Es cierto: es un pez con piernas corriendo a toda velocidad y está a punto de arrollarte. Perdóname pero… ¿Cómo no pude darme cuenta antes? ¿Cómo es posible que lo haya confundido con un auto? Quizás por las propiedades curvilíneas y aerodinámicas de ambos cuerpos: autos, peces; tienen mucho en común. El pez no choca contigo, te rodea y sigue su camino, navega igual de bien en la tierra como en el agua. Somos de poca importancia para la vida submarina, quién diría. Pero… ¿Por qué nadie se ha fijado en el monstruo? Miras a tu alrededor: las calles están más vacías que de costumbre, no hay gente asomada por las ventanas, el ruido de los autos y del tráfico se ha desvanecido. ¿Acaso entraste a un sueño? ¿Brincaste una realidad y ahora te encuentras en el corazón de una pintura surrealista? Te frotas la cara con las manos. Quizás lo único que necesitas es una buena taza de café para despertar. ¿O seré yo quién la necesita? ¿Y si soy yo el del problema? ¿Será mi culpa qué ni siquiera sepa dónde estamos, qué estamos haciendo aquí y a quién estamos buscando? ¿Quién soy? No puedo hacer estas preguntas. Necesito continuar con mis obligaciones: Debo contar esta historia. Ahora, si mal no recuerdo, estábamos buscando a alguien. ¿No? Teníamos un caso, un misterio que resolver. Enfoquémonos en eso.