Categoría: Diario de Simón Dor

Día 76

Querido diario: Me levanté temprano para iniciar las lecciones de pelea que me pidió el Árbol. Si, Diario, me siento estúpido enseñándole al Árbol Tsef a pelear, pero él insistió y yo accedí. Nunca rompo una promesa, por más estúpida que sea. Salí de mi habitación y lo encontré con los ojos cerrados, con la cara al frente. Se veía tan solemne en esa posición, que nadie hubiera querido interrumpirle, aún en sueños vislumbrando el futuro, meciéndose suavemente con la brisa contaminada, olvidando que existe y convirtiéndose en un símbolo importante en el viaje. En fin, lo desperté con una patada en el tronco. Cuando le dí la patada, noté que varias hojas secas y frutos maduros cayeron. El árbol entre-abrió los ojos y bostezó, sus ramas reverdecieron como si nunca hubiese estado marchitando. Cerró los labios y los ojos de dolor, después se dedicó a recoger los frutos y las hojas caídas para limpiar la proa y se los comió. —Bien, señor Árbol Tsef. Usted tiene una ventaja y es la resistencia de su corteza. El Árbol Tsef sonrió. —Lo sé. —Pero uno de los principios más importantes de Sensei Gorostiza, el cuál me enseño judo, kenpo, aikido, entre otras maravillas… es siempre aprovechar la fortaleza del otro. Todo es cuestión de energías, es lo único que necesitas saber. Ya después encontrarás tu centro gravitacional, el que te...

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Anciana ciega II

Mi nombre es Yasmín, mejor conocida como la Tía Yemita, mucho gusto. ¿Usted quién es? ¿Josué dice? Ya veo, ya veo. ¿En qué le puede ayudar esta humilde adivina, señor Josué? Le escucho atenta y siempre gustosa de servirle. Su voz se me hace familiar y algunos ademanes también. No pregunte como lo sé, los ciegos vemos mucho más de lo que aparentamos. Sobre todo, aquellos que han vivido tanto como yo. Muchos de nosotros dependemos del olfato —y usted, apesta a nicotina—, otros tantos dependemos del habla —y su voz, guarda un rencor milenario—, el tacto y el gusto, sólo me ayudan a elegir los ingredientes para las pócimas que se dicen son de los antiguos. Pero yo poseo otro sentido, como ya habrá adivinado señor Josué, otro sentido que me es tan fino y me deja mirar todo, como un aura que extiende finos cabellos a través de la realidad. Es el sentido del Alma. Y ese sentido me dice, que usted no vino a preguntarme acerca de su futuro. Tiene otra pregunta enterrada en su corazón… ¿será por aquel cuaderno que está apretando entre sus manos? ¿es legado de un familiar, señor Josué? No me tenga miedo, aunque es lo que menos tiene… usted también está acostumbrado a andar entre los infiernos, que aunque son diferentes a los de aquel hombre que conocí hace muchísimo tiempo,...

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Árbol II

—¿Qué es el tequila, Simón? ¿Por qué siempre lo bebes y terminas con ese aliento? —A diferencia del aliento, mi querido Árbol Tsef, queda siempre un calor en el corazón incomparable. Deberías probarlo sin temores, sin reservas. ¿Gustas qué eche un poco en tus ramas? —Muy bien, sólo un poco y por favor, para intercambiar, tendré que regalarte una fruta. La que más quieras. —No, no, no, mi querido Árbol. Eso no será necesario. Al tequila hay que tenerle respeto… si se le combina con fructuosa, el resultado podría ser desastroso, ahora venga esa rama, que unas gotas bastarán. Árbol Tsef extendió la rama y recibió gotas de tequila directamente de la botella de Simón Dor. Ambos esperaron. —No sucede nada. —Eso si que es extraño. Bah, no volveré a desperdiciar una sola gota de tequila contigo. No me quedan muchas botellas para que un árbol impotente a la ebriedad lo desperdicie en mera curiosidad. —Espera… —¿Qué? —Mi cuerpo es un poco pesado y grande, Simón. Intenta en mis raíces. —Se me hace que eres un árbol demasiado listo y buscas emborracharte abusando de la compasión y camaradería de un viejo anciano como yo. Simón Dor, obviamente, hizo una mueca de burla. El árbol alzó una ceja extrañado. —Bah, será interesante ver si sucede algo —dijo Simón, echó el resto de la botella (más de tres cuartos de litro),...

