Categoría: Asceta

espera de una fecha que está por ocurrir.

Mañana cumplo años. Dejo atrás los veinte para entrar a los treinta. Si estuviera aquí mi tío Rafael, me diría–. Bienvenido a los tas –Sí pues… bienvenido. ¿Qué pensar? No es una ambigüedad neurótica. Sencillamente no lo sé. No me imaginé cumpliendo treinta. Creo que nadie. Pienso que treinta es el número más alejado en la mente del hombre que vive comodidades y colecciona recuerdos felices. ¿Treinta? Jamás, quién sabe si llegue, si no me mata primero la peda, o los amantes, o los excesos, o las idas a jugar fútbol a la cancha. ¿Treinta? He tenido treinta en...

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aire decembrino.

El aire decembrino enfría los cuerpos y, aunque tienen que levantarse a trabajar o a estudiar, sienten la pesadez de los párpados y la necedad en las piernas. Casi es hora de mandar por culo a los deberes. Así, tal cual. Hay luces en las calles, algunas pláticas giran en torno a los regalos o los viajes, o las comidas, o las calorías… Luego está el cuerpo, que sugiere descansos intermitentes, más horas de sueño, bebidas más cálidas y horas más estáticas. Nuestro espíritu de oso abre los ojos para sugerir la hibernación. Diciembre no es un mes cruel....

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desvanecer.

Escribo acerca de un personaje que tiene una condición cardiaca. Las cajetillas de cigarros advierten los problemas cardiacos que puede traer la vida del fumador. Dejé de fumar otra vez. Llevo dos días. Mañana será el tercero. El tercer día para el que está dejando de fumar es muy importante, porque es el día en que la nicotina abandona su cuerpo y después, todo queda en la cabeza. Miré un episodio de “Quantum Leap” donde un luchador tiene problemas del corazón. ¿No es lo mismo que pasa en “The Wrestler”? Escribo acerca de un personaje con un corazón enfermo y no sólo me intereso por las guías que pueda dejar la ficción, también leo detalles de lo que sucede con las venas, con la sangre, con el oxígeno, con los límites que pueden y desean empujar para que nadie decida sus vidas. Ni siquiera el corazón herido. Lavaba platos y luego recordé un episodio infantil. Jugaba en casa. Me atraparon, me hicieron cosquillas y no podía parar de reír. Me reía, me reía hasta que todo se volvió blanco y las cosas se multiplicaban. Debía ser culpa de las lágrimas. Seguía riéndome. Mi risa se escuchaba como el eco de un espíritu que me está observando. Mi risa se convirtió en algo ajeno. No podía jalar aire. Es la única vez que he reído tanto. Me mareé y me...

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Canto de cielo gris.

Ay, con el cielo gris… ese que parece que te llueve pero no te llueve, que te provoca un estado letárgico cuando te das cuenta que es hora de salir a caminar al perro, o de comprar queso y jamón, o que es hora de ver a la novia, a la amante –esa de los muslos gruesos– pero el cielo está tan gris que ya sientes la lluvia encima, y te mueves lento como esperando a ver si llueve pero nada de nada. Este cielo es muy apropiado para un verano cholulteca: Los estudiantes huyen a sus respectivos estados de procedencia, donde al menos hace un mejor sol o donde las lluvias suceden en los malecones, en la playa, en las palapas donde se dieron sus primeros besos o se mostraron los sexos por primera vez. En la caminata de día, hago cuenta de todos los pequeños negocios que me encuentro. Todo empieza en una esquina donde antes había un botanero, y antes del botanero había un billar. El local es grande y siempre están buscando quien lo rente. Abajo hay una verdulería, que antes vendía tortillas. Ahora solo vende verduras y algunos quesos. Cuando miro ese local, pienso que me gustaría tener un negocio de “maquinitas”. Un buen arcade, especializado en juegos de peleas, con máquinas japonesas o lo mejor que se le acerque. Lo que no me...

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Vacaciones de lluvia y de paseos largos.

