Cómo crees que un flacucho disfrazado de Batman que trepa los muros de los edificios y siempre tiene encuentros con algún famoso va a saber lo que está pasando. No seas así. Mejor pregúntale a tu narrador de confianza. Aquí estoy. ¿A poco creíste que me había ido? Nombre, aquí estoy siempre, en algún lado, a la vuelta de la esquina, a sus órdenes. Está bien, está bien, a veces mis berrinches rompen las cosas pero es que desde el inicio del libro me pregunté muchas cosas y ya no sabía qué hacer, para dónde irme y todavía no tengo idea de por qué, si yo debería tener el control de esto. ¿Te acuerdas de Adam West? Qué difícil para él, me imagino, poner cara de verdadero detective cuando estaba deconstruyendo las tramas de un villano llamado el Guasón, por ejemplo, o las del Pingüino. Qué difícil. Hoy en día nos es más fácil porque hacen unas películas multimillonarias y los efectos especiales nos ayudan, ciertamente, a entrar en eso de “suspender la desconfianza” (suspension of disbelief). Pero algunos tontos, yo me incluyo, vivimos la vida con ganas de entender siempre lo que está pasando, que alguien no los explique y nos dé una pista satisfactoria para que podamos dormir tranquilos esta noche. Santas argucias, Batman. Nomás abren una puerta y este loco se libera.