Esta caminata me ha llevado mucho tiempo, no tengo mapas, sólo una mochila con unas cuantas prendas de ropa y otros artículos básicos y de vanidad: una navaja de afeitar, un desodorante, un peine, una brújula y una navaja suiza. Nada más. Nunca he utilizado la brújula, bien debiera, para al menos darme una idea de hacia dónde estoy caminando. La verdad es que no importa. Trato de caminar sobre los caminos ya construidos, pero a veces los caminos terminan o caigo en el instinto natural del ser humano que es caminar en círculos. Es entonces cuando alzo la mano y pido un ride, que me lleven a dónde me tengan que llevar. Ha sido un viaje seguro y tranquilo hasta el momento.

Me dije que debía caminar cuando me harté de todo, cuando me sentía un personaje secundario de una vida. Un personaje de soporte en la vida de todos, exceptuando la mía. Creo que me sentí romántico, si… eso creo. Di el salto, y lo di bien. Esa mañana, dejé mi departamento, mi televisión de diecinueve pulgadas, mi home theater de 35,000 pesos. Tiré el DVD de Fight Club a la basura y me puse a caminar. Sabía que si miraba esa película una vez más, terminaría en mi sillón, asombrado, descansando la mente, pero sin disposición a saltar, a abandonarlo todo. Mi departamento ya esta pagado, supongo que puedo regresar a él, si alguna vez encuentro el camino de regreso. Llevo mi cámara pero no he tomado muchas fotos. Trato de tomar una diaria, en la resolución más pequeña que puedo, porque quisiera tomar fotos durante mucho tiempo.

Cometí el error de guardar mi CV en la mochila. Fue un impulso. Como si fuera a encontrar un hogar y en ese hogar necesitara un trabajo. Se me hizo mejor guardarlo de manera física, en cualquier momento podría llegar a un cybercafé, en alguna ciudad pequeña, bajarlo e imprimirlo sin el mayor problema. Pero quise llevármelo. No sé si es un recuerdo de la vida que estoy dejando, o si de veras, en alguna parte de mi espíritu espero encontrar mi siguiente casa. El CV no me ha servido de nada práctico. Para sostener mi viaje he tenido que ser mesero, incluso una vez lavé baños y alimenté puercos. Los viejos me han dicho que cualquier trabajo es digno. Es algo difícil de entender cuando en tu pasado, tienes un THX envolvente, retumbando los cristales de tu departamento.

Si me preguntan cuantos días llevo haciendo esto, digo que una semana, para que sientan que estoy a punto de rendirme en cualquier momento. La verdad son tres meses. Los primeros días no fueron fáciles, porque mi mente estaba cerrada a soluciones prácticas y rústicas. Estaba tan malacostumbrado al papel de baño, por ejemplo, cuando uno puede usar un periódico o sus propias manos. También esa necesidad nefasta de solamente usar encendedores y cerillos, para prender el fuego. ¡Aprendí a hacer fuego, usando piedras y palos! También se un poco más de los bosques. El primer mes, me perdí dos o tres veces en uno, sólo tantito, para ver que se sentía. En todas partes hay trabajos que nadie quiere hacer, en todas partes he aceptado uno o dos de estos trabajos, cuando me aburría de servir mesas. Es en serio cuando hablo de que he alimentado cochinos, y me imagino que mis manos alimentan un hijo pródigo, deseando regresar a casa. Escribiré un libro si alguna vez regreso.

Qué buena idea… el CV como papel de baño… ahora sé porque lo cargo conmigo.

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Foto de Lichita.

Este cuento forma parte de los fotocuentos que escribí en este blog.

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