Ya muchos habrán escuchado del temblor de 8.9 grados richter en Japón. Ya habrán leído que las réplicas continuaron y ya habrán visto en videos de youtube del temblor. Lo pueden ver en televisión, lo pueden escuchar en la radio y seguramente su vecino de oficina, su familia, sus amigos o sus compañeros escolares, habrán mencionado el tema, aunque sea de pasadita.

Los profesores están usándolo como un ejemplo práctico para sus clases y los sacerdotes lo mencionan en misa para hablar de los designios demoniacos. Tembló en Japón, a 8.9 grados Richter (similar al 85, nuestro temblor cien por ciento mexicano) y las noticias no dejan de caer como gotas de agua. Está lloviendo Japón. Algunos periódicos usan en sus títulos la fuerza del temblor para llamar la atención, mientras que otros tratan de ser menos sensacionalistas y pintan los hechos como van.

El temblor de Japón no sólo es una consecuencia natural. Curiosamente se ha convertido en un temblor mediático en el que cada uno de nosotros estamos siendo observados en nuestras palabras, nuestros gestos. Hoy, 2011, que ya estamos más conectados, que ya nuestras palabras están llegando a cientos, a miles, a cientos de miles de personas, una desgracia natural como un temblor puede ser un momento delicado para nuestra personalidad cibernética. La gente se divide en dos: los que dan información útil y los que no. Los que no dan información útil, a su vez, se dividen en los que rezan por el alma de los asustados, los muertos, los agravados y en los que se burlan de la desgracia “para ponerle sabor a la vida y no se tome esto tan en serio por favor”.

Anoche me desperté a la 1:30 de la mañana por algún motivo. En ese momento, empezaron los primeros tuits acerca de Japón y el temblor empezó a crecer. De pronto pensé en la imagen de una señora gorda que presume de su intuición y suelta barbaridades como esta:

Porque así hay personas. Ven desgracia ajena y se ponen el saco. Con ello, medio dormido, estaba anticipando lo que iba a suceder durante la madrugada en twitter, en facebook, en dónde fuera que se permita la –libre y respetable– opinión de todas las personas que vivimos en este mundo. No pasaron unos minutos cuando un viejo amigo, Baldemar, tomó mi actualización como una burla al temblor de Japón. ¿Burlándome de la naturaleza? ¿Un hombrecito humilde parándose frente al temblor para tronarle una vuvuzuela en las orejas? Qué grande. Quería explicarle que no me burlaba del temblor, me burlaba de las reacciones, pero conociendo la necedad de Baldemar y mi poca paciencia por el sueño (y mis ansias por un cigarrillo), la discusión ocurrió así (léase, por favor, de abajo para arriba).

Momentos más tarde, muy lejos de mi discusión local, una mujercita de nombre Dulce María –“estrella latinoamericana internacional” que es “cantante, escritora, actriz, compositora, artista”– decidió que el temblor en Japón (y su consecuencia, un tsunami que prometía con afectar las aguas del mundo) eran una excelente fuente de inspiración para empezar a escribir su próxima canción. Dulce María, me imagino, pensó todas las rimas posibles y encontró una imagen que se grabó en su espíritu. Esto fue lo que decidió compartir a sus ochocientos mil seguidores:

El insulto en mi opinión, permítanme explicarlo y aclararlo, está en la redacción terrible y descuidada. Sin embargo muchos sintieron que su momento artístico carecía de gusto y que no debió, en ningún momento, jugar con las fuerzas de la naturaleza, la desgracia ajena y los aullidos de un corazón deseoso. Horas más tarde alguien crearía el hashtag: #DulceMariaQuotes el cual propone una especie de juego literario, que consiste en crear un puente entre dos eventos, uno sentimentalmente intenso y una desgracia natural o un infortunio. Por ejemplo–: “No te puedo quitar de mi cabeza como la bala que Aburto le metió a Colosio” (Ahora que leo esto, anda uno similar en circulación, pero con Cabañas como el actor que prestó su cabeza para el evento). El común denominador es el mal gusto para intentar la creación de un momento poético. Esto, durante el día de hoy, se ha convertido en un juego literario que como todas las cosas en twitter, se olvidarán tan pronto pase el temblor, pase Dulce María y pasen los participantes a otras cosas.