Mi hermano vino de vacaciones a Cholula y gracias a ello, he ignorado una buena parte del trabajo y de mis textos inconclusos. Al menos lo he convencido de que nos acompañe a caminar algunos días (a mí, a Sol, a Nico, o a Killer, o quien esté en la puerta listo para caminar el mismo cuadro de siempre). En Colima dejó una vida que conozco sólo por pedazos. Sé que él tenía dos perros grandes que lo acompañaban todos sus días. Se nota como los extraña cuando juega con Nico, cuando la tortura y la persigue, y ella responde saltando encima de él, y empujando con sus patas de boxeador justo en el tiro del pantalón para hacerlo saltar de dolor. Sabía que le agradaría encontrarse con un perro grande e inquieto como este, que sería una buena memoria para sus vacaciones. Mi hermano ya creció… ya tiene veinte años y yo, ya no cuento en este blog nuestras aventuras por cocinar juntos alguno de esos platillos sencillos pero memorables, ya no platico como me acompaña a trabajar a la oficina para que no se quede solo, de las peleas incesantes con nuestra madre, de los líos juveniles de mujeres y esa eterna búsqueda por saber como agradarles, ya no estamos a nueve horas de diferencia para que me cuente los temblores y del calor de Colima. Su...

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Camino de oscuridad y de sombras, de luz y sombra inversa.

Caminar siempre ha sido importante en mi rutina y pienso que, de alguna forma, es como pulir una piedra en el río. Mientras estoy caminando, el suelo a mis pies y los vientos ocasionales, mis pensamientos se tallan y adquieren una forma mejor pulida. Cuando era niño, y la abuela me llevaba a largas caminatas, ella en silencio me señalaba cosas para mirarlas: En el metro, en el camino al mercado, en el centro o en el mercado de la merced. También hablábamos pero eran esos detalles, esas pequeñas señales que me apuntaban a descubrir algo, las que me enseñaron que las caminatas son pensamiento y observación, las que son descubrimientos y conclusión. Caminar para llegar a las respuestas. Escribir funciona en un conjunto como estos, así cuando estoy moviendo las piernas es como si estuviera escribiendo líneas o escenarios de un cuento, o una historia que dejé atrás. Es un proceso muy efectivo. Sin embargo, las esperas… mi abuela no me enseñó qué hacer con las esperas, con esos lugares donde tienes que estar de pie, mirando, hasta que te lo acabas todo y tienes que seguir esperando. Odio los “Parisina” por ejemplo, porque mi abuela y mi madre pasaban horas escogiendo telas, mientras que me dejaban a mirar el techo o tontear con mis propias manos. Nada de comprarse una bebida para provocar una desgracia o alentar...

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Doblez de luz y agua.

La realidad, pensé el otro día, es una combinación de capas: Atrás tenemos la sombra de unos árboles y de unos cables, es el mundo físico, el mundo sólido, el mundo que se sostiene por las leyes científicas, universales, quién sabe cuántas leyes más; viene la capa de unas gotas de agua, las cuales, dibujan círculos aparentes sobre lo ya existente y lo hacen borroso, tan borroso como los ojos que envejecen, o que lloran, o que fallan desde que naces… Ojos que ven distinto a los ojos de otros hombres sin tomar en cuenta, por supuesto, el contexto de cada uno; hay una capa de vidrio que tiene dos colores, ligeramente oscuro hacia arriba para que el sol no entre con toda su fuerza y además, retira toda la posibilidad de sentir el viento, de que las gotas golpeen la piel propia que es nuestra envoltura para caminar en este mundo y cambien su destino; al final, tenemos un borde que encierra todo esto en una fotografía y esta fotografía, sólo puede ser una memoria. Una memoria de algo que sucedió y las memorias como están en nuestra cabeza, y dependen del conjunto, de cómo deseamos ver la realidad y de cómo manipulamos nuestros recuerdos al antojo, ¿cómo se sabe que es real? Un pintor despierta y decide comprar un lienzo. Primero, con un poco de grafito, marca...

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Jardín secreto.

