Apareciste como un genio y ahora me vas a cumplir tres deseos. Primero déjame restregar mi pecho contra tu espalda, después permíteme ver cómo te crece y finalmente no me mires hasta que yo te lo diga. Eso es, se buen chico, siente mis dientes haciendo marcas detrás de tus hombros, siente como la dureza de tu cuerpo se concentra en una sola parte, como mis manos pequeñas tocan tus brazos grandes, como mi respiración golpea contra tu nuca cual rompevientos. Alguien nos observa, ¿ya lo viste? No, no lo has visto, estas muy ocupado con tu mano yendo al vientre, buscándote el sexo. Tal vez tú lo invitaste, ¿no? Déjate ahí, deja que yo lo tome, deja que yo lo acaricie despacito, no volteés la mirada todavía, siente como se agolpa el deseo en la punta de tu cuerpo, en la punta de la aguja que habrá de penetrarme despacito, en un ratito. O tal vez no tan despacito, así como escucho que deseas con los jadeos, como te aguantas las ganas de voltear y estrellarme contra la pared, alzarme de las piernas y esconder tu cara en mi pecho. Él, que nos mira, estará esperando eso. Él, que nos mira, seguro ya está deslizando las manos bajo sus calzones. Él, que nos mira, seguro ya no se aguanta nada. Pero él no me importa, sólo me importa que tú sigas aguantando, te prometo que no te vas a arrepentir, ¿sientes cómo mi mano ya esta frotando más rápido tu sexo? ¿Cómo te lo esta tocando firmemente? Es que también ya tengo ganas muchachito, pero no se vale, dijiste que me cumplirías tres deseos y si no te aguantas, ni siquiera será el sopor del primero.

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Foto de Caro.

Este cuento forma parte de los fotocuentos que escribí en este blog.

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