Regularmente piensa: “Vamos a bailar tú y yo grandota, aunque la vida es un chiquero”, porque ya esta loquito, cuatro años de inactividad afectan a cualquiera, y por más que piensa en sus piernitas bailando, y sus manos dominando la cintura de su negra linda, no pasa nada… encerrado entre las piedras, el pequeño invasor extraterrestre mira la vida pasar. No sabía que el oxígeno afectaría de esa manera su sistema biológico metamórfico, y que se quedaría sin piernas, y sin brazos, y sin cordura. Sus pulmones y su estómago se adaptaron para alimentarse de dióxido de carbono y de las pequeñas moléculas de nutrientes que persisten en el aire. Su organismo es muy complejo, porque con los 4,000 químicos que se liberan cuando su negra fuma, tranquilamente los recoge y los adapta. El aire se torna en un festin y se alimenta contento, como cerdo en porqueriza.

Nadie le advirtió. Así comprendió porque ningún otro explorador regresó con noticias nuevas. Él fue el último en ofrecerse para la misión. Decididamente era el último, porque hicieron las festividades de una semana entera en su planeta natal. Esas festividades hablaban de la probable guerra. Aún recuerda las palabras del representante del Consejo–. Después de veinte ciclos de infructíferos esfuerzos por comunicarnos con la Tierra, este es nuestro último empujón. Este explorador nos traerá la victoria. En el caso que desaparezca, como los otros… hemos tomado la decisión de marcar al planeta Tierra como hostil, e iremos en la búsqueda de él y de sus compañeros con nuestras flotas de guerra. Rayos letales romperán su cielo –El Consejo ya sabía, por supuesto, que no iba a regresar y necesitaban una excusa, como la necesitaron hace unos millones de años, cuando hicieron mierda a Marte.

Cuando llegó a la Tierra, en su navecita, el campo gravitacional hizo que su nave se volviera loca. Eso y el tamaño, y muchas cosas que un científico podría explicar sin el mayor problema… tal vez. Hace muchos años, cuando su bisabuelo estuvo en la Guerra de Marte, una de las cosas que solía explicarles era la facilidad con que la nave había aterrizado. Que parecía una plumita en la superficie, y durante un espacio de tres años, admiraron el planeta durante su aterrizaje. –Un poco de belleza antes de destruirlo –decía el bisabuelo. No era rojo en aquel entonces, sino que estaba lleno de agua, árboles azules y una curiosa civilización a la que le gustaba hacer tacos de canasta. El bisabuelo ya estaba un poco loco, todos enloquecen cuando la inactividad y la vejez. Pensó en todo eso mientras su nave se volvía loca, los instrumentos fallaban masivamente y lo jaló el campo gravitacional de la Tierra a una velocidad, a la cual no estaba preparado. Tan pronto entró en la atmósfera, y gracias a que los sistemas de inhibición dejaron de funcionar, una serie de minerales, metales y otros elementos, hicieron una capa en sus pulmones que modificaron su cuerpo. En una esfera, consciente pero sin manera de comunicarse… qué diablos.

Cayó en un parque, donde una negra triste, que lloraba porque su novio le había abandonado. Recogió la bolita, que parecía tan abandonado como ella y lo guardó en su bolso.

Las naves de guerra seguramente se encontraban en camino y no sabía como podría comunicarse, para decirles que se detuvieran. No sólo la Tierra no había tenido la culpa, sino que iban a perder la guerra sin oponer resistencia. El invasor extraterrestre se ponía tristón y romántico, y pensaba que miles de negras en todo el mundo, recogerían a sus primos, a sus hermanos, a sus abuelos, a sus hijos. Ocuparían todos un lugar en las piedras, se alimentarían de aire, muchos años, tal vez siglos… milenios con su suerte. Mientras que en las noticias hablarían de las bolas de plástico, de quien sabe cual compañía (seguramente de los chinos, un término tan enigmático para él como cualquier otro que apenas entendía por la televisión y su falta de cordura), y de que nunca se degradarían y contaminarían el mundo. Tal vez así estaba destinada su invasión. Mirar a la negra triste, fumando frente a la computadora y desear bailar con ella sin poder hacerlo, hasta el final de los tiempos.

Foto: Kletova

Este cuento forma parte de los fotocuentos que escribí en este blog.

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