Dulce María, sea como sea, desató los sentimientos de ochocientas mil personas y a partir de ahí, al menos en México, siento que las opiniones del temblor han adquirido cierta brutalidad. Ya sea para reírse de eso, para condenar a los japoneses o para demandar que seamos más humanos. Imagínense lo que propicia la opinión de una sola persona en ochocientas mil cabezas. Una sola persona está imponiendo el tono de la discusión. También es interesante observar como ahora, ya cada vez es más fácil criticar a uno de estos semidioses postmodernos y que podemos hundirlo colectivamente, a través de nuestras opiniones y nuestras burlas, tan pronto ha cometido un error.

Dulce María se vio envuelta en la crítica. Sí… crítica mordaz, crítica ligera, crítica sin fundamentos, crítica acertada y crítica tan divertida, como los chistes jocosos acerca de Godzilla y su participación en el temblor. Así como un sólo tuit de Dulce María apareció en la pantalla de 800K seguidores, ella recibe… je, precisamente, el tsunami por las andadas de su corazón tan aventurero. Su tuit es la mariposa que aleteó y los resultados del huracán le llegaron con todo. En esos dos tuits está pide disculpas… lamentablemente, ella piensa que debería pedirlas por el uso tan desafortunado del tsunami y el manejo tan irresponsable de su momento inspirador, cuando debería estar pidiendo disculpas por su redacción tan mala y como está influyendo a ochocientas mil personas para que cometan atrocidades con el lenguaje. Esta noche se curará con unos tragos en alguna discoteca. Me imagino que saldrá con algunas de sus amigas artistas y platicarán en la mesa, mientras beben y beben un poco más, que ya no se castigue, que así es twitter, así es el internet, así es la gente, que la cagó y ya, que ya se disculpó y ya, que ella simplemente es un ser humano. (Lease, por favor, de abajo para arriba).

 

 

El momento de Dulce María no se acaba ahí. No sólo estamos hablando de ella. Dulce María es una piedra de ochocientos kilos. Yo soy una piedrita de 1.2 kilos, y un sólo comentario mío, bastó para que un amigo hiciera una observación que le pareció pertinente. (No acertada, pero pertinente y no dudo que lo hizo con una buena intención). Somos piedras que están aventándose contra un vidrio, piedras que no cesan de rajarlo y de hacer escándalo. Me ha sorprendido, mucho más que en otros eventos, la cantidad de opiniones que está brindando esta desgracia natural y la poca información útil que se está filtrando al respecto. No es de sorprenderse. No nos provoca curiosidad porque Japón está lejos y no somos los afectados. Dulce María ya sentó el tono de la discusión y de cómo debe tratarse este asunto del temblor, de tsunami y el susto que se llevó Japón. Dulce María ya venció a los noticieros.

También me han sorprendido lo tajantes, desesperadamente humanas, imprudentes o agresivas que fueron algunas afirmaciones durante este evento. Sentí que el espectro de colores corrió para todas partes. ¿Será lo mucho que ha aumentado la cantidad de gente que está usando el medio? ¿O será una necesidad imperiosa en destacar como alguien con una voz? ¿O qué está pasando que los comentarios suben de tono y no miden consecuencias? Esta es una colección de unos pocos tuits que me hicieron mirar y darme cuenta de lo mucho que nos sentimos involucrados, aún cuando no está temblando bajo nuestros pies o cuando no tengamos la fortuna o desventura de tener un amigo, familiar o hermano viviendo en Japón.

 

En contraste con todo eso, una mexicana en Japón nos cuenta que ha perdido su casa, en la zona de Sendai y que afortunadamente, su familia sigue con vida. Preguntándole más al respecto, me platicó que ha cancelado sus planes de boda por esta desgracia y que aún cuando no tienen donde vivir, todavía tienen el kinder donde atienden a niños de la zona. Su marido tiene un kinder que temporalmente están usando como un refugio para la gente, en lo que mejoran las cosas, las comunicaciones y los transportes.


Aurelio Asiain comentó en uno de sus tuits: A mí me admira menos la fuerza de la naturaleza, que doy por sentada, que las de la civilidad, la organización y la previsión del desastre. Asiain, como testigo del evento, ha ofrecido en su línea de tiempo información objetiva y precisa de lo que está sucediendo. Recomiendo que sigan su timeline si es de interés para ustedes, además de que está retuiteando pedazos de información que evitan el sensacionalismo de los noticieros que necesitan mantener a los lectores estresados a más no poder con la nota. Es posible encontrar información atrás de todo ese ruido.