Olvido.

Leí Erewhon de Samuel Butler. Es uno de esos libracos que escuché mencionar de manera intermitente durante mi vida. Como un susurro que apenas se recuerda, pero que está ahí, persistente. Cuando lo vi en mi lista de libros digitales, decidí copiarlo para leerlo durante las vacaciones. Estando en Cancún hice el viaje a Erewhon donde Higgs atraviesa un sinuoso camino porque cree que puede llegar a un lugar mítico. Es entonces que descubre el país de Erewhon (que al principio cree es el país de unos católicos legendarios), que esconde a gente bella y aparentemente perfecta. Me preguntaba, a medida que lo leía, ¿por qué tenía la sombra de Erewhon en mis recuerdos? ¿Lo mencionaron en algún momento de la carrera? ¿Lo hizo algún escritor de ciencia ficción como un párrafo introductor a su propia obra? ¿O leí fragmentos y ya no podía recordarlo? Me encogí de hombros y seguí leyendo, apreciando esa línea tan delgada entre el humor satírico y la creación, el estudio, de un momento filosófico.

Hasta que llegué a los capítulos de las máquinas entendí lo que estaba pasando. Samuel Butler es de los primeros que dedica una reflexión a las máquinas y como estás podrían apoderarse del mundo (un pensamiento más bien erewhoniano, y qué, la verdad, Higgs no pensaba que afectara a la propia Inglaterra). Esto es una joya para cualquier escritor de ciencia ficción: Una visión, una novela aparentemente arcaica, que esconde entre sus páginas el temor de que las máquinas industriales dominarán el mundo, adquirirán consciencia y aprenderán a reproducirse así mismas. Sí, esto me recuerda al monolito de 2001, al cual en 2010 (me parece) asocian con una máquina de von Neumann. Ya hemos visto este concepto utilizado en películas y en series: Cuando no es una máquina especial que se reproduce así misma, entonces es un robot construyendo a otro robot o una nanomáquina construyendo otras nanomáquinas. Estas máquinas se reproducen exponencialmente más rápido para hacer la tarea que una sola tardaría años, en cuestión de horas o minutos. Butler, a través de “El libro de las máquinas” imagina a las máquinas de vapor construyendo otras máquinas de vapor que pronto acabarán con el aire respirable y sugiere, de manera escalofriante, que las máquinas nos superarán en el camino evolutivo (Ideas de Matrix, Terminator). Aunque el texto tenía una apariencia arcaica, adquirió cierto tinte contemporáneo que me dejó muy satisfecho.

Otras cosas que maneja Butler, son el intercambio de valores morales. Toda la gente en Erewhon es bella al estilo, como dirían en publicidad, latino internacional (bronceados, morenos, rasgos bonitos). A los que enferman físicamente los acusan de criminales y los mandan a hacer trabajos forzados. A los que tienen un arranque de neurosis, o de maldad, los perciben como enfermos y los curan a través de terapia y autoflagelación. Los erewhonianos sienten culpabilidad por matar a los animales para comerse su carne, y como eventualmente llega otro profeta para decir que lo mismo pasa con los vegetales. Los erewhonianos buscan toda clase de excusa que les permita devorar la comida que los mantiene fuertes y dormir sin culpa. Otro de sus mitos es el mito de la “no-existencia” y dicen como antes de nacer, son espíritus en un mundo de humo y ambrosia, que se aburren de la eternidad y deciden, como una apuesta, entrar al mundo. Lo cual, según su filosofía, cuando sean humanos le deberán toda esa incomodidad a sus padres y jamás podrán pagarlo.

Corran a leerlo. Es gratis.