Me gusta el azar. Me gusta tanto que siempre busco incorporarlo en lo que escribo. Por ejemplo, pienso: hoy debería escribir un recuerdo en la ficción que escribo y que el personaje tenga algo mío. También hago como que un personaje pierde un brazo porque de repente cayó una viga. El personaje de repente se enamora cuando ve a una chica de vestido azul pasar. El personaje se compra unas papitas porque encontró una tienda y tuvo un impulso, como un accidente, de disfrutar un momento salado. Algunas veces yo soy el azar: hoy me dijo que escribiera cien palabras.