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Anciana ciega I

Simón Dor no prestó atención al súcubo (de nombre Mama Esirasaft) que se había instalado en su barco, le dejó ser… le intrigaba más la isla tan pequeña donde solo cabía una palmera y una choza en ella. El modesto espacio que podía considerarse playa apenas alcanzaba para una silla mecedora donde una vieja gorda y morena, con los ojos cerrados, estaba sentada y meciéndose suavemente a pesar de los gritos de la mecedora, que pedían descanso. Gritos acostumbrados, juzgó Simón. Gritos ya cansados de gritar. Mojalnir se acercó muy despacio a la isla y Simón miró asombrado, como las nubes grises daban paso a la luz de luna iluminando tenuemente el rostro de piedra de aquella anciana de ojos cerrados. ¡Las nubes se abrían exclusivemente para ella! ¡La luna, incluso, mostraba un cuarto de su rostro para iluminarle! —No puede ser… —susurró Simón—, es ella. Después de tanto tiempo. Es ella. Igual de cansada, con la piel hecha piedra como era en mi juventud. Con esa misma voz con la que me hablaba en sueños, cuando aquel entonces… en Jaramillo. La vieja se mecía y Simón podía escuchar sus palabras que eran llevadas por el viento—: Todo tiene un inicio y un fin. Es un gran círculo, donde extremos se juntan y no importa que extremos sean, porque será el fin y el inicio hecho uno sólo y...

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Día 66

Arbol de los mil nombres: Tamal, taco, tortilla… Niño mago: ¿Acaso tienes hambre? Arbol de los mil nombres: ¿Se nota? El niño rió. Arbol de los mil nombres: Mira, allá… es otro barco. Niño mago: Si, son más piratas. Arbol de los mil nombres: ¿Crees qué debamos avisarle a Simón? Niño mago: No lo sé. Los he visto por la ventana, son piratas… ¡Declaramos éste barco nuestra propiedad! No tomaremos prisioneros, ahora mismo el viejo debe estar bailando con la muerte y serán estas las últimas palabras de su diario que ha de perderse en el mar! Querido Diario:...

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Día 56

Querido Diario: ¡PAZ! ¡PAZ! Screeeech Screeeech ¡Zahum! ¡Zahum! ¿Dónde estás Simón? ¡PAZ! ¡PAZ! Screeeech Screeeech ¡Zahum! ¡Zahum! ¿Dónde estás Simón? ¡PAZ! ¡PAZ! Screeeech Screeeech ¡Zahum! ¡Zahum! ¿Dónde estás Simón? Así suena el barco, en las noches… específicamente el cuarto de máquinas. ¡PAZ! ¡PAZ! Screeeech Screeeech ¡Zahum! ¡Zahum! ¿Dónde estás Simón? El fantasma de Beatriz insiste en que baje a mirarle, a visitarle, a dejarme perder en su falsa esperanza. Se ha metido de polizón en mi barco, Mojalnir, en mi viaje en éste mar oscuro de Yenén. Así suenan sus suplicas mezcladas con el ruido de las máquinas que hacen andar este pobre barco. ¡PAZ! ¡PAZ! Screeeech Screeeech ¡Zahum! ¡Zahum! ¿Dónde estás Simón? ¿Me pregunto quién más estará aquí adentro de polizón? Nada, ni nadie, puede ser peor que el recuerdo de Beatriz… que es tan intenso, que en las noches me despierta sudando frío o con la tristeza nostálgica de no poder mirar la luna prisionera de las nubes malditas allá, allá en el cielo. ¡PAZ! ¡PAZ! Screeeech Screeeech ¡Zahum! ¡Zahum! ¿Dónde estás Simón? ¡PAZ! ¡PAZ! Screeeech Screeeech ¡Zahum! ¡Zahum! ¿Dónde estás Simón? ¿Qué donde estoy? Por supuesto que aquí, en mi habitación, con la luz de una vela que nunca ha de extinguirse. Estoy escribiendo mi diario, en la mesita se encuentran mi cenicero, mis cigarros y mi botella de tequila a medio consumir. ¿Así se habrá...

