Un mes de trabajo entero me costó rescatar el árbol. Tenía programado tardarme unos tres meses, sin embargo, una herramienta me facilitó el trabajo y además, tengo un backup disponible de manera inmediata. MacJournal, por si les interesa. También tiene versión de Windows. No sólo fue la herramienta, también mi necedad y numerosas noches de desvelo. ¿Por qué? Sólo es un blog. Ah, será que es un blog de ocho años de antigüedad. Ya tiene la edad de un niño menos caótico y, con suerte y unos buenos chingadazos, bien portado. Yo tengo la culpa del cambio por andar jugándole, moviéndole por ahí, y no estar preparado para una emergencia de este tamaño. Ya se tomaron medidas. Espero que en unos cinco años más, no pase algo similar y no termine por cambiarle el nombre a mi blog por “árbol deshojado” o una tontería así. Escribí un “FAQ” con los motivos del cambio.

Como escogí el camino largo para trabajar el árbol y su mudanza, tuve que eliminar muchas entradas. Los comentarios, aunque se pueden rescatar, significan otro rato de trabajo (de la manera rápida). Prefiero dejarlos ir (aunque gasté un par de horas en la investigación y el método). Eliminé algunas historias que definitivamente, no iba a rescatar, como la historia interactiva de Omar y el arbolito de los mil caminos. Los extrañaré dentro de todo el caos.

La parte más difícil, tal vez, es que durante todo el mes me senté a leer todos los años que pasaron. Ocho años de vida, ficción, lecturas, errores, cigarrillos, trabajos, familia y amores. Tiempos felices e infelices. Enojos, críticas y quejas. Momentos cursis, redacción del borracho y redacción del desvelado. Reviví a mis muertos, descubrí los amigos que perdí y los amigos que me extrañan. El tiempo esta frente a mí, es una persona y me habla. El tiempo me cuenta las anécdotas de mi pasado y me señala, con una pluma láser, las distintas etapas de lo que pasé y lo que ahora estoy viviendo. Miro el cielo azul y tengo que romper el silencio de las calles con música. Es difícil decir que no merezco esto, lo que tengo en mi vida y en mis manos, pero es posible.