¿Netanil?

¿Es el nombre de una medicina? No lo sé… estoy en un cibercafé, mirando un par de cortinas improvisadas con quien sabe que material. Tengo comezón en la ceja derecha, lo que remite a un episodio de la infancia, donde tenía una rara alergia que me obligaba rascarme y rascarme las cejas, hasta quedarme sin ellas. Pienso que era stress, porque es bien sabido que el estrés es el origen de todas las enfermedades a partir de 199X. Mi abuela me llevó con un par de doctores hasta que uno de ellos hizo bien en recetarme una pomada que cuando se secaba, se hacía como el pegamento blanco se hace cuando se seca y lo retiras con los dedos, como una segunda piel. Piel de serpiente.

Este cibercafé me gusta porque cobra barato. He entrado a este, tres veces en total… y las tres por mero ocio. Creo que cobra como diez pesos la hora y si es fracción, sólo le agregan dos pesos. Las máquinas no son lo mejor, pero hey, no se puede pedir todo en esta vida. Además, ¿qué cybercafé no es barato hoy por hoy? Se llama [email protected] café y esta en algún lugar del paseo de las facultades, pasando los famosos tacos de canasta “My friend”. ¿Saben por qué se llaman así los taquines? Pues porque el que atiende se la pasa llamando a la clientela my friend para todo. Si los quieres con salsa, my friend. ¿Cuántos refrescos my friend? Se cuida mucho y hasta pronto, my friend.

Que ternura, una pareja de ancianos (65-70), están usando una máquina, leyendo mail.

Bob se asoma desde la mochila y observa a este netafílico. No le digan a nadie que me lo traje a la escuela. Esta un poco nervioso, porque ahora si, no ha abierto la boca para nada. O bien, será que lo de ayer fue un alucinación mía o lo escribí durante algún periodo de insomnio. ¿Y qué hago escribiendo en un cybercafé? No lo sé… porque algunos (recalcar: algunos) guardan en su sistema un tipo de recording de todo lo que haces, para que los que atienden, en su tiempo libre, puedan checar el mail de los clientes ocasionales, revisar que fue lo que hicieron y demás. Un cybercafé es el paraíso perfecto para un voyerista de la cybercapital. Bob también es un voyerista, se la pasa observando lo que escribo en la oficina, lo que corrijo con varios backspaces, las fotos que organizo diariamente, escucha las cosas que digo cuando veo a una modelo que me gusta cuando edito.

La escuela esta poco interesante… esta poco interesante porque me he atrasado en todo lo que tengo que hacer y entregar. Sube la dificultad con cada materia que tomo y a veces, pienso que no debería estar estudiando, sino escribiendo. Pero es cierto, ¿cómo puedo escribir si no sé leer? Hoy me sentí imbécil (como suelo sentirme en clases de alto nivel) y esta vez fue con Robert Browning. Es un cabrón… Browning digo, escribe de una manera imposible de describir. Creo que él es el siguiente paso, porque yo divido a los autores que me gustan por pasos. Los divido en niveles temáticos. Aprendo a escribir con ellos los temas que pueden aparecer en mi cabeza.

Me gusta la cafetería de Derecho, los jueves, porque no hay nadie y puedo pedir una torta cubana sin que se tarden. Así tengo dos horas libres para disfrutar contemplando a los fumadores de mota, perdidos en las islas. Y ahora que escucho cuánto anda cobrando el cabrón que atiende aquí (cybercafé), creo que subieron los precios… coño. Pero hey, desquitemos el tiempo que estoy pagando, escribiendo algo largo… largo… probablemente insoportable, pero indudablemente largo, larguísimo. Además, hoy cuando llegue a la oficina (casa) es casi seguro que me toque edición.

No me he atrevido a escribir nada serio últimamente. Y desde que estoy estudiando mi carrera, siento que todo lo que he escrito es sólo un bosquejo. Una miserable excusa para no dejar de escribir. Eso es bueno. Bob, Rigo y Van Gogh son buenos. Son amor. Duveth es amor. Tururú.