Etiqueta: placer

Cuento de un día azul

El perro sale al patio a tomar el sol y platican en silencio. No sé que platican. Después de todo, no sé que tendría un perro qué decirle al sol y mucho menos que le diría un sol a un perro. En otra habitación, la dueña del perro muerde con sus manos las sábanas. Estaba aburrida. El ocio del medio día y que ya terminó los deberes, la invitaron sutilmente a recorrer su cuerpo. Yo, si estuviera en este cuento, estaría a tres o cuatro casas, escribiéndolo mientras fumo, e imagino al perro ajeno platicando con el sol y...

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Los nublados

En algún lugar, en todo el mundo, existe un grupo de gente que se llaman así mismo “los nublados”. Ellos nunca dan su nombre, porque su nombre protege toda su existencia. Por supuesto, los padres conocen los nombres de sus hijos, y los abuelos conocen el de los padres, pero no el de los nietos. El nombre es lo más importante para ellos, porque si alguien lo pronuncia mal o lo retuerce, pueden morir. Tienen clases para ello. Les enseñan las letras y cómo juntas forman los sonidos. Durante horas practican pronunciaciones de nombres falsos. También practican entonaciones. Unos,...

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A Fest le regalaron un poema:

RAGAZZA “Dísculpeme” -sueño que le interrumpo en plena calle-: “lleva usted mi corazón pegado a la suela del zapato.” Y, entonces, descubro que también me envuelve el violeta dulce y calmo de sus ojos. –Elena Medel. A Fest le molesta hablar del amor, porque siente que es demasiado hablar de amor. Todos hablan de él, se ha enterrado en el corazón de todos alguna vez, es negado y mancillado, es venerado. A Fest también le agrada el amor, le ha golpeteado el corazón y le ha provocado cosquillitas en el estómago, muy molestas por cierto, porque incontrolablemente actúan y se aprovechan del cuerpo donde reside con sólo el breve pensamiento de un recuerdo. No hay nada más incómodo, piensa, que comprar unos cigarros en la calle y súbitamente sentirse enamorado. O, por ejemplo, caminar por el Zócalo secuestrado, entre tanto clamor popular y la búsqueda de un nuevo presidente, él puede acordarse de sus cabellos rizados y cómo le crece la sonrisa, los besos que le ha soplado o cómo se le quiebra la voz cuando lo siente de veras… es molesto, porque uno sonríe cuándo también debería estar gritando–. ¡Regrésame mi ciudad! –algo así. Todos hablan del amor, de cómo los ha lastimado, de cómo han sufrido con él, de cómo los rescató de la muerte o una indiferencia perpetua. Fest también lo hace, porque inevitablemente, es un...

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Placer

Y cuando pienso en placer, no puedo recordar más que las miradas que se me notan cuando aquella mujer solía agacharse para buscar las cosas. Esas situaciones se daban cada vez con más regularidad–: Que porque se perdió el calcetín, que porque se perdió el arete, es que estoy buscando un papel o hay que buscar donde conectar el cable. Entonces ella se agachaba, se ponía en cuatro y buscaba por debajo de la cama y de los armarios la partícula que le hiciera falta. Me recriminaba en silencio, porque sucede a menudo que alguien se agacha y busca, ¿no es así? Pero a ella se le notaban los contornos, se le notaba la cadera fértil, de mujer que no se rompe y con los ojitos podía trazar la ese que se formaba de su cuello al culo, a veces por jugar lo hacía con la punta de mis dedos, jugando con la imagen y el movimiento. Ella volteaba a verme al sentirse observada y me preguntaba de manera seca, preocupada más en buscar que provocar deseo–: ¿Qué? ¿Ya lo encontraste? Entonces me sentía apenado y respondía, de la manera más falsa posible–: No pasa nada. Los cuartos pequeños no me permitían agacharme y buscar con ella, y la verdad, es que no quería hacerlo, no podía negar que estaba muy a gusto mirando. Me provocaba tanto un placer...

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