Le robé los lentes a mi jefa, el sombrero al abuelo y la corbata a mi papá. Gracias a los lentes, tengo un rato vigilándote y mi atuendo completo, es para intimidarte. Sabré exactamente cuando y cómo te robaste las galletas. Haré que confieses. Descubriré dónde enterraste el frasco, el patio no es muy grande y aunque podría buscar montecito por montecito, prefiero que confieses el crimen que cometiste. Puede que no baste un día, pero no importa, te seguiré día y noche, desde tu camino al kinder hasta tus visitas al baño. ¿Tú crees que cuando te pongas a jugar con tus amigas estarás segura? No lo creo, porque mi presencia estará ahí, constantemente, buscando la verdad que he protegido defender. Seré un buen policía como mi padre.

Cuando consiga las galletas, se restaurará el orden natural del mundo y pasará otra cosa, poco menos importante.

Habré resuelto uno de los casos más importantes de mi carrera: el primero de muchos. Un caso que llegará a la prensa nacional, tal vez internacional, y veré mi nombre en los periódicos. Las agencias más importantes de inteligencia querrán saber de mí. Jack Bauer querrá ser mi compañero. Restauraré el honor entre los policías mexicanos, que se han perdido en las garras de la corrupción y el desorden. Destruiré organizaciones criminales con mi sola presencia. Con una bazooka detendré a criminales que escapen por las calles, en sus camionetas llenas de drogas. Tan pronto sepa dónde escondiste las galletas, no habrá vuelta de hoja, puedo esperar aquí sentado el tiempo que sea necesario. Una gran fortuna me espera, un camino doloroso, pero honorable. Seguiré el olfato de las migajas en tu vestido como un perro. No importa que seas mi hermana, no puedo pasar por alto lo culpable que eres. La ley primero que todo.

Tengo hambre y quiero mis galletas.

Mi hermana ha dejado el patio y ha cruzado la calle. Un hombre vestido de jeans y con una chamarra de capucha, recargado en una camioneta, ha llamado su atención y le ha gritado por su nombre. Salgo detrás de ella y observo. El hombre también ha notado mi presencia y me llama con las manos. El hombre prende un cigarrillo. ¿Su cómplice? ¿Su jefe? ¿O el mensajero de alguna organización secreta y gubernamental? Dejo el sombrero, los lentes y la corbata sobre un banquito, iré como policía encubierto. Mi hermana se sube a la camioneta, no veo el rostro del hombre pero si sobresale su cigarrillo, me subo detrás de ella y cierran la puerta. Nos miramos mi hermana y yo. Seguramente, al final del camino, por fin habré descubierto dónde guardó las galletas.

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Foto de César Tzu.

Este cuento forma parte de los fotocuentos que escribí en este blog.

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