Baile regional.

Será el calor que está haciendo o será que Clarke, con sus odiseas espaciales, me hace pensar en el sol y como tiene un amorío distinto con cada una de las lunas de Júpiter. En la tarde he estado pensando en los besos, todos los besos.

Besos que se dan a la tierra después de no pisarla durante mucho tiempo, besos que se lanzan al aire en espera de que otro los agarre, besos a los muros que nos resguardan de la lluvia. Besos en el espejo que se dan, para practicar esos otros besos. Besar los zapatos de alguien porque cometiste el error de caerte, besar una telaraña porque no te fijaste cuando caminaste directamente a ella o besar la cabeza de un niño ajeno al que acabas de insultar. Los bailarines que sonriendo se acercan para hacer como que se besan, como que interpretan el eterno juego de seducción entre un hombre y una mujer.

Anécdota de los besos póstumos. Besos que se dan a la tierra de un cementerio, donde está enterrada nuestra madre. El beso que le das a un hombre que trabaja con una pistola vieja. El beso que le das a la mascota que te acompañó más de una década. Te despides de beso en la oficina, de una persona que no sabe de su fatídico destino. Besas la fotografía o el póster de un artista que acaba de morir, pensando pues, que has perdido un poco de ti mismo.

No se olviden, por supuesto, de los besos y el sexo. El beso que se da a escondidas, por debajo de los escritorios, adentro de las faldas o por encima de los pantalones. Besos al glande, besos a un coño apenas rasurado o bien rasurado. Besos en las pantorrillas y bien dados en los muslos. Besos que cosquillean y que, a la vez, hierven la sangre. El beso antes de dormir que inicia las caricias, el beso de las bocas mal olientes al despertar después una boca que no se desperdicia.

El beso que suena como a un verso, de palabras elocuentes y ritmo lírico. El beso que se da a escondidas y que, por un momento, niega la existencia de los límites morales (seas estos cuales sean). Besos de telenovela y bien iluminados, para que no veas el destello de saliva que unió a dos actores que –la mera verdad– se desprecian. La canción que es un beso porque la escuchabas durante el beso. El beso por la caricia y una caricia para el beso. Los labios que no se desprecian con tal de sentir sus texturas, los dientes que resguardan y probablemente, las travesuras de la lengua que protegen.