Mes: febrero 2004

Espirales

¡Qué si hacemos espirales en veinte laberintos, dice Chano! ¿Pregúntale a Chano, por qué quiere hacer infinito? ¡Qué si no te interesa, mirar la rotación de los mil planetas! ¿Pregúntale si no quiso decir, más bien, mil nombres? ¡Qué dice Chano qué hay veinte espirales en mil laberintos! ¿Pregúntale a Chano, si no era todo al revés? ¡Qué dice el reflejo de Chano qué no, qué así se ve! ¿Pregúntale al reflejo de Chano, cómo se llama? ¡Qué dice el reflejo de Chano, que Chano se llama! ¿Desde cuándo tú, el reflejo de Chano, y Chano igual se llaman? ¡Pues desde qué nacimos, Chano...

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El barrendero

Suspiró y siguió barriendo, con el sol escondiéndose tras los edificios. Izquierda y derecha, barrer y mirar la calle, se decía. No podía darse lujos como batman, o como López Portillo. ¿Cómo se atreve a morirse ese cabrón sin pagar? Al menos sufrió, pensó el barrendero de ropaje naranja y escupió en el piso. Continuó barriendo, había mucha calle en los horizontes que se perdía y se perdía. Desde el cielo, le habían dicho, la Ciudad se veía perfectamente bien estructurada. Él sabía que no era cierto, por como se movía en ella… o tal vez era cierto: Era una ciudad perfectamente bien estructurada, por un ogete. Suspiró y continuó barriendo. A su lado, su nuevo compañero (un viejito, muy chaparrito, de facciones alegres y ojos vencidos): Guadalupe Espártaco, empujaba los tambos y las escobas de ramas. Le miraba extrañado, como siempre a decidirse a decir algo pero no lo hacía. Fue ese día, mientras el barrendero barría, que Espártaco le sonrió y finalmente le preguntó–: ¿Cuántas llevas? –Como tres o cuatro calles, chinga… ¿por qué preguntas, si me has venido acompañando? –No me refiero a eso –dijo Espártaco riendo alegremente–, ¿cuántas vidas? –Sólo una y la que me dio el Señor Jesús. –Simón… –respondió alegre Espártaco–. Todavía no estás consciente, porque te quedan muchas por delante. Eres el quinto que veo en mis dosmil y tantos años de...

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El meneador…

Y lo hacía con un bélico furor, que en cualquier momento parecía que se le rompería. ¡Pero no! Es que el señor ya había agarrado callo (li-te-ral-men-te) y conocía, perfectamente, sus límites y sus estiramientos. Al igual que sus ojitos que se le ponían blancos, blancos… y aullaba como un vaquero, montándose en la taza de porcelana o en la tina turca como alguna vez...

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El meneador…

…de su tilín tilín con bélico furor mientras lo lavaba con el religioso cuidado de una virgen. Un hombre común, como cualquier otro… ¡Vaya! ¡Hasta podría ser un bloggero como todos nosotros! Imagínense a un burócrata, a un profesor de la escuela, a un señor barrendero o a un ejecutivo de alto grado… cómo quieran, es un hombre común, con una vida común y un coche común. ¿Qué más puedo decirles acerca de él, qué la palabra común no pueda describir? Tal vez… tal vez… si hay una cosita, una cosita pequeñita que se sale del contexto o de la obviedad de la palabra común, no digan a nadie que yo se los conté y préstenme su manita, –les prometo que no pienso menear nada con ella… solo quiero llevarlos de la mano, no sean tímidos… anden, anden chiquitos y chiquitas… acérqueNsen tantito… ¡vamos a jugar a los espías!–. Echemos una miradita en el mundo de este hombre común excepto por una cosita pequeñita… (asomémonos por la cerradura del baño) SE CONSIDERABA UN EXPERTO MENEADOR. (¡Nooooo! ¡No aparte la mirada! Mire usted, ni crea que se me escapa) Se miraba al espejo y se decía: Ayam Masturbeitor-verber. Le meneaba al tilín tilín con una sonrisota, que ni vean, mientras susurraba a viva voz: a huevito… a huevito… a huevito… así con un ritmo magistral. (apuesto a que se lo...

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I’ll describe the way I feel: you’re my new Achilles heel

Su desayuno son dos cafés cada mañana y tres o cuatro cigarrillos. Cuando se levanta, piensa que debiera dejar de fumar y en la noche, el sentimiento es certero. ¿Pero qué importa? Sus pulmones eran jóvenes, o eso pensaba. Y la primera línea, no puede abandonarla. ¿Qué hay de importante en el desayuno? ¿En los dos cafés de cada mañana? Hay un cuento encerrado, piensa, hay un cuento encerrado dentro de esa línea y merece ser escrito. ¿O serán mil cuentitos distintos? No lo sabe, se bebe su café y piensa… ¿por qué dos cada mañana? ¿Qué me encierras, querida línea, qué no me quieres...

