Casta
Enrique González Martínez

De la cabaña agreste donde mora
la dulce paz con la frugal limpieza,
con el cántaro rojo a la cabeza
que de tonos de sangre la colora,

rapaza de hermosura tentadora
que a abrir los ojos al amor empieza
y que muestra la lírica belleza
de entreabierto botón, sale a esa hora.

Sus ropas, al andar, el viento agita,
adivínanse encantos de Afrodita
si la falda se ciñe a su regazo,

y modela la escasa vestidura
el breve seno, la gentil cintura,
la recia pierna y el fornido brazo.