Categoría: Contemplacion

El árbol en el 2011. (El año de Nico).

El árbol 2:17, en números, durante el 2011: 149 entradas. 93,737 palabras. Un promedio de 629 palabras por entrada. Cinco de las palabras más utilizadas. uno (230 veces). todo (227 veces). libro (177 veces). vida (170 veces). años (152 veces). Algunos datos. Escribí menos entradas que en años anteriores (es el año con menos entradas) pero escribí casi el mismo número de palabras que el año pasado. Es decir… escribí textos con más carnita. Por supuesto, que la carne le sepa a pollo, a pavo, a cerdo o a soya, ya lo decidirá usted. Nico, mi basset hound, me...

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Libros del 2011 (2).

Recuerda leer la primera parte de la lista. Escogí que la última lista del año, así como los últimos textos del blog, fueran pequeñas reseñas de los libros que leí en el año. Ya casi es hora de cerrar este changarro unos días. Es hora de disfrutar los fríos de diciembre, sus posadas, los chocolates ocasionales, los dolorosos intercambios de regalo y los gritos infantiles de los niños necios que insisten en que merecen todos los regalos del mundo. ¿Ya preparaste el estómago para subir esos kilitos de más? ¿Ya escogiste los libros, los videojuegos, las películas y la...

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Libros del 2011 (1).

Sol me comentó que el día de hoy, en Twitter, los “Libros del 2011” se convirtió en Trending Topic. Miro la fecha de reojo y descubro como paulatinamente estamos llegando al otro lado. 2012… el año que supuestamente lo terminará todo. Qué dulzura, pienso, esperar una fecha en especial para que todo termine y seamos libres de las cárceles propias a las que estamos sometidos. Espero con ansias el fin del mundo para no escribir ni una línea más, no escuchar otro mugido, matar otra mosca o echarle agua a mis tres cactos. El reto de este año fue...

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nueve pensamientos de tener treinta.

Anoche me dijo un tío–. Con qué… ¿treinta, verdad? ¿Qué se siente? –Le pregunté a que se refería. Olvidé por un momento que había atravesado una década y que, inevitablemente, dejé atrás los veintes para siempre. Mi tío se rió, me di cuenta a que se refería pero fue demasiado tarde. Él me dijo–. No te preocupes. Tienes todo un año para acostumbrarte. Me gustaba imaginar que tendría treinta. Ya tenerlos es otra cosa. El día que cumplí años caminé con Nico, mi basset, por terrenos inexplorados. Dimos una larga vuelta por una de las avenidas más grandes de...

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espera de una fecha que está por ocurrir.

Mañana cumplo años. Dejo atrás los veinte para entrar a los treinta. Si estuviera aquí mi tío Rafael, me diría–. Bienvenido a los tas –Sí pues… bienvenido. ¿Qué pensar? No es una ambigüedad neurótica. Sencillamente no lo sé. No me imaginé cumpliendo treinta. Creo que nadie. Pienso que treinta es el número más alejado en la mente del hombre que vive comodidades y colecciona recuerdos felices. ¿Treinta? Jamás, quién sabe si llegue, si no me mata primero la peda, o los amantes, o los excesos, o las idas a jugar fútbol a la cancha. ¿Treinta? He tenido treinta en...

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breves pensamientos que giran en torno a la Odisea.

La primera vez que viajé con Odiseo, me molestaba mucho que sus hombres murieran con los artificios de los dioses. Hoy acepto que Odiseo es un héroe y que los hombres que digiere Polifemo en su estómago son simples extras. Odiseo no es cualquier héroe. Mientras que Ayax, Diómedes e incluso Aquiles, tienen la musculatura y el arrojo de cualquier personaje interpretado por Stallone o Schwarzzenegger… Odiseo es inteligente y manipulador. Odiseo, además de tener la educación y el físico de un héroe de su época, aprovecha cada situación para voltearla a su beneficio. (Con esto no quiero decir...

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aire decembrino.

