No mires con atención el reflejo de mis lentes.

Agustín Fest (aka: arboltsef) estudió media carrera de Letras Inglesas en la UNAM y media carrera en sistemas. Trabajó diez años en publicidad. Publicó en varias revistas: Penthouse México, Venga!, ¿Dónde ir? y en el suplemento cultural de Guardagujas (Jornada AGS). Actualmente escribe una columna los lunes en La Jornada Aguascalientes con el nombre de La escuela de los opiliones. Ganador del Concurso Nacional de Cuento José Agustín 2012 por su cuento: Lotófago. Recibió una mención honorífica en el concurso de Novela Breve Amado Nervo 2013 por su novela Dile a tu mamá que se calle (antes llamada: “El monstruo”), publicada en una coedición entre la Universidad Autónoma de Nayarit y Ficticia Editorial.

Los libros que ha publicado digitalmente: La torre de los sueños, Escorpión de sangre y El libro de marte, entre otros.

Participó en dos antologías post apocalípticas: Así se acaba el mundo (Editorial SM, 2012) y Diarios del fin del mundo de Recolectivo (Kala Editorial, 2009). Fue parte de Jóvenes Creadores (FONCA) 2013, en la especialidad de Cuento por su proyecto: Las múltiples vidas de Mateo. Publicó Panteón de plumas negras (Pearson, 2017) y fondeó un libro de cuentos, Aquí no es el cielo (3demonios, 2017).

Tiene una editorial digital de traducción la cual maneja junto con su esposa en 3demonios. En ella trabaja traduciendo, principalmente, cuentos de hadas, fábulas y rimas infantiles aunque sueña, algún día, con traducir todo lo que ha escrito Charles Lamb.

Durante diez años trabajó en su primer blog el cual tuvo tres etapas y tres nombres: “Árbol Tsef Thaed – Cibernauta”, “Árbol de los Mil Nombres” y finalmente “árbol 2:17″. En aquel blog publicó novelas inéditas, cuentos, minificciones y la crónica de su cacto come-gatos, come-niños. Durante un tiempo metió su cuchara en un taller en línea de ficción llamado Metatextos (metatextos.com) y fue administrador de un blog llamado Big Blogger (big-blogger.net) el cual se manejó como un foto reality. Finalmente decidió abrir un blog más, esta vez con su nombre, donde piensa rescatar algunas anécdotas, crónicas, columnas, cuentos y pretende escribir como en sus inicios: una cuenta muy sencilla de los días. Quiere escuchar la primera música, la del desvelo.