Gerard se levanta de la mesa y mira a sus hermanos, incluso a Colette, quien ya estaba preparando la vara de madera para tranquilizarlo si era el caso. El niño se toca los colmillos con la punta de los dedos y sonríe. Sus hermanos parecen entender. Todos abren la boca y expulsan los colmillos de su boca. Digamos que en este universo, Colette nunca tuvo oportunidad de controlar a sus hermanos, porque sus hermanos fueron creados con un propósito divino: no sólo podían crear el caos a través de sus acciones más comunes, vulgares o tontas, sino que su propio cuerpo estaba preparado para ello.

Es decir, Gerard mordió el primer pedazo de realidad y la casa, entre sus dientes, se deslizó como un pedazo de tela para revelar, detrás de ella, como si de un telón se tratara, lo que algunos seudocientíficos llamarían antimateria.

Sin embargo, como soy el narrador y todavía existo para contar esta historia, es como si el pequeño Gerard hubiera mordido la página número veinte de algún libro y entonces, el siguiente pobre desgraciado que tome ese libro entre sus manos verá interrumpido su sueño de crearse un mundo paralelo, donde Colette y sus siete hermanos, con nombres franceses algunos, y nombres aparentemente franceses los otros, luchan una encarnizada batalla por el caos y el orden, a través de una vida rutinaria y pobre.

Odette dio otra mordida y, para su sorpresa, se llevó un pedazo de Colette. Pero se lo llevó de manera tan irregular, que Colette ya no parecía Colette, sino otra cosa, como la silueta de una mujer borrosa en una pintura impresionista. Ella trató de pegarle a Odette con la vara, pero en ese momento, Gabrielle también dio una mordida, y se llevó a Gerard, y a Odette, y un gran pedazo del pueblo donde vivían, y las estrellas cayeron sobre el suelo como diamantinas, y el suelo se disolvió y rompió como pegatinas mojadas para revelar la antimateria seudocientífica, o bien, la verdad de lo que pasa con nosotros cuando alguien cierra un libro y ya no tengo más que decirles, porque queda uno, o dos, o tres de los hermanos, y ninguno me había visto porque me había escondido muy bien, pero cuando una de esas cosas tiene estómago para comerse un universo entero pues creo que es muy difícil esconderse para siempre, y creo que al final lo único que quedarán son esos dientes filosos, y como atraviesan esta realidad y espero que no lleguen a la otra, donde está ocurriendo una fiesta donde un muchacho vive múltiples vidas, o peor todavía, el lugar ese donde existe esa persona que las escribe todas y se llama crunch, crunch, crunch.

Crunch, crunch, crunch.

Crunch.