Categoría: En mi cámara.

Mañana gris y mil ramas distintas.

No es nada. Una mañana gris como cualquier otra, como si diciembre hubiera prestado uno de sus días para estos cálidos –infernales más bien– días de verano. En vez de tomar café, estoy tomando paracetamol en polvo, esperando que su poder científico alivie mi dolor de garganta y ¿por qué no? también que cure milagrosamente un ojo rojo que tengo desde hace unos días. Mi mujer, la bromista, pregunta cada vez que me quejo por las lágrimas y por el escozor si quiero un parche. Sonrío y le digo que sí. Es hora de cumplir esa fantasía de que soy un pirata, de que soy Catalina Creel o Sergio Goyri como cuando la hizo de villano de Televisa. Un parche es un gran símbolo de misterio y es un signo distintivo tan evidente, y tan violento, que no lo puedes pasar fácilmente por alto. Los curiosos, los imaginantes, le pueden dar todo tipo de interpretaciones al parche y se responden un sinfín de preguntas–: ¿Cómo perdió el ojo? ¿Por qué lo perdió? ¿Se arrepentirá? ¿Cuándo se mira al espejo, es un recordatorio triste o reafirma la persona que es? ¿Será un asesino, un pirata, un villano o simplemente un desgraciado, un desafortunado? ¿Y si es un engaño para conseguir comida, monedas o mujeres? Una opción, posiblemente, consistiría en usar un parche feliz. Un parche hecho de tela estampada con...

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Doblez de luz y agua.

La realidad, pensé el otro día, es una combinación de capas: Atrás tenemos la sombra de unos árboles y de unos cables, es el mundo físico, el mundo sólido, el mundo que se sostiene por las leyes científicas, universales, quién sabe cuántas leyes más; viene la capa de unas gotas de agua, las cuales, dibujan círculos aparentes sobre lo ya existente y lo hacen borroso, tan borroso como los ojos que envejecen, o que lloran, o que fallan desde que naces… Ojos que ven distinto a los ojos de otros hombres sin tomar en cuenta, por supuesto, el contexto de cada uno; hay una capa de vidrio que tiene dos colores, ligeramente oscuro hacia arriba para que el sol no entre con toda su fuerza y además, retira toda la posibilidad de sentir el viento, de que las gotas golpeen la piel propia que es nuestra envoltura para caminar en este mundo y cambien su destino; al final, tenemos un borde que encierra todo esto en una fotografía y esta fotografía, sólo puede ser una memoria. Una memoria de algo que sucedió y las memorias como están en nuestra cabeza, y dependen del conjunto, de cómo deseamos ver la realidad y de cómo manipulamos nuestros recuerdos al antojo, ¿cómo se sabe que es real? Un pintor despierta y decide comprar un lienzo. Primero, con un poco de grafito, marca...

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