Categoría: Cuentos

Primavera

Publicado originalmente en La Jornada Aguascalientes. «¿Podría ser un simple insecto cuando la música le producía tal efecto?» Kafka Mira el cartel: “El mejor regalo que puedes dar en esta primavera es la vida”. Después presta atención a las fotos, dedica un rato al contorno de los ojos, de las fosas nasales, de las sonrisas. Pero uno de ellos es sincero. Uno de ellos mira a la cámara, desafiante, expectante. ¿Por qué no lo quitaron de ahí? Se levanta. Camina para ver el cartel más de cerca cuando suena el teléfono. Georgina otra vez. Sigue chingando. ¿Por qué sigue...

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Un nudo 

Recuerdo cuando era fácil, cuando no daba vueltas y no había preparación ni investigación. Simplemente cedía al misterio y bajaba los escalones de dos en dos con las luces apagadas porque no existía el abismo, sólo la [su_tooltip content=”he regresado, una vez más, al relato de la oscuridad, los niños y el elefante”][su_highlight background=”#99c9ff”]exploración[/su_highlight][/su_tooltip] (la explotación, corrigió el diminuto señor del autocorrector que vive en el teléfono y sonrío; explotar la cabeza y la intuición). Cuando era fácil tu sombra ya estaba conmigo. Un gato que acaricia la rodilla de un hombre distraído. Un gato que observa indiferente la...

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Ladrón de servilletas

El domingo me robé unas servilletas. No piensen mal, de verdad fue un robo. Así fue porque en vez de tomar una, como lo haría cualquier persona prudente, para envolver mi vaso de café, me llevé una docena. Me sentí culpable. Nunca tomo tantas. Nunca tomo. Nunca. Ya estaba en las escaleras eléctricas. Me dio vergüenza regresárselas a algún barista. Lo imaginé, a todo detalle, pero no lo hice. Decidí ser un criminal. Pero una vez, nomás una. Pensé que podría vivir con ello. Pero no podía. Necesitaba saber algo. Al día siguiente, en el mismo café, me llevé dos docenas. Miré a la barista a los ojos. Pensé que me detendría pero a ella no le importaba. Una servilleta tras otra, no dijo nada pero me miraba extrañada. Estaba a punto de llamar a alguien de seguridad. Preguntó si quería algo más. Yo hice una cara de espanto. Huí. Ya tenía treinta servilletas. No sabía qué hacer con ellas pero me lamentaba. Sí, me lamentaba. Siempre fui un tipo sensato, un tipo consciente. Nunca tomé una servilleta que no necesitara, es más, a veces prefería limpiarme en mis pantalones que llevarme un trozo de papel. Usar una servilleta, para mí, es peor que un sacrilegio. Usar una servilleta es celebrar un pedazo muerto del mundo. Cuando yo no tomaba una servilleta, creía que hacía del mundo un lugar...

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Lotófago

AP. AM. N. Why are we weigh’d upon with heaviness, And utterly consumed with sharp distress, While all things else have rest from weariness? All things have rest: why should we toil alone (…) Alfred Tennyson. La vida se ha vuelto más interesante. Echado frente al palacio donde solía vivir, paso mis días revolcándome en la tierra para tratar de quitarme el olor a sal que se ha impregnado en mi piel, a falta de cuidados, a falta de caza. Ya no me extraña, ni me preocupa, que se aparezcan las Parcas. Las hermanas me observan, calladas, jugando con...

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Alaridos de mediodía.