+ A esta foto, en instagram, la llamé “El jardín secreto”. Atravesando la puerta negra e ignorando el letrero que reza “Desarrollo Deportivo” (y esa lista de actividades), podríamos descubrir un lugar maravilloso. Un bosque vasto, de robles y uno que otro ciprés. ¿O mejor unas caucheras de hojas tan grandes como la mano de un gigante? Luego del bosque, podemos considerar las actividades del Desarrollo Deportivo: Un pigmeo que enseña Tae Kwan Do y que es, pues, el pigmeo más fuerte del mundo; un homosexual escandaloso de San Francisco, con amplio maquillaje y rodilleras, que enseñe de tolerancia y aerobics; una marciana de seis tetas que, tras vigilar mucho tiempo a la raza humana, aprendió todos los bailes del mundo pero su especialidad y preferencia, siempre será el hawaiano; Un elfo oscuro que, tras leer un libro de páginas amarillas, adquirió la disciplina mágica del yoga y el yazz, las cuales se creía imposible combinar; Al final… una mujer de madera al que dos hadas le dieron vida y que enseña ballet a las personas menores de veintinueve años (y si acaso, alguien más grande lo pidiera, la mujer no se activaría. Se quedaría tan quieta como una muñeca.) Les dije que era un lugar maravilloso. Hablando de lugares maravillosos, sueño con tener mi propia oficina (lejos de aquí, una oficina a la que se tenga que ir...

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Canción que, si no mal recuerdo, se llama “My body is a cage”.

El inicio de esa canción es suavecito, un momento que va subiendo en intensidad. Además, se oye bien bonito: “Mi cuerpo es una jaula”. El cuerpo es una carencia, algo que encierra o contiene los sentidos… ¿el alma? ¿los sentimientos? ¿Me veo limitado por la gracia de tener piernas, ojos, una nariz y dos cojones? “Libera mi espíritu”, dice la canción. Lo que me recuerda que alguna vez, sí, alguna vez, no sé a qué edad, espero que haya sido uno de esos momentos infantes o prepúberes, tal vez púber… participé en una discusión importantísima que trataba de explicar, una vez por todas, cual era la diferencia entre el alma y el espíritu. No me pregunten… porque seguramente escupiré los resultados de tal discusión, cuando la verdad es muy sencilla–. Al final podría decirse que son la misma cosa. La restricción de los sentidos, el cuerpo como una jaula, empieza con pequeñas negaciones de placeres, de vicios, de comida o necesidades. El cuerpo es la jaula que vemos, pero los barrotes los pone nuestra cabeza. No digo que esté mal, o que esté bien. Tampoco propongo que deberíamos abrir nuestra mente para encontrar el séptimo sentido, ni sentir el flujo del cosmos que pasa a través de nuestros siete puntos. Sólo mantener la posibilidad a flote de que nuestra mente limita y moldea la forma de nuestro cuerpo, y que...

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Caminata que aparenta ser la misma, pero siempre tiene sus diferencias.

Tengo tres rutas para caminar con Nico y, por curiosidad, he dado rodeos en estos caminos para conocer mejor el lugar donde vivo. Me he metido en fraccionamientos llamativos, fraccionamientos discretos, pequeños parques y lotes baldíos, tratando de encontrar la conexión de todos estos lugares con el lugar donde vivo, el lugar desde donde trabajo, desde donde leo y escribo. Es un lugar qué, aún con su aparente calma, ha servido como un hogar durante dos años. El lugar donde vives te cambia y es inevitable, sólo que es un proceso lento y engañosamente estático. Donde vives te hace otro, así como leer un libro o escuchar una canción. He tomado la caminata como un proceso esencial para recuperar el respiro creativo que tenía hace algunos años y escribir todas esas cosas que se quedaron pendientes, arrumbadas en un cajón (físico y metafísico). Le decía a Sol que así como Killer es un compañero de su vida, una etapa importante para ella, Nico también era una especie de animal guardián que debía acompañarme. Un espíritu que conviviría conmigo los próximos diez años. No lo digo en un afán esotérico, más bien en un afán literario. Esa conexión parecerá real, pero sólo es una motivación y en realidad, es algo más animal. Somos una manada que camina junta y al final, las mascotas dependen de los humanos, los proveedores que...

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