Categoría: La fotografía me dijo algo

Simetría aparente

Justo eso pensé cuando miré la foto: “Cuánta simetría aparente y engañosa hay en el mundo.” Desde que algún estudio dijo hace unos años que los rostros más simétricos son los bellos, buscamos simetría en todas las cosas… una perfección suficiente para lo que pueden percibir nuestros ojos. Denzel Washington y Angelina Jolie, en aquel entonces, poseían los rostros más simétricos según populares estudios. Entonces vemos con atención la simetría de la pintura, de los mosaicos, de los cuadros. Encontramos esos rasgos duales que funcionan a una simetría no tan ortodoxa, una simetría más bien personal: Los textos que...

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Apenas existen.

Apenas existen las hojas, los árboles, los vientos, los caminos. Apenas existimos, pienso, porque mi cabeza está nublada por tantos buenos días, por tantos ocupados días y cotidianos días, por la rutina de los paseos, de las caminatas, las pequeñas quejas de lo cotidiano, lo mundano y lo banal. En otra parte, en otro camino interno, todos los días es de noche y puedo verme sonriendo, y corriendo entre la sombra de los árboles, entre nubes oscuras y caminos vencidos. Puedo ver que mi sombra está esperando. Ni caso tiene preguntarle qué, porque le doy un pedazo de pan, compartimos juntos un cigarrillo (metafísico) y le explico que se calme, porque no estamos esperando nada. Mi sombra me insiste–. Claro, claro, claro que estamos esperando y vamos a seguir esperando. Habremos de encontrarlo aunque tengamos que intercambiar lugares –Hago una mueca, tal vez no sea tan malo. Que la sombra piense por mí en lo que yo, bueno, me duermo bajo un árbol oscuro y sueño como si nada pasara.  ...

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Vacaciones de lluvia y de paseos largos.

Mi hermano vino de vacaciones a Cholula y gracias a ello, he ignorado una buena parte del trabajo y de mis textos inconclusos. Al menos lo he convencido de que nos acompañe a caminar algunos días (a mí, a Sol, a Nico, o a Killer, o quien esté en la puerta listo para caminar el mismo cuadro de siempre). En Colima dejó una vida que conozco sólo por pedazos. Sé que él tenía dos perros grandes que lo acompañaban todos sus días. Se nota como los extraña cuando juega con Nico, cuando la tortura y la persigue, y ella responde saltando encima de él, y empujando con sus patas de boxeador justo en el tiro del pantalón para hacerlo saltar de dolor. Sabía que le agradaría encontrarse con un perro grande e inquieto como este, que sería una buena memoria para sus vacaciones. Mi hermano ya creció… ya tiene veinte años y yo, ya no cuento en este blog nuestras aventuras por cocinar juntos alguno de esos platillos sencillos pero memorables, ya no platico como me acompaña a trabajar a la oficina para que no se quede solo, de las peleas incesantes con nuestra madre, de los líos juveniles de mujeres y esa eterna búsqueda por saber como agradarles, ya no estamos a nueve horas de diferencia para que me cuente los temblores y del calor de Colima. Su...

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Camino de oscuridad y de sombras, de luz y sombra inversa.

Caminar siempre ha sido importante en mi rutina y pienso que, de alguna forma, es como pulir una piedra en el río. Mientras estoy caminando, el suelo a mis pies y los vientos ocasionales, mis pensamientos se tallan y adquieren una forma mejor pulida. Cuando era niño, y la abuela me llevaba a largas caminatas, ella en silencio me señalaba cosas para mirarlas: En el metro, en el camino al mercado, en el centro o en el mercado de la merced. También hablábamos pero eran esos detalles, esas pequeñas señales que me apuntaban a descubrir algo, las que me enseñaron que las caminatas son pensamiento y observación, las que son descubrimientos y conclusión. Caminar para llegar a las respuestas. Escribir funciona en un conjunto como estos, así cuando estoy moviendo las piernas es como si estuviera escribiendo líneas o escenarios de un cuento, o una historia que dejé atrás. Es un proceso muy efectivo. Sin embargo, las esperas… mi abuela no me enseñó qué hacer con las esperas, con esos lugares donde tienes que estar de pie, mirando, hasta que te lo acabas todo y tienes que seguir esperando. Odio los “Parisina” por ejemplo, porque mi abuela y mi madre pasaban horas escogiendo telas, mientras que me dejaban a mirar el techo o tontear con mis propias manos. Nada de comprarse una bebida para provocar una desgracia o alentar...

