Etiqueta: Sol

La misma vida

Estructura Sí, mi lectura de Goran Petrovic influyó a esta estructura. Pequeños subtítulos en cursivas y luego atacar un monstruo oculto. Es parecido a cuando escribía con asteriscos o puntos para decir las cosas (uy-ya-llo-vió) pero esto es un poco más elegante, un poco más… preciso, quizás, menos burdo, menos ordinario. En la búsqueda de mi propia voz literaria, durante todos estos años, me he apropiado de estructuras y he jugado con otras. Hoy ya lo entendí: todavía estoy lejos de encontrarme. Escribir es duro. Escribir la verdad, quizás, tomará veinte o treinta años más. Aún construyo mi voz y eso, francamente, me asombra. En el momento que tenga mi voz, imagino, escribir todas las historias que quiero escribir será más fácil pero, sí, paradójicamente, para conseguir eso debo seguir escribiendo. La voz literaria Cuento varias voces: la que uso para escribir mis columnas, la que uso para escribir mis reseñas de videojuegos. Quizás cada cuento tiene su propia voz y las novelas, bueno, sobre todo las novelas son lo más complicado. Personajes que se apropian de ti y toman tus manos (el mercado lo exagera y quizás algunos escritores disfrutan montar ese caballo para darse importancia pero… no todo está en diálogos absurdos y vendedores: hay un poco de razón. El personaje habita la persona y quita algo de control. Vives el personaje para entenderlo, hacerlo más real,...

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Rutinario

Extraño, como otros mil extrañan, escribir en mi blog. Hay muchas razones porque he dejado de escribir uno. Desde que me despedí en el árbol 2:17, abandoné la narración cotidiana de los días y se la cedí a una de las voces de mi cabeza. A veces cuando me baño, esa otra voz cree que narro una película y cuenta los círculos que hago para enjabonar un brazo, y luego el otro. Me miro al espejo y escucho, con claridad: “Agustín se mira al espejo”, y sólo por no dejar, miro hacia los perros para confirmar que no hablaron ellos. En lo personal, no tengo mucho de qué hablar porque, después de todo, tengo a mi alrededor a la gente que quiero. Eso me hace pensar si los primeros años de mi blog no fueron condicionados por una profunda melancolía, por el extrañamiento de los ausentes. Es engañoso el tiempo, ¿no es cierto? Porque después de todos estos días, de los vivos y los muertos, todo parece mejor. Pienso en los niños que ya crecieron y pronto se irán lejos. También pienso en los que ya se hicieron viejos y necean, condenados, a una repetición de sus padres y los sueños rotos. Ahora, quizás, vivo mejor y como extraño menos, mis observaciones de lo rutinario son más comunes y no quiero explotarlas tanto como ciertos escenarios pasados. La gente...

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Casa  13

Mi esposa y yo vivimos en la casa trece. Me pregunto si no debimos ser más supersticiosos. Hoy me imaginé viviendo en la once o en la siete. Como no soy japonés, también me imaginé viviendo en la cuatro. Quizás no hubiéramos tenido aquellos horribles problemas de tubería. Entonces se me ocurren otros cambios: mejores trabajos, distintas oportunidades, quizás habría ganado otros concursos, hubiera escrito otras cosas. Pienso en otros que fueron afectados por nuestra decisión: don Chino nos hubiera durado más, Rubén no hubiera sufrido un ataque, a la empresa familiar le iría mejor y, quizás, no habrían asesinado a E con un martillo. Empiezo a creerlo. En la casa 23 nos esperaban mejores cosas, una línea temporal alterna cuya distancia diminuta de la 13 hubiera cambiado tantas cosas para bien. El consuelo es un seductor poderoso, una mentira agradable. Post-it: Saltar al otro lado no siempre es para...

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Los relámpagos de Mayo

Publicado originalmente en guardagujas. Cuando está a punto de llover, el cielo más gris debe ser el de Cholula. Aquí son comunes las tormentas eléctricas y me pregunto por qué diablos me mudé aquí, si los relámpagos y las centellas me ponen de nervios. Entonces se me escapa el aliento, recuerdo alguna canción de Leonardo Favio y hago una mueca indefinida. Claro, estoy en Cholula porque me casé y decidimos vivir en este hermosísimo pueblo bicicletero, en contra de toda comodidad y todo pronóstico. La vida sería más sencilla en el Distrito Federal. También sería menos salvaje. Hay tantos edificios y tanta contaminación, que es imposible discernir si está lloviendo o si vivimos el acostumbrado final del mundo. Aquí pasa cualquier cosita y puede ser una novedad, una angustia, una felicidad imposible. Pues ya estoy aquí y no me queda otra que leer, y respirar aire puro, y disfrutar un poco de la vida: los paseos con los perros, la mirada de la mujer que me soporta, el café instantáneo del huevón que no tiene ánimos para encender una cafetera. La lista de los solaces debería ser suficiente para alimentar la calma pero ojalá pudieran oír la tormenta eléctrica como yo la escucho. Los perros no pueden quedarse en calma, dan vueltas alrededor de mi silla como si yo fuera un tótem que pudiera ayudarlos en caso de una...

