Hace 7 u 8 años, mientras escribía “El Poder Gris” (una novela fantástica incompleta, la cual he aprendido a aborrecer poco a poco), tenía una amiga con la cual mantenía un intercambio saludable de correos electrónicos. Hablábamos un poco de nuestras vidas, le mandaba mis cuentos, las revisiones de los capítulos nuevos en el Poder Gris, ella me platicaba de sus cursos de Delphi, de cómo iba todo en Veracruz, de lo maravillosas que eran las personas ciegas. Apreciaba mucho esos correos electrónicos, porque de alguna manera era la única persona a la que tenía al tanto del Poder Gris, además de que todo se conservaba en un ambiente de cordialidad y de cotidianidad. No había nada fabuloso en ello, solamente era mantener una amistad a distancia, dónde las cartas escritas eran intercambiadas por apretar las teclas y darle click a send. Hablamos de una época dónde tenía mi e-mail era fest30617@usa.net (mails que creo ya no existen) y mi número de ICQ: 3085976. Antes de messenger, google y las redes sociales. Mi buscador por inercia era hotbot.com, me leía algunos artículos de wired y pensaba seriamente estudiar sistemas computacionales.

Nos dejamos de enviar correos. Ella creo que debía mudarse, o casarse, o algo así. O tal vez fui yo, que empecé a adoptar el arboltsef de hotmail. También tuvo que ver que usa.net dejó de ser un servicio gratuito y que traté de adoptar el yahoo mail como una opción. Quien sabe. Si la vida de por sí, muta y ofrece cambios abruptos cambiando toda la personalidad de uno, en unos cuantos segundos… en la vida virtual es peor. Dicen que no hay manera de borrarse del caché de Google, dicen que ahora es difícil retractarse de las palabras que uno ha puesto en su blog, porque tarde o temprano aparecerán, serán encontradas, desmenuzadas paciéntemente por alguien que nos conoce. Será así. Pero pienso que solamente es necesario escribir en algún lugar de la red que todo lo dicho fueron mentiras, y sólo fue eso… nada más. Afortunadamente tenemos el poder de arrepentirnos, de cambiar nuestros enfoques, de imaginar y entretener con las palabras.

Quisiera escribir de mi aburrida vida todos los días. Alguien podría interesarse por ella.

Cuando escribo, regreso muchas veces sobre una frase, cuidando las palabras y buscando sinónimos, para no repetir sonidos, tratando de que algo no se escuche mal. Tengo la manía de escribir como si hablara en voz alta, por eso luego se me van las comas, acentos dónde no van. Nunca he sabido utilizar el punto y coma correctamente. Si lo pongo, es porque estoy plenamente convencido de que ahí va e intento hacerme el interesante. Un punto y coma en lo que escribe Fest, es una señal de fortaleza y debilidad. No es ninguna excusa… y aunque me he leído varias veces la regla del punto y coma en mis momentos más aburridos; se me olvida y no lo hago. Pienso en el punto y coma como una función de sonido; es decir alguien que cuando habla en voz alta, medita más tiempo que una coma, incluso alguien que duda. Por supuesto que esas son pavadas. Algún día, cuando me encuentre de nuevo aburrido frente a la máquina y a lo que escribo, buscaré las reglas adecuadas y procuraré hacer textos que me obliguen a utilizarlo.

Lorena, el nombre de la chava de los correos, me habló hoy por teléfono. –No creo que me recuerdes –con eso empezó la conversación. El tono de voz me pareció de una adolescente. Me platicó de los correos, de los cuentos, de la novela que estaba escribiendo, de mi preparatoria, de la bitácora del 106… yo le escuché fascinado, buscando en mi memoria alguna pista de quien era ella. Cuando me habló del Poder Gris fue cuando hice click y pude ubicarla en mi historia. Confirmé que era ella cuando leí su apellido en un mail que me acaba de mandar. Su apellido era uno que no había escuchado antes. Me preguntó si alguna vez había publicado y le dije que no, que por el momento estaba como escritor independiente. Me felicitó por mis treinta y tantos libros vendidos y me sentí banalmente orgulloso. Luego me platicó de su hermana, que había muerto hacía dos años, y que ella se dedicaba a escribir cuentos. En estos días se ha dedicado a capturar los cuentos de su hermana y ha estado pensando buscar la manera de publicarlos, para que los lean. Aparte de eso, me recalcó que últimamente ha pensado mucho en mí y que se preguntaba que demonios me había pasado.

Para mí, fue una especie de shock… uno muy extraño, que me hizo consciente del tiempo.

No tuve la delicadeza de contarle mi vida hasta dónde se quedó ella… probablemente lo haga en un correo mañana. He leído su correo y después de leer la serie de tribulaciones por las que ha pasado, en contraste con su voz animada, me di cuenta de la cantidad de cosas que pueden suceder en ocho años y lo menos que puedes pensar, es que la vida te va a dejar quieto, sin importar lo que tengas o si eres “alguien”. Mañana, si… mañana, pienso hacer un recuento de esos ochos años dónde Lorena no supo de mí, y me daré cuenta de también de la fragilidad de mi vida, de mi tranquilidad y de los hechos que me han llevado a dónde estoy hoy, sin dejar de asombrarme la cantidad de cosas que pueden pasarme en ocho años.

Cuando me senté a la máquina, después meditar un rato acerca del tiempo, de ver tantas fotos en los 365days de flickr que hacen referencia al NaNoWriMo y luego luego de platicar con beam por el messenger, decidí inscribirme. Es muy probable que empezando Noviembre, dejaré de escribir la historia de la búsqueda de Bob, al menos hasta que termine la novela. En cuanto al blog, no creo abandonarlo, al contrario, aquí terminaré vaciando mis frustraciones y mis ideas. No tengo un título tentativo para la novela, no tengo una trama tentativa y lo único que siento, es el tiempo bajo mis hombros y la imposibilidad de controlar los eventos.

Es raro, mi querido diario.