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Chipilo $6.00

En Chipilo, me han dicho, se hacen los mejores quesos y otros productos lácteos de la nación. En México puedes ir a un súper-mercado y descubrir que algún chistoso, utiliza el nombre del lugar para su fábrica, cuando en realidad Chipilo está lleno de pequeños productores y todos procuran entregar productos de calidad. En general, sé que si el queso viene de Chipilo, será un buen queso. Estará hecho de bastante leche y no tendrá un sabor a plástico, medio sintético, como los quesos de marca. Mientras caminaba, descubrí que alguien había tirado todos los boletos a Chipilo. Un boleto tras otro, en dos kilómetros de caminata. Como si alguien hubiera asaltado a un autobús y le hubiera robado todos los boletos para que nadie pudiera llegar ahí. Entonces me puse a pensar si últimamente había escuchado de Chipilo, si alguien había logrado llegar a ese lugar después de que los boletos, ya rotos, ya usados, ya perdidos en las calles, dejaron de existir para los viajeros. Empecé a preocuparme. Recogí cada uno de los boletos sin saber exactamente por qué y recordé que todavía tenía dos bolas de queso de hebra de Chipilo. Me duraría un mes, un mes y medio, pensé, y cuando se terminara y Chipilo todavía no existiera, podría comprar queso de otro tipo. Queso manchego, por ejemplo, o queso gouda, queso a granel en...

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Doblez de luz y agua.

La realidad, pensé el otro día, es una combinación de capas: Atrás tenemos la sombra de unos árboles y de unos cables, es el mundo físico, el mundo sólido, el mundo que se sostiene por las leyes científicas, universales, quién sabe cuántas leyes más; viene la capa de unas gotas de agua, las cuales, dibujan círculos aparentes sobre lo ya existente y lo hacen borroso, tan borroso como los ojos que envejecen, o que lloran, o que fallan desde que naces… Ojos que ven distinto a los ojos de otros hombres sin tomar en cuenta, por supuesto, el contexto de cada uno; hay una capa de vidrio que tiene dos colores, ligeramente oscuro hacia arriba para que el sol no entre con toda su fuerza y además, retira toda la posibilidad de sentir el viento, de que las gotas golpeen la piel propia que es nuestra envoltura para caminar en este mundo y cambien su destino; al final, tenemos un borde que encierra todo esto en una fotografía y esta fotografía, sólo puede ser una memoria. Una memoria de algo que sucedió y las memorias como están en nuestra cabeza, y dependen del conjunto, de cómo deseamos ver la realidad y de cómo manipulamos nuestros recuerdos al antojo, ¿cómo se sabe que es real? Un pintor despierta y decide comprar un lienzo. Primero, con un poco de grafito, marca...

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Jardín secreto.

+ A esta foto, en instagram, la llamé “El jardín secreto”. Atravesando la puerta negra e ignorando el letrero que reza “Desarrollo Deportivo” (y esa lista de actividades), podríamos descubrir un lugar maravilloso. Un bosque vasto, de robles y uno que otro ciprés. ¿O mejor unas caucheras de hojas tan grandes como la mano de un gigante? Luego del bosque, podemos considerar las actividades del Desarrollo Deportivo: Un pigmeo que enseña Tae Kwan Do y que es, pues, el pigmeo más fuerte del mundo; un homosexual escandaloso de San Francisco, con amplio maquillaje y rodilleras, que enseñe de tolerancia y aerobics; una marciana de seis tetas que, tras vigilar mucho tiempo a la raza humana, aprendió todos los bailes del mundo pero su especialidad y preferencia, siempre será el hawaiano; Un elfo oscuro que, tras leer un libro de páginas amarillas, adquirió la disciplina mágica del yoga y el yazz, las cuales se creía imposible combinar; Al final… una mujer de madera al que dos hadas le dieron vida y que enseña ballet a las personas menores de veintinueve años (y si acaso, alguien más grande lo pidiera, la mujer no se activaría. Se quedaría tan quieta como una muñeca.) Les dije que era un lugar maravilloso. Hablando de lugares maravillosos, sueño con tener mi propia oficina (lejos de aquí, una oficina a la que se tenga que ir...

