Autor: multiplesvidas

Página 31

Parece que has llegado al matadero. Perdón, antes había un letrero en la puerta pero alguien lo quitó y qué incómodo. Pásale por aquí, te voy a contar cuantas veces ha muerto Mateo. Aquí guardamos todos sus cuerpos en sus múltiples formas. Mira, este murió calcinado por el fuego de un dragón. Este otro murió por los cuchillos de una señora que es muy habilidosa con los filos. Este que ves aquí, es el cuerpo de Mateo que murió masticado por las doscientas bocas de un dios nostálgico. Estos son los Mateos golpeados, estos son los suicidas y estos...

Leer más

Página 21

La página 21 es autobiográfica. Por ello no está amarrada a ninguno de los cuentos. Sin embargo, existe porque me gustaría darme esta pequeña libertad para contarles lo mucho que me emocionaban estos libros de escoger tu propia aventura cuando era niño. Es como si me hubieran descubierto el aspecto lúdico de la lectura porque en la escuela, a veces, sobre todo en materias manejadas por hombres de saco y sombrero, aburridos, tan jodidos por sus padres, gracias a ellos, leer era aburrido. Quisiera echarles la culpa a esos hombres por mis dos exámenes extraordinarios de física, uno de...

Leer más

Página 43

Mateo soltó el libro de Boris Santiel. Nico se le quedó mirando, con unos ojos brillantes y perversos. No sabía cómo explicarle lo que acababa de suceder. Para él era evidente, porque él tuvo el libro entre sus manos, aún podía sentir su presencia y la multiplicidad de ojos que se le echaban encima. Sin saberlo, habían cruzado el umbral entre la ficción y la locura múltiples veces y eso había liberado aquella sombra que ahora se ocultaba entre las paredes, entre todos los libros de la biblioteca, debajo de los dinteles de las ventanas como diminutas arañas que...

Leer más

Página 82

El lector está ocupado con uno de sus delirios carnales. Este delirio puede ser Brad Pitt, Mónica Bellucci, Silvia Pinal o Nicola di Bari. No nos vayamos tan lejos: quizás es la vecina de la casa de a lado, el mecánico de confianza, un abogado guapo que alguna vez le ayudó a cambiar una llanta o su contadora. Está pensando en irse de copas con esa persona o, mejor aún, en vez de pensar, en su imaginación ya lo hizo: por fin le invitó a salir y ahora se están divirtiendo, mientras el compadre hace todo lo posible para...

Leer más

Página 26

Cómo crees que un flacucho disfrazado de Batman que trepa los muros de los edificios y siempre tiene encuentros con algún famoso va a saber lo que está pasando. No seas así. Mejor pregúntale a tu narrador de confianza. Aquí estoy. ¿A poco creíste que me había ido? Nombre, aquí estoy siempre, en algún lado, a la vuelta de la esquina, a sus órdenes. Está bien, está bien, a veces mis berrinches rompen las cosas pero es que desde el inicio del libro me pregunté muchas cosas y ya no sabía qué hacer, para dónde irme y todavía no...

Leer más

Página 28

Estoy seguro de que había un narrador por aquí. Lo sé porque yo lo conocí: era un buen tipo, o tipa, no sé pero era de esas personas que bien pueden ser tus compadres, en el sentido estereotípico de los compadres: de esos que beben contigo, te ayudan a conquistar a la morra, le esconden a tu pareja la infidelidad y tiran los dados de la noche para ver a donde se van. Sí, de esos compadres que después de la pedota, cuando te despiertas lo ves tirado junto a ti, con el lipstick pintándole toda la cara y...

Leer más

Página 69

Yo no fui, dice la voz en el teléfono, yo no lo hice. ¿Se lo dirás a alguien, por favor? Sólo díselo a alguien. No dejes que me vaya así. No dejes que se pierda mi inocencia. Ya mucho haces con escucharme pero la salvación de mi alma depende de qué se lo comuniques a alguien. Si no lo haces estaremos perdidos. ¿Escuchas? Ya vienen por mí. Tiene rato que me persiguen. ¿No los oyes? Ahí vienen, vienen todas esas manos, esas patas y esos ojos a devorarme, a convertirme en un espiral de carne. Ya me agarraron hijo,...

Leer más