Categoría: Te miro, te escucho

De Twitter: Haz listas.

Una de las ventajas de twitter, es que si eres obsesivo puedes hacer listas. No le veo otra utilidad. Bueno, sí… pero me gusta más que las listas sean el propósito de un hombre obsesivo, alguien que se la pasa catalogando. Alguien que quiere tener las cosas en perfecto orden. En mis ratos libres, he armado listas de personas con avatares en blanco y negro. Listas de personas que sus únicos tuits se refieren al buenos días y las buenas noches. Listas de gente que le toma fotos a su comida, desayuno o cena. Listas de usuarios que empiezan con a y cuyos nombres empiezan con b. El poder de las listas puede mantener una obsesión compulsión a una persona tan ocupada, como si estuviera jugando WoW para conseguir esa espada nivel 275 que siempre deseo… ¿qué? Las listas son una solución para las personas que no pueden conservar un número más frugal de personas a seguir (unas 150-250). No solo eso, también te ahorras las menciones que hacen a otros usuarios que no pertenecen a la lista. Muy útil si tienes contactos que platican en twitter y estás demasiado ocupado, o simplemente no te interesa seguir su conversación. La desventaja de las listas es que, cuando twitter se cae, lo primero que deja de actualizar son las listas. Es lo primero que se rompe. Hay días que se...

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Libreros (8).

Esta mañana sali a caminar y me compré uno de esos cafés jumbos de nescafé que cuestan diecisiete pesos. En el camino, pensaba en mi deseo por escribir un libro de cuentos. Pensé en algunos títulos y los anoté en el celular. Pensé en algunas frases, en algunos personajes, en algunos… El cuento siempre es una posibilidad, una realidad alterna. El librero (en su totalidad), contiene algunas de mis piezas de prosa preferidas. Novelas y cuentos que de vez en cuando saco de ahí y escojo una página al azar para releer. Este es el último librero que se encuentra en lo que llamo mi oficina. Estamos en el inicio del final de este viaje de libros que me propuse. Me gusta presumir lo poco que he leído, los pocos libros que tengo. Libros físicos, que no han sido sometidos a la digitalización. No me malinterpreten. También leo mucho en digital. Tengo tres aparatos que me sirven para leer cuando estoy aburrido, o solo. Los libros son como un videojuego para mi. Cada libro tiene su cantidad de vidas, requiere su habilidad. Cada libro leído sube tu barrita de experiencia y ganas atributos después de leer. La relectura es la perfección de la habilidad. Que curiosa, y rara manera de verlo. En fin, no retraso más el viaje… hagamos esto. Los libros aquí son: “El Jugador” (Dostoievski) –nota: No...

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Eterno y efímero.

El hombre sigue con la vista el péndulo que hace la mujer con sus piernas, ella distraída come un helado y él prende un cigarro. El humo penetra en el movimiento que hacen las piernas de la muchacha. El humo penetra. Poco esconde su vestido suelto. Está sentado en una banca, quizás esperando, porque otra cosa no sabe hacer. La mujer cruza las rodillas y las mueve, coquetamente, en un vaivén descuidado y eterno. El cigarrillo está roto, igual que el hombre. El helado se derrite, gotas caen sobre los dedos de la mujer. A ella no le importa ser una muchacha. El hombre piensa que es una mujer. Acerca su lengua y se lame el residuo. Él puede mirarla porque el sombrero hace sombra, el sol no lo ciega por completo. –El cigarro con el calor no me sabe –miente el hombre. Los dos están rotos y él sabe que por eso no sabe a nada. La muchacha se termina el helado y con su mano liberada, parte el cono de galleta en pedacitos. Se los mete a la boca. El hombre, otra vez, piensa en lo caliente que está la banca de metal. Me voy a consumir –piensa–. Ya debería irme. El cono de galleta se consume en las manos y la boca de la mujer. Los ojos viejos del hombre tornean los muslos de la muchacha....

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Clic, clic, clic.

¿Soy el único que escucha un cangrejo? Clic, clic, clic. Así suenan los controles cuando viciosos videojugadores, matan a sus rivales usando los poderes del chi para quemarlos. El clac, clac, clac, ha reemplazado el poder de los puños, la meditación, conjugar la energía de la naturaleza en un punto central para la acumulación y la liberación exitosa de un buen madrazo. También es el sonido de los nuevos gurús, mientras leen todo el internet a toda velocidad. Digo leer, porque ahora con los videos, el mundo se ha llenado de pendejos que ya no necesitan escribir y el mundo nos hace más pendejos porque asumen que tenemos el tiempo para observar los videos explicativos que dan instrucciones o nos venden las nuevas aplicaciones. El clec, clec, clec, de un hombre que fuma y escribe. Me gusta leer y escribir. Me gusta llegar a leer, no abrir un video de youtube que supuestamente me hará feliz a cambio de tres minutos de mi tiempo. Sólo en las noches, cuando todo termina, puedo entonces sentarme a decidir que quiero… ver o leer, ver o escribir, escuchar o tomar, fumar o esperar, erectar o eyacular. ¿Qué acabo de decir? Esos juegos horribles, juegos vulgares y poco discretos. Cluc, cluc, cluc, hacen las gallinas. Clac, clac, clac, las camas...

