Etiqueta: killer

Celebración de humildad y cansancio verdadero.

Existe una frase terrible: “Me gustaría enseñarte un poco de humildad”. En mi caso, se siente como un cuchillo afilado que atraviesa mi garganta como si fuera mantequilla. Es molesto. Depende del día y de la circunstancia, puede ser la más grande falacia o la verdad que te faltaba. Hay variantes: “Necesitas aprender un poco de humildad” o “Te hace falta ser más humilde”. Los dos componentes básicos se repiten: Tú y Humilde. Se la pasan toda la vida enseñándonos que la humildad es lo que nos tiene mal (a nosotros los mexicanos) y los padres, los abuelos o los tíos, gastan todos esos años en libros para educar mocosos y socavar lo suficiente para construir esos bonitos cimientos de confianza. Eventualmente creces, te avientan al mundo y un extraño se acerca a ti, para tocarte el hombro, y decirte–. Tú y un poco de humildad. Me molesta la frase. No porque no sea humilde (vivo con seis mil pesos, pago dos créditos y mi perra estudia en el Centro Universitario México)… si no porque muchas veces la humildad es una máscara que usan para sugerirte otra cosa. Mi perra, Nico, ha estado molestando mucho a Killer. Basset Hound de ocho kilos contra french minitoy al que se le podría atar un cordón y se convertiría en un globo. Nico se le sube encima, lo golpea con la pata,...

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Blues del basset hound

Esta mañana, en algún momento de mucho silencio y quietud, me asomé por la ventana que uso para espiar al basset cuando sale al “cuarto de lavado”. Nico yacía acostada sobre las zanahorias de mi mujer, arrancándole el tallo y las hojas con los dientes. Pensé salir corriendo a gritarle no, cuando descubrí qué tomarle una fotografía sería más gracioso. Lo hice. Luego salí corriendo a gritarle que se bajara de ahí. Mi mujer le llamó Nikki el día de hoy. Supongo que Nikki no habría estado tan mal. Nikki es diario en japonés. Hoy intentó morder su primer...

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El pinche muñeco de la gorra naranja

El perro tiene más juguetes que yo, tiene más opciones para dormir y además, se puede larme las gónadas. Puede estar horas ahí, slurp slurp. El perro se construye escenarios, y quien sabe qué piensa, o a qué juega. –No seas mamón, si los perros no piensan –dicen los artículos científicos. Las señoras rápidamente refutan–. Pero es qué a veces parece que el perro sabe cuando estoy triste o cuando me tiene que acompañar a la manicura –Ambos grupos se discuten y se argumentan, bien argumentados como no. Es esencial saber si los perros piensan. Es necesario. El mundo...

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Lárgate, maldito perro

Esa mañana, mi suegro se llevó al Killer (el perro guardián de la casa, un french minitoy) a Tabasco. Se lo llevó porque la perra de mi cuñada, Tomasa, ha entrado en celo. Sí, algunos habrán alzado la ceja y la verdad es que no pude evitarlo. Sé que fue fácil, lo lamento. Sigo con la historia. Llevamos ya tiempo hablando de tener un segundo perro porque la cuenta de los años es cruel y hemos detectado las primeras señales de vejez en el Killer. Ojos que blanquean, dientes que se caen, enfermedad de los riñones que ya no...

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Disciplina. Eres mi amistad

Eso le digo a mi perro en las mañanas: “Disciplina Killer, eres mi amistad”. El perro ni voltea, simplemente busca un rincón y duerme. Asumo que está mejor disciplinado de lo que me imaginé. Mañana se lo diré a mi mujer, bien tempranito: “Disciplina Sol, eres mi mujer”. Seguro una patada accidental caerá en mi entrepierna y luego recargará la rodilla en mis tanatitos. Las sutilezas del matrimonio. No se hable del cacto: “Disciplina Bob, eres mi mejor amistad”. El cacto, mientras cruje entre sus espinas ensangrentadas los intestinos de un gato muerto, volteará a verme y le brillarán...

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Las cajetillas

Ahora tengo mis cajetillas en un corcho, en lo que llamo mi oficina. Cuando alzo la vista, miro las referencias a la cultura popular y la cultura popular en sí misma que se convirtió en mi marca de cigarrillos. Camel, el explorador, Sagitario, el viajante. Colores café y beige, nociones de desierto y viejo explorador. Me recuerdan a mi viejo personal: Simón. El camello como un personaje que se transforma y muta. El camello como un símbolo que puede entrar suavemente en cualquier corriente. Cuando Perrito muera, y Bob se seque de nuevo, me conseguiré un camello. ¿Habrá camellos...

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Pequeño manifiesto

Cuando escucho la palabra manifiesto, me imagino un documento grande grande, hecho con páginas de roble y forrado con el cuero de un gamo. Esperen, ¿las páginas antes las hacían con la corteza de un roble? Digamos, mejor, un libro antiguo. Este libro antiguo, El Manifiesto, que pertenece a mi imaginación, pesa diecisiete kilos y podría romper cualquiera de esas mesitas y escritorios de Walmart, si lo dejaras caer descuidadamente sobre su madera, su plástico, su metal de a peso el kilo. Sobra decir que este libro es más pesado que mi cerebro. Yo quiero escribir un Pequeño Manifiesto....

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Cuento los pasos de mi perro

Mi perro ahora tiene un aparato (pedómetro, aunque… le llaman podómetro, porque pedómetro se presta a lo obvio) como el mío, ajustado en su collar. De noche, sé cuantos pasos camina mi perro. Me gusta más los fines de semana, cuando salgo durante varias horas, porque espero a que me sorprenda con su cantidad de pasos. Deseo, secretamente, que en un día haga dos veces la distancia de la tierra. Claro que es imposible. Es más imposible para él, por supuesto, ya que se la vive dormido. Perrito tiene un defecto congénito y no procesa las proteínas. Es como...

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Ligera satisfacción

Escribiré breve estos días, justo como he venido haciendo, para terminar la novela y no volcar mis ideas únicamente en el blog. Pero hay otras cosas que puedo liberar aquí, como mis caminatas, mis procesos mentales y creativos, mis ligeros desvaríos, mis pláticas con los amigos inanimados, mis pláticas cuando mi mujer duerme, porque ella no cesa de platicar cuando duerme. Mi mujer y sus gruñidos, sus suspiros, y sus ligeros ronquidos (tiernos, amorosos y angelicales ronquidos). También esta la cuestión del perro que ocupa el espacio entre nosotros (cual hijo) cuando alguien levanta las sábanas y por el...

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Un hombre y su perro

En mi casa se prohibían las mascotas… mi abuela solía decir: “Es que son muy sucias”. Mi madre agregaba: “No tenemos espacio”. Por eso crecí con cierto temor a los perros (sin embargo, no temo a las perras). Un perro me persiguió –en varias ocasiones– cuando era niño por todo el mercado donde mi abuela abría su puesto de zapatos. Sin embargo, ya luego en casa miraba la televisión, y aparecían de repente esos programas televisivos donde un niño y su mascota parecían ser los mejores amigos y aún cuando se repetían las palabras en mi cabeza (sucios, no...

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