Las propiedades de la otra carne, de aquellos que vinieron hace muchos años de la profundidad de las cavernas, son curiosamente nutritivas. Nuestros bioquímicos han separado los componentes y además de la exorbitante cantidad de proteínas, contienen un vasto contenido de vitaminas y minerales. Una comida al día puede satisfacer la necesidad calórica y los nutrientes de una persona. Lo que venga después es gula. Aunque el alimento en sí no es castigador; puede digerirse fácilmente y no se han encontrado casos alérgicos. El único problema, a la fecha, es su sabor fuerte y amargo, pero bien condimentado puede pasarse por alto.

No todo es maravilloso. Los cerebros de las bestias, las cuales poseen propiedades y atributos insospechablemente benéficos (la cura del Alzheimer, del Parkinson y no sólo eso, quizás una alta posibilidad de extender los conocimientos humanos), tienen la mediana posibilidad de contagiar el Kuru a sus consumidores, así como pasó con ciertas tribus de caníbales africanos. Mucha gente viene aquí, buscando la cura, lo cual es bueno, ya que su sacrificio nos permite avanzar, lentamente, en el feliz estudio del consumo del cerebro de las bestias.

El riesgo es alto, muchos han muerto.

Creemos que las bestias hablan un lenguaje, usando gorgoteos y siseos, aunque la mayoría son solitarias y vienen en grupos reducidos a atacarnos. Nuestros hábiles cazadores las capturan y las someten con facilidad. Regularmente recibimos grupos abundantes para el consumo. Los cazadores agradecen la facilidad de la caza, pronostican que un ataque organizado significarían grandes pérdidas pero yo dudo: las bestias nunca han dado señal de inteligencia. Es irónico: animales estúpidos poseedores de un cerebro portentoso con la capacidad de curar los grandes males en el mundo.

Los cazadores comúnmente hablan de un aliento con el olor del azufre que las bestias expelen por el hocico. Me pregunto si en algún momento estas criaturas fueron las hijas del fuego.

—Cocina práctica y personal: las propiedades de la carne bestial, Antonio Lumbalgia.