Me acordé, no sé porque motivo… pero me acordé de a un cabrón que le decíamos el Gansito (por la sonrisa y la cara [para los non-mexicanos, es un pastelito con el dibujo de un gansito en la envoltura y en los comerciales decía–: Recuérdame]) y como nos sonreía desde su coche, nos señalaba –traviesamente– con una mano hacia abajo, y un cuate, llamado Sócrates, se asomó por la ventana.