El aire decembrino enfría los cuerpos y, aunque tienen que levantarse a trabajar o a estudiar, sienten la pesadez de los párpados y la necedad en las piernas. Casi es hora de mandar por culo a los deberes. Así, tal cual. Hay luces en las calles, algunas pláticas giran en torno a los regalos o los viajes, o las comidas, o las calorías… Luego está el cuerpo, que sugiere descansos intermitentes, más horas de sueño, bebidas más cálidas y horas más estáticas. Nuestro espíritu de oso abre los ojos para sugerir la hibernación. Diciembre no es un mes cruel....

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cuando jugaba de niño

Recuerdo, apenas, que una niña se montó sobre mi rostro. Creo que jugábamos a asfixiarnos, o a someternos. No lo sé con precisión. Empezamos riéndonos. La niña se sentó sobre mi cara. Apretó y movió su pelvis. El mundo se filtraba a través de su falda delgada. El mundo era cálido, y preocupante. ¿Estaba tratando de ahogarme? Movía los brazos pero no podía quitarla de encima. Traté de decirle algo pero el mundo estaba detenido y diluido en el espacio de su falda. Perdí las fuerzas y ella se quitó bruscamente. Me observaba con ojos grandes, avergonzados. No sé que pasó después. Hoy miraba a través de una ventana y se me ocurrió qué mi recuerdo fue el primer detalle sexual de otra...

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desvanecer.

Escribo acerca de un personaje que tiene una condición cardiaca. Las cajetillas de cigarros advierten los problemas cardiacos que puede traer la vida del fumador. Dejé de fumar otra vez. Llevo dos días. Mañana será el tercero. El tercer día para el que está dejando de fumar es muy importante, porque es el día en que la nicotina abandona su cuerpo y después, todo queda en la cabeza. Miré un episodio de “Quantum Leap” donde un luchador tiene problemas del corazón. ¿No es lo mismo que pasa en “The Wrestler”? Escribo acerca de un personaje con un corazón enfermo y no sólo me intereso por las guías que pueda dejar la ficción, también leo detalles de lo que sucede con las venas, con la sangre, con el oxígeno, con los límites que pueden y desean empujar para que nadie decida sus vidas. Ni siquiera el corazón herido. Lavaba platos y luego recordé un episodio infantil. Jugaba en casa. Me atraparon, me hicieron cosquillas y no podía parar de reír. Me reía, me reía hasta que todo se volvió blanco y las cosas se multiplicaban. Debía ser culpa de las lágrimas. Seguía riéndome. Mi risa se escuchaba como el eco de un espíritu que me está observando. Mi risa se convirtió en algo ajeno. No podía jalar aire. Es la única vez que he reído tanto. Me mareé y me...

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hombre que no se aprende el tiempo.

El tiempo existe como un estado de ánimo para ciertas personas. Cuando llega noviembre se entristecen, cuando llega la tercera semana de julio se alegran. Los amantes follan durante toda la primavera o durante todo el verano. Algunos son más específicos con los días. Días que nos recuerdan la muerte, el nacimiento, el rompimiento y el inicio de una relación. Hay gente que espera con ansiedad los números temporales para dictarle a su cuerpo cuánto debe llorar, reír o sumirse en una profunda nostalgia. Esperan para abandonarse a una catatonia de melancolía. También tengo mi mes: Diciembre. Para mí, el doceavo mes proyecta la sombra de un recuerdo en cada uno de sus días. No sólo los regalos de Navidad, mi cumpleaños y los cumpleaños de otros, la muerte, las luces citadinas, la gente en los aparadores, los cínicos y los optimistas se miran cara a cara en Diciembre. Aunque estos últimos años, me siento un simple observador, me siento más tranquilo. No es por decisión propia, es por ese mecanismo curioso que llamamos familia (la propia, la del otro, la de los dos). Será que el matrimonio me tiene ocupado con tanto viaje y tantos compromisos familiares. Pienso en diciembre como un cúmulo de pasados, cántaros de agua de la que puedo servirme para refrescarme la memoria. En todas las etapas de mi vida esperé Diciembre para descubrir...

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