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Canción que, si no mal recuerdo, se llama “My body is a cage”.

El inicio de esa canción es suavecito, un momento que va subiendo en intensidad. Además, se oye bien bonito: “Mi cuerpo es una jaula”. El cuerpo es una carencia, algo que encierra o contiene los sentidos… ¿el alma? ¿los sentimientos? ¿Me veo limitado por la gracia de tener piernas, ojos, una nariz y dos cojones? “Libera mi espíritu”, dice la canción. Lo que me recuerda que alguna vez, sí, alguna vez, no sé a qué edad, espero que haya sido uno de esos momentos infantes o prepúberes, tal vez púber… participé en una discusión importantísima que trataba de explicar, una vez por todas, cual era la diferencia entre el alma y el espíritu. No me pregunten… porque seguramente escupiré los resultados de tal discusión, cuando la verdad es muy sencilla–. Al final podría decirse que son la misma cosa. La restricción de los sentidos, el cuerpo como una jaula, empieza con pequeñas negaciones de placeres, de vicios, de comida o necesidades. El cuerpo es la jaula que vemos, pero los barrotes los pone nuestra cabeza. No digo que esté mal, o que esté bien. Tampoco propongo que deberíamos abrir nuestra mente para encontrar el séptimo sentido, ni sentir el flujo del cosmos que pasa a través de nuestros siete puntos. Sólo mantener la posibilidad a flote de que nuestra mente limita y moldea la forma de nuestro cuerpo, y que...

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Aburrimiento del Cristo que se agarra a los muros.

Este Cristo me observa desde una de las paredes de mi habitación y protege, como un amuleto, el espacio metafísico de mis sueños. Me preocupa un poco. Debe aburrirse mucho durante los días en que no protege y no observa. Mala cosa que le hayan clavado los pies y las manos como a su contraparte histórica y que ahora deba esperar, quién sabe a qué, tal vez a la noche, tal vez a un gato de Schröedinger, tal vez el temblor que abrirá las tierras pero no se comerá a nadie. Cristo ya manchó las paredes con su sombra cuando el sol –el cual no tiene la memoria de los dioses– a través de la ventana, inclemente, acalora sus pliegues metálicos. Soy agnóstico y en cierto modo, mi madre también lo es. Cuando me regaló el crucifijo lo hizo pensando en su belleza y en la posible tranquilidad que le ofrecería al otro pedazo de mi familia, la católica. Cristo, su muerte por la muerte de todos nosotros, el sacrificio máximo según el hombre, también es belleza. Al despertar, pienso en mi madre y luego pienso en mi agnosticismo. Observo al Cristo de metal, me acerco a su rostro buscándole señas de alguna expresión y frente a él, me doy el lujo de preguntarme si existirá o no. Cristo no responde, simplemente está ahí, soportando su peso gracias a...

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Hambre de luz y de humo.

  He tenido poco trabajo y el trabajo que hay, se hace en automático. En las mañanas los perros y yo salimos a pasear una de tres rutas de veinte minutos a media hora. Hemos tenido tiempo de aprender como es nuestro vecindario por las mañanas y reconocer a otros perros. Cuando llegamos a casa, hago una hora de ejercicio. Hay rutinas que requieren que esté en el piso, como las lagartijas o los puentes, y entonces Nico se me sube al estómago y triplica la dificultad. Me escucho respirando como un fumador mientras el basset me empuja el vientre, me lame la barbilla o el rostro, y jadeando, le ruego que se baje. Según el monitoreo, estos últimos cuatro días he bajado 400 gramos diarios, lo cual me sorprende. Me anima a continuarlo, pero también, espero con recelo ese momento del peso estable. Era hora de hacerlo. Hoy se cumple un mes, un día, desde que dejé de fumar. La otra vez estuve platicando con un amigo del abandono del cigarrillo y él me comentó una certeza–. Todo mundo comentará algo al oler su cigarrillo: Su esposa, sus amigos a los que le molesta o los que amonestan su salud. Nadie dirá nada cuando lo deje. Nadie se dará cuenta. Nadie le celebrará que no prenda el cigarrillo. Tal vez se den tinta algún día pero no cuente...

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