Mi mujer solía sembrar zanahorias

Esta mañana, en algún momento de mucho silencio y quietud, me asomé por la ventana que uso para espiar al basset cuando sale al “cuarto de lavado”. Nico yacía acostada sobre las zanahorias de mi mujer, arrancándole el tallo y las hojas con los dientes. Pensé salir corriendo a gritarle no, cuando descubrí qué tomarle una fotografía sería más gracioso. Lo hice. Luego salí corriendo a gritarle que se bajara de ahí.

Mi mujer le llamó Nikki el día de hoy. Supongo que Nikki no habría estado tan mal. Nikki es diario en japonés.

Hoy intentó morder su primer cable. Uno de esos grandes, que seguramente le habrían metido un buen susto de haberlo logrado. En esa ocasión, le jalé la piel del cuello y le dije un no, bien fuerte. Eso parece que solucionó la cuestión del cable… al menos por el día de hoy.

Ha descubierto que la cama sobre la que duerme (no puedo decirle su cama, porque mi mujer rápidamente levanta la voz y me dice: No es suya, es del Killer) está compuesta de una colchoneta y de una base. Ha logrado meterse bajo la colchoneta y está explorando con sus dientes la base, buscando, supongo… hacer el agujero definitivo que la lleve a China.

Anoche intentamos que durmiera sola una vez más. Lloró como todo un campeón. Mi mujer me mandó un mensaje de texto diciéndome: “Ve a verla”. No lo hice, mejor fui a verla a ella y tuvimos una larga discusión de que no debía hacerle caso o sería peor el remedio que la enfermedad. Entonces el vecino golpeó sus paredes y como aquí son de papel, bueno, ¿qué decir? Entendí el mensaje. Suspiré largo y tendido, bajé por ella y por la cama donde duerme. La dejé conmigo en mi oficina Unas horas después la metí a la habitación. Durmió profundamente.

Releí en ese breve instante, que el basset hound es un perro de otros perros y qué no podía separarse ni un poco de la jauría o empezaría a chillar, buscando a su madre, sus hermanos, su familia. Mucha gente en uno de esos foros que hablan de mascotas, y tienen de avatares fotos de sus mascotas, y llenan el internet con fotos de sus mascotas (hey…), terminaban por aceptar al perro en la misma habitación donde duermen. Algunos, incluso, lo suben a la cama. Eso ya es inaceptable.

Mientras Nico dormía profundamente esa noche, yo la vigilaba mientras jugaba en el iPhone. En cualquier momento se tendría que levantarse para cagar y orinar. No podía permitirlo en la habitación, no con la alfombra. En algún momento me venció el sueño. Soñé que Nico se levantaba de la cama donde duerme, y que el Killer bajaba con ella, y que ambos, perros, orinaban y cagaban en la habitación, y lo único que podía pensar es que me había quedado dormido, y que ya había valido madre.

Hace unas horas, Killer y Nico compartieron la cama y durmieron juntos, separados por varios centímetros. Creo que eso es un progreso en su relación. ¿Qué se yo de perros? Killer, generalmente la evita, camina con las patas tensas cuando ella se le acerca, la rodea, se sube a los sillones para evitarla, aprovechando que la perra esta pequeña y no sabe aún que le será una de las cosas más sencillas del mundo. Killer, después de haber compartido cama, se bajó, la rodeó, levantó la pata y la marcó.

Se llevan maravilloso.

Esta tarde he pensado que lo único que escribiré durante varias semanas, es acerca de la vida y obra de la niñez de Nico. En este momento duerme sobre la base que hacía unos instantes quiso asesinar. No sabe que es un motor literario, lo ignora, no le importa. Lo mismo que no le importa al Killer, al cacto, a mi mujer, a mi familia o a mis amigos. Mientras Nico duerme, pienso en lo que hizo, lo que ha hecho y cómo puedo utilizarlo. En qué momento me servirá para una historia, o una anécdota, o un “blues” como este. Ya levantó la cara y me mira con tristeza, una oreja se alza en aparente interés.

Anoche, Nico me despertó con un suave llorido. La tomé en brazos y bajamos a la zona del cagadero. “Haz popó”, le dije y ella, al parecer, me obedeció. Eso o su vejiga débil coincidió justo en el momento indicado. Eso fue a las ocho de la mañana.

No recuerdo por qué cuestión le di un zape en la madrugada. Lloró fuerte. Algo habrá querido morder. Luego me reprendí, sabiendo que no puedes usar la mano con la que la felicitas por algo bien hecho, para castigarla. Un cachorro, un perro, no puede amar y temer a la misma mano o toda su vida vivirá en ansiedad. Es una perra en un sentido estrictamente animal, ¿saben a lo que me refiero?