Durante todo aquel tiempo, presentándose en lugares lejanos, de aquellos que uno ve en películas y en páginas de viajes, aquellos con los que la gente común sólo sueña, había visitado todos y cada uno. Los espectáculos siempre eran exitosos, la gente aplaudía al final y en eternas caravanas agradecíamos los aplausos. Él y yo, siempre juntos, viajando, conociendo gente importante, siendo reconocidos… aquellos tiempos.

Las mujeres, o las mujeres, siempre hermosas, siempre sonrientes, acercándose dispuestas, mas de una docena de veces presencie sus amoríos, cuanta mujer se acercaba encontraba cabida en su lecho, y yo, yo siempre a su lado tan sólo mirando, sin espacio en su vida más que coprotagonista en el escenario. Podría escribir una nueva versión de Don Juan Tenorio si escribiese su vida, con palabras dulces para todos los oídos femeninos que cruzaban su camino, tan atento, tan irresistible.

Pero el camino se acaba, el tiempo llega y aún al actor más guapo a aquel de la fantástica sonrisa, le empiezan a aparecer canas y arrugas, su piel se marchita y sus reflejos se alentan y los espectáculos son menos, el dinero es menos, la galanura es menos y las mujeres dispuestas… son menos.

Y ahora recluidos en este hogar de retiro, sigo a su lado, sigo presenciando todo aquello que me permite, lo único que ha cambiado es que ahora somos mucho más iguales que en aquel entonces, ambos somos un sombrero roto, esperando que se acabe el camino, esperando aún juntos que se acabe la función.

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Yushe, de vida programadora, de sueños una princesa haciendo camino. Despistada por naturaleza, amante del chocolate, el café y la buena lectura, con amigos suficientes e insuficiente tiempo.