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La conga del café

Mientras preparaba mi café con leche trataba de recordar si alguien más, en casa, lo tomaba así. Y no. Cuando visito a mi familia, en el D.F., pedir un café con leche siempre parece problemático y alguno de los tres componentes no está bien: la leche, el azúcar o el café. O es instantáneo, o es splenda o es leche de almendras, o leche de soja, o una combinación de todas las anteriores. ¿Entonces dónde agarré la costumbre de beber un café con leche? ¿Es meramente mía? En el casting tomaba mucho café. Tres, cuatro o cinco cafés. No...

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Cuento de un día azul

El perro sale al patio a tomar el sol y platican en silencio. No sé que platican. Después de todo, no sé que tendría un perro qué decirle al sol y mucho menos que le diría un sol a un perro. En otra habitación, la dueña del perro muerde con sus manos las sábanas. Estaba aburrida. El ocio del medio día y que ya terminó los deberes, la invitaron sutilmente a recorrer su cuerpo. Yo, si estuviera en este cuento, estaría a tres o cuatro casas, escribiéndolo mientras fumo, e imagino al perro ajeno platicando con el sol y...

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El cielo

Mamá, no quiero trabajar. ¿Puedo tirarme al pasto y ver el cielo? Qué horrible se escucha eso. No sólo por el descaro, sino porque es cursi y parece escrito por un idiota. Tal vez es algo que diría un niño, y bueno, a los niños les perdono todo. La situación es envidiable. Recordé cuando me tiraba en las islas de Ciudad Universitaria a leer. Bien universitario yo, bien lector y literato, prendiendo un cigarrillo a la sombra de un árbol para perseguir el ritual de las líneas. Eventualmente despejaba la lectura y me dedicaba a mirar a las universitarias....

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Tengo un diario

Hoy es domingo. Además, es una hora más tarde. ¿Disfrutaron sus vacaciones? ¿Se relajaron? ¿Ya el estrés desapareció para ustedes? ¿Además, desearían que sus vacaciones jamás hubieran terminado? Hoy es domingo. Mañana es el pronto regreso al ritmo habitual. Millones de personas, tras sus puestos de trabajo, murmurarán silenciosamente cuanto lo odian. Mi trabajo es tener un diario. Registrar cada uno de estos murmullos y hacer un cuento con cada uno. Es una tarea muy estúpida porque los millones de cuentos tienen los mismos títulos: “Odio los lunes”, “Ojalá siguieran las vacaciones”, “Ya no quiero trabajar”, “Desprecio mi oficina”....

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¿Quién se ha llevado mi queso?

Hoy es domingo. ¿Quién se ha llevado mi queso? Es un libro espantoso de auto-ayuda. Sólo un sector muy específico lo lee y otro sector más específico también lo lee. Yo recuerdo que lo leí, y por fortuna ya lo olvidé. Sin embargo el título me gusta. ¿Quién se ha llevado mi queso? Me imagino un hombrecito desesperado, un ratoncito encabronado, un ama de casa insatisfecha. ¿Quién se ha llevado mi queso? ¿Dónde pusieron mi hueso? ¿Por qué me robaste el beso? ¿Acaso lo harías, si tuvieras un poco de seso? Deja ya de hablar tan espeso. Tienes roto...

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Eso dicen

Ya salió el sol… eso dicen. Ahora veremos todo en colores claros y brillantes. El sol en su máximo esplendor. Ya no fuma el hombre, ya no le cuentan cuentos a los niños, los amantes salieron perezosamente de su escondite, y la niña del ipod se fue a casa. No más café (de Nescafé) Ahora, los estudiantes de todo el país se asoman por la ventana, distrayéndose con los rayos de sol y las sombras, esperando el momento para ir a casa, y olvidarse de tareas, y deberes. Jorgito piensa en Susanita. Susanita en Rodolfo. Rodolfo en Gustavo. Una...

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