“Estoy molido”, pensó Mateo, “¿cuántos años van?”. No lo sabía con certeza. Se acarició el muñón de la mano izquierda. Apenas llevaba nueve meses y algunos días como pinche. Le crecieron la barba y el cabello; los tenía grasosos y húmedos. Se levantaba todos los días, a las cuatro de la mañana, para limpiar los mataderos. Solo así le daba tiempo de tenerlo listo para las nueve, cuando llegaban los carniceros. Creyó haber dominado el tiempo, pero Filomena, en vez de felicitarlo le dijo, secamente, que Colette lo buscaba. Era para darle más trabajo.

También se encargaba del área de comidas, donde los turistas (como él los llamaba) tragaban, masticaban, rumiaban. No hacían otra cosa. Mateo quiso familiarizarse con esas personas, ya que los otros (cocineros y carniceros) lo trataban como pinche. Necesitaba aprender su rostro u oír sus conversaciones para no sentirse solo, pero Colette fue muy clara con que no podía verlos a los ojos y después de recibir un pastelazo en el rostro por cometer la falta, e hizo reír a los presentes, dejó de hacerlo por temor a la humillación. También perdió el interés por escucharlos ya que ellos hablaban en otro idioma, o a veces hablaban un español con un acento que le era imposible reconocer.

Quizás eran las drogas. Estaba casi seguro de que lo drogaban. Ponían algo en su comida (desayunaba después de limpiar los mataderos y comía a las 4 de la tarde) y se evaporaban sus ganas de hacer otra cosa.

Cerraban el comedor a las nueve de la noche. Mateo terminaba de limpiar a las 12. Entonces caminaba, las piernas cansadas y las manos pulsando, a dormir sus cuatro horas. Buscaba un sosiego a través de los sueños. Pobre mentira. Ser el pinche era su propia salvación: pronto descubrió que si no cumplía con sus obligaciones, su cuerpo se podría y se caía, como le había pasado con su mano izquierda, algunos dedos de su pie derecho y varios dientes. Si Mateo le tuviera menos miedo a la muerte, hace tiempo se habría quedado en el catre, esperando disolverse en el olvido. Pero aún no se resignaba, todavía no.