Etiqueta: duveth

Un momento de cariño de la muchacha que parece muchacho

Publicado originalmente en LJA Podría hablar de otras cosas en este muro de los lamentos, pues hay muchos temas muy sabrosos que andan como papalotes en el aire. En cualquier momento, se pronostica que alguno nos caerá en la cara, y saldrá el listillo de siempre, se acomodará los lentes, y con una voz atiplada y crocante, exclamará: “Se los dije”. Pero no podemos vivir con el eterno miedo de que eso nos pase; debemos ignorar concienzudamente para ser felices y sobrevivir a la perpetua angustia de que el papalote nos agarre con su cola, y nos haga volar...

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En honor al olvido

Publicado originalmente en La Jornada Aguascalientes. Casi puedo jurarles que la semana pasada, un viernes en la tarde, cuando ya había terminado con todos mis deberes laborales y conyugales (digresión: siempre me ha dado gracia, como a un niño de once años, cómo los abogados le dieron el nombre jurídico de «el débito carnal» al jubiloso acto de refocilar con su pareja), entré a mi oficina y escribí durante una hora, más o menos, la columna de la semana pasada. Eso puedo verlo con claridad: un tipo parecido a mí (palabra chipocluda: mi sosias), en un afán vanidoso, escribe...

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34

Pedir como un infante Aparentemente pedir nudes sí funciona. Me las han mandado de todos tipos y colores: suicide girls, chicas dibujadas, mujeres famosas. Quizás, más tarde, haré una recopilación de todos esos regalos virtuales para que vean el álbum de un viejo putito y puerco de 34 años. (Qué feo pero… ¿para qué envejece uno sino para transformarse en un hombre respetable o en un viejo putito y puerco? Creo, finalmente, que lo segundo es lo más divertido. Tiraré al caño mis pequeños odios, mis preocupaciones, mis pobrezas. De ahora en adelante, como siempre lo he temido, el...

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Casa  13

Mi esposa y yo vivimos en la casa trece. Me pregunto si no debimos ser más supersticiosos. Hoy me imaginé viviendo en la once o en la siete. Como no soy japonés, también me imaginé viviendo en la cuatro. Quizás no hubiéramos tenido aquellos horribles problemas de tubería. Entonces se me ocurren otros cambios: mejores trabajos, distintas oportunidades, quizás habría ganado otros concursos, hubiera escrito otras cosas. Pienso en otros que fueron afectados por nuestra decisión: don Chino nos hubiera durado más, Rubén no hubiera sufrido un ataque, a la empresa familiar le iría mejor y, quizás, no habrían asesinado a E con un martillo. Empiezo a creerlo. En la casa 23 nos esperaban mejores cosas, una línea temporal alterna cuya distancia diminuta de la 13 hubiera cambiado tantas cosas para bien. El consuelo es un seductor poderoso, una mentira agradable. Post-it: Saltar al otro lado no siempre es para...

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El beso

Anoche, mientras esperaba que embolsaran el pan, Sol tomó mi rostro y súbitamente me dio un beso. Durante toda la noche y parte de esta madrugada, he pensado en ese momento de amor espontáneo. Fue más entretenido lo que pensé justo después de recibirlo: “Algo habré hecho bien”. Como perrito que recibe su galleta. Traté de hacer un recuento del día, de las cosas buenas o gentiles que hice, busqué alguna que fuese especialmente agradable para ella. Difícil. ¿Qué puede haber de bueno entre todos mis episodios malhumorados que tengo (cuando escribo, o cuando arreglo un texto, o cuando me quejo de la mala educación de los ciclistas)?. También existe la posibilidad, en realidad, que fuera un meditado, bien preciso, momento de crueldad porque antes del beso, imaginaba la torta enorme que me prepararía con el pan rústico del walmart. Cual héroe televisivo mexicano. Ah… debieron ver ese pan. Era el padre de los bolillos. La misión del beso era quitarle sabor a mi gula, redirigir el pecado y la educación sentimental a otra parte: al cuerpo en vez de la comida. El beso fue un recuerdo: somos tal para cual. De cualquier modo, decidí suspender dicho beso en el tiempo (Facebook, santo patrono de los momentos suspendidos y triviales), ese pequeño enigma. Quizás pasados unos años, cuando vuelva a leer esto, decubriré lo que hice...

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De la carretera y sus caminos misteriosos

La Navidad en casa de los Salazar es para el estómago. Ya conozco el ritual donde mi familia platica y preguntan los antojos. A los días siguientes se hacen las compras. No falta la ensalada de la abuela, la pierna, los pasteles y los helados. Comer, dormir y ver películas o series a través de la red inalámbrica. Eso, al parecer, es un cielo personal. El cielo de un hombre moderno, escondido en su pedazo de ciudad. Totalmente contrario a las costumbres familiares de mi mujer, que involucran los paseos a las tiendas, curiosear los aparadores, atravesar los ríos de gente, las búsquedas de luces, las visitas a todas las familias para comer el famoso recalentado, el cine de fin de semana porque luego no hay otra cosa qué hacer. Tal vez se debe a que mi familia es pequeña y viven en un lugar pequeño. Este año, disfruté mejor esa costumbre pasiva de mi familia. Debe ser la edad y mi estómago, infinitamente más grande. Ya no tengo el mismo hervor para quejarme del frenesí capitalista y que diciembre es la época donde los diablos nos piden más dinero y una línea de crédito más grande. Me auto regalé una cámara de bolsillo. Jugué junto con mi hermano pedazos de historia en 16 y 32 bits (Ninja Gaiden Trilogy y Castlevania Rondo of Blood). Vi a mi esposa...

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Pequeños mensajes

Me deja pequeños mensajes: en una taza de café, en un cuaderno o la nueva posición del hombre de madera. El hombre de madera me presenta el mensaje en el cuaderno, y un café me está esperando. Los pequeños mensajes que dicen que todavía nos queremos, todavía nos amamos. Como un ninja del amor,...

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Día de los muertos

La calabaza, generalmente, esta en la parte de atrás de la casa. En las temporadas de lluvia se llena de agua y se convierte en el país de los mosquitos. En las temporadas de sol, pierde color. Se lo sacude de encima como un perro. Luego llegan las fechas, se limpia, se lava y se saca al jardín. En las noches, sus entrañas son una vela prendida. La calabaza espera ese día del año, sonriendo… bueno, siempre está sonriendo. Así la hicieron a la pobre. Sin ojos, mira a los niños con sus calabacitas y sus disfraces, pidiendo dulces....

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Sabadeando con Sol

Salí a tomar fotos con el modo ráfaga de la cámara, las pegué todas en iMovie y le agregué “You’re my best friend” de Queen. Espero mi mujer tome esto como el regalo de aniversario y me quiera más. Tal vez, en algún momento, haga una versión enorme de mi caminata regular....

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