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El pasillo

Hay días en los que voy caminando y todo se transforma en un pasillo, la vida real se hace tinieblas y solo quedan sus muros paralelos, encerrándome estrechamente a seguir esa luz. Para contrarrestar el efecto, trato de manejar mi mente lo mejor posible para crear imágenes flotantes dentro del pasillo… imágenes flotantes de historias jamás contadas y que algún día puede que escriba u olvide para siempre. Después de un rato… todo regresa a la normalidad, la gente me mira como un bicho raro porque seguramente dije o grité cosas mientras estuve en el pasillo… todo es culpa del niño que transformó su cuaderno en mariposas, él me ha dado el don de soñar y ahora ya no puedo controlarlo. Una vez me desperté con el cuello de una niña entre mis manos… me fue difícil pedirle disculpas a su madre. En las imágenes del pasillo, una vez me inventé una orgia sin gran dificultad, las vírgenes me estaban mirando con una sonrisa coqueta en los labios, jugando con sus senos y sus cuerpos y sus gemidos que levantaron mis sentidos y… otra cosa. La luz del pasillo me gritaba: “¡Simón! ¡Simón! ¡No me olvides Simón!”. Las imágenes empezaron a hacerse difusas y sentía el sudor deslizarse, caliente en mi entrepierna. Miré hacia la luz y fue cuando recordé que nunca había intentado caminar hacia ella… se forjó...

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Día 46

Ayer soñé con mi primer muerto. Un sueño espantoso. Estábamos ella y yo, en una cena con un tipo importante y empezamos a platicar de cosas, como solíamos platicar en el mundo real. Su cabello estaba completamente canoso y sus ojos algo grises, pero los gestos eran absolutamente los mismo, ya que es difícil olvidar las personas que son amadas. Y entonces, recuerdo que hizo gestos faciales muy explícitos y dijo casi en silencio: “Me voy a morir”. Y yo, llorando como un niño, le miré de vuelta y pregunté angustiado: “¿Cuándo?”. Ella nada más me volvió a decir: “Me voy a morir”. Le abracé muy fuerte y le dije al oído: “Por favor me avisas...

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Día 43

Cómo el tiempo que es extraño… hay días en que me pregunto si fueron años desde el ayer. Me guío poco por el calendario, ya que en lo que menos confío es el registro dentro de mi memoria de los días que han sucedido desde aquel evento donde te acuerdas que tú y yo… A veces tengo problemas con los años, a veces con los meses, a veces con los días y entre más intento indagar en ellos, se me van los detalles de la hora y los minutos, peor aún, si era de día o de noche, que suceso pasó antes o después que nos llevó a ello. Es por eso que soy tan querido con algunas fechas y les pongo nombre… y me aferro como idiota al nombre que justo les puse, ya que si se me llega a olvidar tantito, entonces volveré a lo mismo de la indagación. Asqueroso miedo de perder el pasado. Yo recuerdo muy poco de cuando era niño, por eso me gusta pensar que nací con conciencia a los cuatro años y fue un día que me levanté y me di cuenta que estaba semi-desnudo y vestía unos calzones blancos, en un balcón de algún departamento en el rincón olvidado de Dios y alguna vez inventado por el hombre. En ese rincón había luz de día y yo con mi plena conciencia...

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Día 33 y 34

Día 33 ¿Qué día es? Mi querido Diario, ha sido el abandono imperdonable, pero tú sabías a lo que te arriesgabas cuando me conociste y me entregaste tus páginas blancas. He andado por pasillos oscuros y de cansancio, no he tenido oportunidad de escapar de este calabozo enredado de muros colosales y puertas de caoba. Atravesando espacios que no me pertenecen, encontrando vírgenes y putas mirando con temor si yo soy el que está dispuesto a corresponder la abertura de sus piernas, saltando como un delirio féliz entre bosques de telarañas y caca de ratón (ratones que no son...

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