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¿Qué nadie piensa controlarme?

El control, esa palabra tan extraña, llena de significados, de manuales, de propuestas, de artificios secretos, de manipulación y engaño, de amenazas y todos los deseos. ¿Nadie piensa controlarme? La pregunta es curiosa, te lleva a pedir una especie de restricción. Necesitas ojos que te vigilen, manos que te sostengan, una correa que te jalen. ¿Cómo la quieres?, me pregunto e imagino un vendedor de correas caminando en las calles con un sombrero de copa, escondiéndolas bajo su gabán café. Casi como un hombre gris de Ende, pero más rastrero y con mucha picardía. Hay bañadas en oro, hay de mecate y otras tantas, hechas con hilos plateados entrelazados y muy finos, casi invisibles. Las otras correas, aquellas que por accidente te pusieron en el cuello y ni cuenta te diste. Compromisos secretos que mueven tu humor y las acciones que haces a regañadientes durante el día. Dicen por ahí, que la correa más valiosa es aquella que se regala entre dos personas. En un ritual secreto, en la madrugada después del amor, ciegos amantes se ofrecen el extremo de sus correas y ambos provocan el primer jalón, hasta casi asfixiarse, y sonríen después, y comen desnudos, y se alimentan de palabras y jadeos que se cortan. ¿Amor corrupto o íntimo? Nadie sabe, sólo los amantes. ¿Qué nadie piensa controlarme? La misma pregunta es el control. Es el dominio...

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El hombre que caminaba de lado.

En mis caminatas, me encontré a un hombre que caminaba ligeramente ladeado hacia su derecha. Le dolía una parte del vientre. Notaba a unos metros su cara de dolor y como quería acariciarse con el dorso de su mano, pero por el dolor la retiraba. Le costaba poner un pie delante de otro. Caminaba por una de esas calles cholultecas, escondidas y recuerdo que pensé–. Valió verga, si le explota la panza y le sale un alien, salgo corriendo. También pensé–. Valió verga, no tengo saldo en el celular y si se cae frente a mi, va a ser un pedo. Seguido de ello pensé–. Valió verga, ¿si lo ignoro, será posible que no le pase nada mientras cruzamos caminos y pueda regresar a casa tranquilamente el resto del camino? –Tantos valió verga en un espacio tan reducido de tiempo. ¡Qué visceral! Intenté ignorarlo, pero me fue imposible. Tan pronto estuvimos a unos pasos le pregunté–. ¿Se encuentra bien? –Sí, no se preocupe. Ya voy a llegar a mi casa –me respondió, muy tranquilo. Parpadeé varias veces. En el D.F. tal vez hubiera incluido un: “Valió verga, ahí viene un borracho drogadicto” y tal vez, habría tenido el valor para ignorarlo. Me quedé a su lado unos momentos y lo miré. Pregunté una vez más y el hombre empujó el aire con la mano. No quería compañía. Caminé un...

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Su disposición, dicen, endurece.

Tienes cara de hacerlo. Tienes ojos de hacerlo. ¿Por qué te escondes? Escondes la boca porque sabes que si la muestras, entrarán las moscas. Tus ojos miran a la derecha, miran a la izquierda. Sí, puedes hacerlo. No lo niegues. Acércate un poquitito. Juguemos a la cuchara es el avioncito y la boca ansiosa la pista de aterrizaje. La disposición endurece los bríos, la necedad, una buena propuesta. ¿Piensa mal y acertarás, carnal? Probablemente me equivoque, ¿pero no dicen que vivimos de equivocaciones? Nos imaginamos veinte años adelante, en una entrevista a nivel internacional, donde podemos sonreír y hablar con toda la práctica del mundo–. Excelente pregunta Jim, pero no estaría aquí si no fuera por mi cadena de trompicones y bocas rotas –Prueba y error. Vamos a encontrarnos después de ese largo viaje. Su disposición, dice, endurece los muslos, endurece a las piedras y la fuerza descomunal de unos dientes que aprietan. ¿Por qué aprietan? Puede ser por el dolor y el desencanto, puede ser por el hambre o un poquito de lujuria, la magia de unos dedos extendidos y un tirón de cabello. Lo que no sabe es que no importa cuanto apriete. Jamás podrá romperlo. Su disposición, dicen,...

