Categoría: Leyendo se me cae la ceniza

La madre de Oscar, por fin, descansa en paz.

No recuerdo con exactitud el día que tomé el Tambor de Hojalata (de Günter Grass) y comencé su lectura. Sé que fueron años. Me recuerdo en distintos escenarios, con tres ediciones distintas (dos a papel, una digital) y recuerdo una lectura lenta, que exigía apaciguar a mi devorador de libros interno. Recuerdo que exigía mucha atención. Recuerdo que exigía la mayor parte de mi inteligencia para relacionarme, entenderlo, para hacer conexiones a otros textos, desde las más evidentes hasta las más sutiles (y es imposible lograrlo en una sola lectura). Recuerdo que deseé haberlo leído en alemán, y después me sonreí idiota, y me dije–. Para eso, debí aprender alemán (imbécil). Luego viene esa curiosa gula del lector obsesivo: necesito leer de todo lo que habla, necesito ver todas las pinturas que menciona, necesito caminar por todos los lugares donde Oscar camina, escuchar la música que tocan. Veo tambores y pienso en Oscar, veo pescado y pienso en la madre de Oscar, veo cartas y pienso en Matzerath y Jan Bronski (de ojos azules, pobre Jan Bronski), veo las faldas largas de las mujeres y pienso en la abuela Koljaceck, enciendo mi cigarrillo y Jan Bronski, y pobre Matzerath, padre, y el incendiario, el abuelo. Veo blanco y negro, y pienso en Goethe y Rasputín. Hoy no puedo analizar la lectura, no puedo hacerlo porque acabo de cerrar un...

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Los blogs son un cementerio.

Estuve navegando por los blogs que solía leer, y ahora son un cementerio. En aquel entonces, todos querían ser leídos. Sólo permanece gente necia, gente especializada en algo, gente que no lo vomita todo en twitter o en su facebook, con sus amigos que tienen la manita virtual sobre el “Me gusta”. Ahora, de vez en cuando, permiten que la cabeza piense un poco y cada mes publican en su blog. Cada dos meses. Cada tres meses. Les ocurrió algo que no pueden explicar en 140 caracteres. Se llenan de sentimiento y escriben apresuradamente. Lo piensan en módulos breves, sin conexiones, conjunciones, un hilo conductor que mantenga el texto unido. –Es que la vida… es que ya nadie lee blogs… es que mejor estoy leyendo un libro… es que la vida, otra vez –me imagino que dicen, cuando se les pregunta por qué ya no actualizan–, mejor léeme en twitter, o en facebook, ahí todavía escribo, pero no todo es de verdad ¿eh? –Deslizan un papel con la dirección. Esclavos de lo inmediato, de lo rápido. Alcemos una copa por los muertos, alcemos una copa por los...

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