En esta sociedad de consumo frenético, es curioso como todo lo queremos dulcificado y resumido. Algunos no pueden soportar la idea de usar acondicionador y champú por separado, y necesitan comprar el producto que los contenga ambos. Otros, no pueden soportar la idea de leer una novela y se conforman con la película de dos horas. Otros tantos, en vez de tomarse un agua de limón y comer papas asadas, para ahorrarse la quema de carbohidrato que significa hacer la comida y el tiempo… compran Sabritas.

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Hice un viaje al estado de México el día de hoy. El calor, el tráfico y los viejos recuerdos, en vez de molestarme, me mantuvieron tranquilo todo el día. Pensé darme una vuelta por el parque Naucalli y enfrentarme un par de demonios. Vivir una pequeña aventura muy personal. Los largos viajes en pecero me dieron la oportunidad de continuar leyendo la antología de Bryan Aldiss y escribir en mi moleskine. Vi una niña con ojos grandes y hermosos el día de hoy que le prestaba atención a mi libreta y a los muñequitos que cargo en la mochila, pensé en regalarle uno, pero se quedó en pensamiento. También una bebé se me quedó mirando y callé un pequeño impulso de pedirle a su madre que me dejara cargarla un segundo. No fuera a pensar que soy una especie de pedofílico.

Siempre me han gustado los bebés.

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Mis decisiones tal vez no serán las más acertadas, pero son mis decisiones y eso basta. Hoy escuchaba a Odette platicarme de su novio. Dejé que me hablara, me gusta escuchar a la gente y pensar en la naturaleza humana, analizarla, sacar mis propias conclusiones. Diagramas mentales que me permiten elaborar personajes más complejos. Después que platicamos, mientras regresaba a casa pensaba que debiera iniciar un cuento con la línea: “En el jardín trasero del señor Prick, vive un monstruo disfrazado de ninfa”. Pensaba en el señor Prick, un hombre delgado, nervioso, de lentes y dedos de artesano. También pensaba que debiera escribir otro cuento relacionado al universo de “Amante de Dios”. Luego pensé que podrían ser una serie de cuentos. Finalmente, hice una escala en Jaramillo… ese viejo pueblo, infeliz, gris, estático…

Y me sentí solo, con todos esos pensamientos revoloteando… dando vueltas en mi cabeza, que ninguna otra persona podría comprender porque no hay manera de escribirlo todo.