Cada año nos reunimos la familia completa: La tía Cleotilde, la tía María Guadalupe, el tío Herculeo, el tío Gabriel. Y después, mis padres: Horacio y Juana. Luego mis hermanos, ocho, Agustín, Berto, Matilde, Ernesto, Lorena, Daniel, Pedrito y Horacio. Mis primos, por supuesto, los dos que más recuerdo son a Roberto y Alejandra. Los abuelitos ya no vienen, porque ya se murieron… pensándolo así, sería muy extraño que vinieran, si ya están muertos, no sé porque los he mencionado. Luego están los hijos de mis hermanos, que parecen conejos, porque cada año viene una cara nueva. Me pregunto… ¿cuándo dejarán de hacerlo? El motivo es tomarnos la foto, todos reunidos, y bien, ahora con las cámaras digitales es muy sencillo tomar una cantidad exagerada y subirlas al flickr. Cuando nos reunimos venimos a los Almendros, al menos es un coche por familia, y no se diga el tamaño de la cuenta, es lo que más me sorprende… cuánto puede costar tomarse una foto, cuánto puede costar reunirse. Finalmente, vamos a la casa de mis padres, quienes la heredaron a los abuelos. En mi mente, hago listas de aquellos que se presentan siempre… especialmente hoy.

Me alegro porque esta vez no se me olvidó la escopeta.

Foto de Ever Daniel.

Este cuento forma parte de los fotocuentos que escribí en este blog.

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