos y pedían chicharrones con salsa valentina mientras ella, al diablo con la dieta, se comía a pedacitos pequeños un algodón de azúcar y paseaba lentamente. Un hombre parado sobre una tarima, su piel pintada de azul rey y vestido con un chaleco arabesco, un turbante y unos pantalones bombachos, exclamaba a gritos el acto del “Profesor Trozam” que podía curar cualquier malestar del mundo. Ni creas que te la dejaré así de fácil –pensó...

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De pronto, un alienígena de hule.

El chamaquito extendía sus brazos y hacía como si volara de avioncito a mi alrededor. Crucé mis piernas, descansé el mentón en la palma e hice cara de indiferente, pensando que eso no sólo me ayudaría a ignorarlo, también lo ayudaría a él ignorarme. Por favor, pensé, pretendamos que no existimos. Treinta y cinco vueltas después, el niño alzó sus manitas, su mirada tenía un brillo travieso y exclamó–. ¡De pronto soy un alienígena de hule! –Entrecerré los ojos. El niño me golpeó con su cuerpo una vez, dos veces, tres veces, mientras exclamaba a todo pulmón y entre risas–. ¡Ríndete terrícola, ríndete! ¡Ríndete! –golpe de hule– ¡Ríndete! –Otro golpe más. –De pronto, soy un marino espacial –le dije al niño y le metí una bofetada. Su madre todavía no me lo...

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Grifo perdido.

Tiré el churro cuando lo vi y no lo pisé porque no creí que estuviera ahí. El grifo estaba cavando un agujero con sus patas de león en el jardín de mi vecino. No sabía qué hacer. Estaba sorprendido porque jamás había visto un león, mucho menos un águila, y además combinados en una sola figura tan de cerca. Alcé mi churro, me fumé las tres y pensé que debía seguir mirando, por si alguna vez quería pintarlo o contárselo a alguien. Sus alas plegadas y cafés las mantenía con gracia contra su lomo y su tamaño, era menor que el de un caballo adulto. Que mamón, de pronto soy un experto en grifos. Creí que no se había percatado de mi presencia, cuando alzó su mirada y nuestros ojos se encontraron. Sus ojos de pájaro penetraron mi cuerpo, leyeron mi alma, alzó el pico y trinó haciendo eco en todo el vecindario. Los perros respondieron ladrando al sonido extraño. Escuché ventanas abrirse detrás de mí. Le ofrecí mi churro al grifo, pero este continuó haciendo su agujero. Tres minutos más tarde, llegó la policía, los bomberos y control de animales. Acordonaron la zona y un policía joven me pidió que diera unos pasos atrás, pero no me quité de la primera fila. Los vecinos chismosos miraban al grifo, le tomaban fotografías con sus teléfonos. El más listo se...

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INSPIRO, una aplicación divertida.

Bajé una aplicación llamada INSPIRO para ese dispositivo tan terrorífico (no puedo soltarlo… lo necesito incorporado quirúrgicamente a mi cuerpo) llamado iPad. La aplicación consiste en darte una serie de palabras al azar, para que después desarrolles con ellas lo que quieras. El azar es un buen método para la creación, de todo tipo y aunque no siempre el resultado es favorable, mantiene tu cabeza creando historias. Ya sea para el ocio, para el entretenimiento o para dedicarse a golpear el teclado, esta es una herramienta que puede ser útil. En mi caso, el azar ha funcionado para mantener...

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Hay y ahí. (Ay).

Alguna vez lo intenté con el punto después de las exclamaciones y las preguntas. Eso, insisto, no se hace. Esta vez trataré de hacerlo con hay y ahí. Porque hay una diferencia y ahí pueden verla, en una sola oración. Hay, viene de haber. Si hay fútbol, el fútbol es habido. Si hoy toca, hay felicidad. Si mañana trabajas, hay lana. ¿Dónde esta la otra palabra? Perdón pero, estas quesadillas no sólo son de queso. Si hay fútbol, es ahí, en el estadio. ¿Pueden notar como ahí nos indica un lugar? Si hay felicidad, debe estar ahí, en esa cama. Si mañana trabajas, hay lana (bien habida lana), y te la pagarán ahí, en tu chamba. Se me olvidó agregar esa otra expresión de dolor (o sorpresa) y que causa mucho dolor cuando la leo y no saben que están reemplazando las dos anteriores: Ay. ¿Pueden entrar en los ejemplos? Claro que sí, acércate, te lo pienso enseñar sólo porque no puedo dormir y todavía no se me acaban los cigarros. Si hay fútbol, el fútbol es habido, ahí en el estadio, ¡Ay, el pinche delantero no metió el puto gol! Si hoy toca, hay felicidad, ahí en el hotel… pero ¡ay! ¡Serás pendejo si olvidas el condón! Si mañana trabajas, hay lana, ahí en la chamba, ¡ay! ¿y si no pagan lo suficiente? Aguanta vara y no le...

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Aquí no es el cielo

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