Me asomé por la ventana y el montón de tierra que escondía el cuerpo, mostraba las primeras señales de vida cuando unas flores moradas y silvestres, se hicieron paso entre los surcos de tierra. Prendí un cigarrillo y dediqué varios minutos a observar el cuerpo oculto, bajo la tierra, como debía ser. Unos niños jugaban en la calle, pateaban el balón y de vez en cuando, este pasaba por el montón de tierra y salía disparado contra mis paredes. La primera vez que lo hicieron me miraron con una mezcla de susto y desafío. Les sonreí de regreso y manoteé para invitarlos a recoger su balón. El cigarrillo hizo una estela de humo. Entraron al jardín por mi pelota. Pisaron el cuerpo. No lo escuches, me dije. Esa noche me encargué de todo. Hice pedazos el cuerpo, lo bañé en ácido, limpié la sangre en la habitación, compré boletos a ningún lugar usando su tarjeta de crédito, hice una lista de todos los detalles, todos los ángulos posibles. Jamás me había dedicado tanto a un trabajo. Pero los alaridos… siguen ahí. Su familia ya no me hablaba por teléfono para preguntarme si ella se había comunicado conmigo. Se fue, les dije, se fue para ya no regresar. Entonces tuve la suerte del culpable–. Si quieres venir en Navidad, eres bienvenido. Probablemente nos veamos todos en Navidad. Ella regresará –Me...

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Los nublados

En algún lugar, en todo el mundo, existe un grupo de gente que se llaman así mismo “los nublados”. Ellos nunca dan su nombre, porque su nombre protege toda su existencia. Por supuesto, los padres conocen los nombres de sus hijos, y los abuelos conocen el de los padres, pero no el de los nietos. El nombre es lo más importante para ellos, porque si alguien lo pronuncia mal o lo retuerce, pueden morir. Tienen clases para ello. Les enseñan las letras y cómo juntas forman los sonidos. Durante horas practican pronunciaciones de nombres falsos. También practican entonaciones. Unos,...

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El hombre asorto

Asorto, así le llamo a mi condición, sin embargo ahora que le inventé un nombre no me siento peor, ni mejor, que antes. Hay nombres para todo tipo de condición: personas buenas y malas, inteligentes y estúpidas, bellas y horribles. A mí me interesan los extremos: suertudo y ave de mal agüero, buena estrella y desafortunado, porque son el tipo de persona que suelen decir-: “En la rueda de la fortuna… a veces se está arriba, a veces se está abajo”. Yo estoy en el centro de la cuerda. Soy el fiel, el tipo que siempre tendrá cinco, ni...

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Los ladrillos de la iglesia

Me descubrí robando los ladrillos de una iglesia en la madrugada. Sí, me imaginaba que era de madrugada por el frío, pero no podía asegurarlo. El frío me despertó y unos perros que ladraban a lo lejos. En mis caminatas había visto esos ladrillos en diversas ocasiones, abandonados, desaprovechados, tristes… moribundos. Pensaba que alguien debía darles un propósito cada que los miraba lamentables y grises. Cuando regresé a casa, ya tenía la mitad de una cerca para cerrar el jardín. Me reí. Estaba auto emparedándome. Para no traicionarme, fui por otro ladrillo y usando la mezcla de cemento lo...

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El hombre que se comía la tierra

Un cuento a 35 twits. Este cuento lo escribí hace dos noches, a través de mi twitter. Esta numerado como una lista para ese efecto e incluyo una liga en la primera palabra que los lleva al tuit correspondiente. Perdí varios seguidores esa noche, pero me sentí bien. Esta noche quisiera contarles algo breve. Me asomé por la ventana y un hombre estaba comiendo la tierra de mi jardín. Vestía de traje y sólo pude mirarlo de espaldas. En el momento que lo vi por la ventana, tenía un café en la mano y un cigarrillo a medias. Lo...

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Culo de gato

Esta noche pensaba en “Culo de Gato”. Así le llamo a uno de los primeros personajes que me encontré en internet hace ya varios años. No tengo la foto a la mano, y la verdad, no fue un descuido el perderla… Quise alejarme lo más posible de ese recuerdo. La foto no es tan turbia, no es un 2girls1cup, tampoco es un goatsee. Hablo de los primeros años del internet, y me parece que “Culo de gato” fue uno de sus primeros valientes. Recuerden que valentía no siempre es un sinónimo de genialidad o trascendencia. “Culo de Gato” era...

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