¡Hermosa! Gritó carcajeándose al doblar la esquina y ponerme su rostro desaliñado directo al mío.

¡Pinche Trino, que susto me diste! Grité tratando de apartarme y recuperar el aliento para seguir camino a casa saliendo de la escuela.

Trino se ríe enseñando la ausencia de sus dientes. Ríe a carcajadas, hermosa, hermosa, hermosa, hermosahermosahermosahermosaaa dice riendo mientras se aleja con pasos vacilantes. A veces dice otras cosas viendo a ningún lado siempre son cosas incoherentes mientras camina tres pasos, luego se regresa dos, murmura y otra vez se echa a andar.

Trino es el loco de mi colonia. Todos tienen uno. El nuestro es inofensivo. El nuestro me dice hermosa cuando paso por donde está, ¿Cuantas chicas pueden presumir de que el loco de su colonia les grite ¡hermosa! Cuando van pasando? No me contestes. He sabido de locos de las colonias que andan por ahí exhibiendo sus partes. Trino no es así.

Trino existe en mi calle desde que tengo memoria. Se queda a dormir en un refugio hecho de pedazos de tabla y cartón en el lote baldío que está al final de la calle. Cuando lo veo con detenimiento pienso que debe andar en más de sesenta años. Come de lo que le dan algunos vecinos, lo acompaña siempre un trío de perros sarnosos a los que les da las sobras de las sobras y todos felices. Tener un loco en tu colonia parece saludable. Trino recicla. Papel, cartón, aluminio, vidrio. Junta costales con esos materiales que encuentra en los botes de basura. A veces en la calle o en la tienda oigo vecinas que le dicen a otras que ya no quieren tal o cual cosa y la otra le contesta déjalo a un lado de tu bote para que Trino se lo lleve. Trino se lo lleva y lo desaparece por más bulto que haga. Lo despedaza, lo destroza, separa los materiales, los pone en costales. De niños muchas veces mi madre amenazó con que si no recogíamos nuestros juguetes los iba a barrer hasta sacarlos al patio para que Trino se los llevara. Y más de una vez nos lo cumplió. Trino es el señor del costal de los juguetes y enseres de niños desobedientes. Luego de que junta muchos costales con diferentes materiales, los cambia por alcohol o alguna droga –supongo- con un tipo que trae un pick up destartalado que hace de intermediario entre la gente y la recicladora. Ese está mas loco porque pasa gritando “compro papel, aluminio, vidrio, fierro viejo” como si no supiera hace años ya que en la colonia tenemos nuestro pepenador oficial, que ya tiene todo perfectamente separado y empacado justo en el baldío al final de la calle. Nunca nadie le vende nada si Trino ya se lo llevó todo, sin embargo el tipo pasa desgañitándose. Está más loco que Trino.

Esos días, cuando ya hizo el trueque; Trino se pierde por semanas y luego regresa a pepenar de nuevo en los botes de basura. Cuando anda en la calle, te decía; murmura cosas, acontecimientos, números. Los perros huesudos como el lo siguen siempre.

Dicen que Trino no siempre fue así. Dicen que tenía familia y que era productivo. Productivo, dicen, como si reciclar papel, cartón, aluminio y vidrio no lo fuera, como si mantener libre la colonia de de gatos latosos y botes de basura volteados no fuera ya suficiente trabajo. Dicen que tenía esposa, hijos, un trabajo, que era periodista, que intentaba ser escritor pero algo pasó. Una vez en la tienda de don José escuché decir a la profe Juanita que trino era su hermano. Recuerdo que salí de la tienda pensando que había oído mal. La profe Juanita tan estricta, tan piadosa y justa venir a dejar a su hermano pudriéndose en la indigencia. Algo no cuadraba pero cuando se lo conté a mi abuelo el no pensó así. La gente con el tiempo toma decisiones y aprende a vivir con ellas. Probablemente Trino eligió y perdió. Por mas crudo que nos parezca la profesora pudo haber intentado algo, o puede que no, ¿Cómo saberlo? Mi abuelo dice que es muy delgada la línea que divide la cordura de la locura y que Trino es feliz así, murmurando sus números, sus temas, absorto en sus asuntos, caminando dos pasos y regresándose tres, gritándole hermosa a cuanta mujer encuentra en la calle, que a lo mejor un día fue cuerdo y no se dio cuenta cómo fue que lo perdió todo por que llegó al límite: Al límite de que no le alcanzó la pluma, para dividir la línea.

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ReD. Contadora cuentacuentos bajacaliforniana que reside en Tecate, escribe desde el 2004 en 7DuendeS. Adicta a la luna y a todo lo que tenga que ver con el desierto.