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Momentos mágicos.

Ayer, una mujer me preguntó que si creía en “la magia”. Específicamente en los “momentos mágicos”. A lo largo de los años, ya no me gusta decir “no creo”. Me gusta pensar en las posibilidades, incluso en algo que puede ser absurdo como el “momento mágico”. Curioso. Le respondí: “Sí creo en los momentos mágicos”, mientras pensaba… más bien, en los pequeños accidentes, el azar que luego nos atrae la mirada al reloj, a los ojos de otra persona, al momento de un accidente automovilístico, a salvarnos de la muerte, a que los cigarrillos se acabaron y no saliste a comprarlos por “no se qué” y al día siguiente, el vecino te cuenta que asaltaron el Oxxo. Hay otras cosas que no pueden ser azar, meramente. Por ejemplo, la posibilidad de tener una relación turbia con alguna mujer llamada Claudia. Lo que puede pasar si el número 21 esta presente en mi número de asiento, en el boleto de la lotería, en la camiseta de un chavo. Que la mujer de la que me enamoré cumpla años el mismo día que yo. Momentos mágicos. Sublimación. Tonterías que nos sostienen con vida y con la imaginación alerta, como para explotar en cualquier...

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El arreglo, segunda parte.

En el arreglo, escogí fotos de la gente a la que quiero… mi familia, mi hermano, mi trabajo, aquellos que se fueron, aquellos que ya no van a regresar. Pensé que me gustaría colgar una foto dellos, ocasionalmente, por si algún día regresan. Tal vez algún día me visiten y me gustaría que cuando entraran a mi casa, se sintieran en su casa, que jamás nos dejamos y estuvimos los unos junto a los otros. Es curioso como unas fotos, un simple arreglo como este, puede traer tantas cosas a la cabeza. Sé que a mi hermano le gustaría verse ahí, tal vez no diga mucho, tal vez nada, pero lo pensará. Tal vez Jorge no venga ya de visita, pero saberse en esa pared confirmará esa verdad que se estableció entre nosotros a través de los años: “Eres como un padre para mí, ¿cómo podría olvidarte?”. ¿Y si este juego es sólo para mi? No lo sé. Lo que hacen unos simples marcos y fotografías impresas. Un caudal de recuerdos que probablemente no se detendrá fácil. Pasarán los días y ese arreglo se convertirá en una dulce costumbre, algo que siempre estuvo ahí, si tengo hijos alguna vez señalarán las fotos y preguntarán quien es esa gente. Tendría que decir la verdad–. Son lo que soy. Gracias a ellos, también estas tú –Una cursilería así. Después le enseñaría...

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Un viaje de Café Tacvba

Sólo he sacado mi laptop durante dos viajes en camión. En este que va a Puebla y llegará en dos horas. Y el diciembre pasado, que fui a Guadalajara. En diciembre estaba estrenándola y me pareció buena idea meterle algunos episodios de “House M.D.” para distraerme durante la noche. Insomnio. Esperaba con ganas el insomnio para utilizar mi juguete nuevo. Sin embargo, cuando cayó la noche, sentí pena por molestar a otros pasajeros con la luz de la pantalla. Decidí cerrarla y dormir. Esta vez, sentí la urgencia de escribir algo. Antes escribía en los camiones a mano. Mis a’s y mis e’s, parecían arañas con cada piedritra o cada frenón del piloto. Era una lucha constante contra la física. El ser humano es una persona muy necia. El ser humano, por complacerse así mismo, es capaz de enfrentarse contra leyes muy básicas y universales. No puedo contar las veces que he intentado escribir durante un viaje. La imagen del escritor viajero, sobrepuesta en un microbús. Era ridículo, pero divertido al fin y al cabo. Cuando escribes, o lees, la gente se asoma para ver. Es un espíritu curioso… pues curioso. El mexicano si lee. Sobre todo si se trata del Libro Vaquero. ¿Qué escribía en mis viajes de Tacubaya a Polanco? Terminaba por escribir de lo difícil que era hacerlo en los camiones. Justo como ahora escribo lo...

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Aquí no es el cielo

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  • Un cliente inventó el verbo: "risturnar". Supongo es una combinación de restaurar, turnar, regresar y estornudar.
  • @axel Y me avergüenza decirlo, pero me sentí más hombre, más cazador, más erguido.
  • RT @erikalust: Melodie Perrault's work is a much needed punch in the gut for chauvinists who say women can’t also be simultaneously powerfu…
  • Qué buenos son los set lists de Guitar Hero.
  • Hoy, cuando salí a correr, un hombre me miró a los ojos, dijo: "tú puedes, cabrón" e hizo un gesto de poder. Mi hermano de esteroides.

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