Dar su apellido siempre le resultaba fastidioso. Cada vez que lo pronunciaba, la gente la miraba a la cara, extrañada o desconcertada. ¿Aomame? Sí. Aomame. Se escribe con los caracteres de verde y de legumbre. Cuando la contrataban en una empresa y debía utilizar tarjetas de presentación, había vivido muchas situaciones embarazosas. Al entregar la tarjeta, la gente se quedaba mirándola fijamente durante un rato. Como si de golpe le hubiera entregado una carta anunciando una desgracia. También había oído risas sofocadas al dar su apellido por teléfono. Cuando la llamaban en las salas de espera del ayuntamiento o del hospital, la gente erguía la cabeza y la miraba. Quizá se preguntaran qué cara podría tener alguien apellidado Aomame.

—1Q84 / Haruki Murakami.

La Jornada publicó un adelanto de la novela (recomiendo su lectura como un ejercicio), sé que muchos están tamborileando los dedos esperando ansiosamente su publicación. No he leído a Murakami. Esta es la primera vez que me topo con él. Me lo han recomendado en sus distintas formas, ya sea como novelista o con su ensayo de correr y escribir. Todo tipo de lector devora a Murakami: Lectores ansiosos, lectores primerizos, lectores perdidos, o no-lectores. La traducción es la promesa de una prosa sencilla y personajes complejos. Que gran forma de construir a dos personajes: Aomame, quien asumo es el personaje principal y el taxista. ¿Cómo logra que un personaje de un oficio común o qué uno supondría poco notable, adquiera tanta fuerza? Uno piensa en los taxistas aburridos o demasiado parlanchines que se ha encontrado en la vida y puede preguntarse si no esconderá algo, como el taxista de 1Q84.

La mención de Kafka es como un adelanto o un guiño a lo que vendrá. Un buen escritor anuncia y un buen lector se da cuenta. La invitación de que Aomame baje unas escaleras –rompa una ley que a nadie parece importarle– para evitar un absurdo como el tráfico que no se mueve y que no responde. El taxista rebelde que no escucha las notas del tráfico porque confía más en sus ojos –la situación que está viviendo–, que en la esperanza de escuchar lo que está pasando y esperar una posible solución. Es una prosa envidiable: la construcción de distintos caminos que pueden llevar a descubrimientos y recursos. Construyes en la cabeza un árbol de posibilidades y te preguntas por cual se irá, o si logrará sorprenderte.

Personalmente, prefiero esperar a que pasen unos años más antes de tomar a Murakami. Todavía está muy fresco el tono de sus historias en la gente y me las platican. A veces, es lamentable, eso le sucede a un libro y el lector se engaña con que no necesita leerlo. Mucha gente por eso desprecia el Quijote y se queda con la producción de la producción. El material condensado, procesado, ya por otras cabezas. Lo que prefieren aceptar en vez de la obra original.

Me he ocupado demasiado en leer a Onetti. Me estoy Onettizando. He leído las novelas de Santa María en el orden inverso que las escribió. He estado descubriendo al revés a personajes como Díaz Grey, Larse, Angélica Inés, Petrus. Que forma tan curiosa de traer un pueblo que fue hecho cenizas a la vida. Ver primero como estos personajes ya aceptan su destino y luego, descubrir una cierta “ingenuidad”. Una “ingenuidad” de la que dudan y está justificada de antemano por mi lectura inversa. Cuando termine sus novelas, sus novelitas, cerraré con los cuentos para redescubrir esos retazos de ficción que también surgen en Santa María. Completar el rompecabezas de Onetti.