No puedo contarte esta historia porque entonces, él me descubriría y me encerraría en sus mazmorras. Pero hey, si tengo un par de chelas encima, ¿qué más da? Dicen que es el omnipresente Rey Satán, conduciendo un Cadillac rojo a toda velocidad, a veces como un chamaco lleno de barros, otras como dama de alta sociedad, pero el Cadillac rojo nunca ha de fallar. Corre a cientos de kilómetros por hora, en todas las carreteras y en todos los desiertos, le silba a las nenas que con su corrupto viento y ellas ya no se aguantan las ganas y se masturban, y los autobuses, perfectamente en forma, se descomponen repentinamente y tiran anticongelante y aceite, para después caer por el barranco. No le digan a nadie, pero le gusta escuchar la misma canción de “The Coral” todo el tiempo y ayer me habló por teléfono y me dijo: “Oye amigo, tú y yo nos vamos de viaje a buscar el sur, siempre al sur”. No entiendo porque me quiere llevar el Rey Satán, pero te dejo esta nota mamá… ya no me esperes, tampoco esperes tu mi amor, voy a un viaje al sur y presiento que no voy a regresar.

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Foto de Gibrán.

Este cuento forma parte de los fotocuentos que escribí en este blog.

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