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Un bote de cajeta

Despojarse de la ropa. Abrir el botecito de cajeta. A menos que te guste hacer porquerías en las sábanas, o los sillones, o donde haya tela –en general–, elige un espacio abierto y que pueda limpiarse fácilmente. Ponte el botecito de cajeta en el vientre para fácil acceso. Hunde los dedos en la cajeta y vulgaris dichotum est: atásquense puercos, que hay...

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Instrucciones para la masturbación con cajeta

Ingredientes necesarios. Un bote de cajeta. En caso de la persona femenina: Una vagina. En caso de la persona masculina: Un pene. También se puede aplicar estimulación anal. Si hay temor hacia los genitales, nada más abran la boca y digan ¡AH! Si eres transexual… pues me da gusto por vos. Sé feliz, sé creativo. Instrucciones de primera mano. Despojarse de la ropa. Abrir el botecito de cajeta. A menos que te guste hacer porquerías en las sábanas, o los sillones, o donde haya tela –en general–, elige un espacio abierto y que pueda limpiarse fácilmente. Ponte el botecito de cajeta en el vientre para fácil acceso. Hunde los dedos en la cajeta y vulgaris dichotum est: atásquense puercos, que hay lodo. Variantes. Dependiendo de la zona erógena con la que estés más… cómodo (en sí, este manual es para la zona genital, pero la zona bucal y la zona anal pueden ser igualmente explorables), toma cajeta con los dedos y distribúyela uniformemente en la palma de la mano. Frota en círculos sobre la zona erógena de mayor valor en tu escala de prioridades. Advertencias. No lo hagas en la misma habitación donde haya un perro o un gato. (Nota para los zoofílicos: En realidad, no me interesa saber). En caso de haber irritación, con agua o con un poco de leche. Aliméntate...

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Oh tell me where your freedom lies

The Doors cantan y se enciende un cigarrillo. Se consume. Extraña los labios del verdugo. El café ya distribuye la cafeína en el cuerpo, una taza entera busca despertar a los músculos adormecidos. ¿Y la mente? Bien, gracias, bien, volando, bien, estática. Se escucha un débil susurro: “No quiero pensar” y hay otra voz, contundente, afirmativa e inevitable que dice: “Pero tienes que hacerlo”. Así se desata, poco a poco, el proceso mental. Aquel se pregunta quien es la voz y la voz, divertida, lo observa pensar… lo ha logrado. Ha logrado matar la pasividad pero nada más. Animal de rutinas se mueve como el homúnculo de un alquimista bastardo. Ahora él, sentado, prende el enésimo cigarrillo, admira el humo que vuela. Qué gracias, qué estática y piensa: “¿Quién es? ¿Quién...

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Strange days

Hace unos cuatro o cinco diez de mayos, día de las madres en México, compró dos tarjetas que nunca regaló. Con uno de sus primeros sueldos, se dio una vuelta a Sanborn’s y se dedicó a escogerlas. Nunca había regalado algo a su madre, y a su abuela, puesto consideraban esas fechas sin importancia. Y él había aprendido a considerarlas de igual manera. Pero compró esas tarjetas, hace cuatro o cinco diez de mayos, pensando en que debiera regalarles algo de una vez por todas. Escogió una de dos rosas para su abuela, una juvenil y llena de colores para su madre. No le prestó atención a las leyendas de ambas tarjetas, pensó que podría escribirles algo bonito… después de todo, para eso vivía, para escribir. Ya se las ingeniaría para escribir los agradecimientos, los buenos recuerdos, el amor y el cariño. Compró las tarjetas, hace cuatro diez de mayos y se olvidó de escribir en ellas, lo postergó y lo postergó. Su abuela murió y su madre, está en algún lugar… el recuerdo de esas tarjetas pudo haber sido distinto, pero ahí...

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Apatía

Tal vez, lo que más me preocupa de mi generación –y las futuras– es la facilidad a la que nos entregamos a la apatía. Es muy fácil decir en estos días que me da flojera esto o lo otro, es muy fácil desplazarlo para mañana. ¿Qué carencia hay? ¿Qué es lo que falta en estos días, para obligar a un nuevo impulso, al desarrollo de algo nuevo? ¿Estoy hablando al aire? Muchos de los grandes escritores, tuvieron que vivir una guerra o épocas como la revolución industrial. Hubo un acontecimiento en su época que de alguna manera, modificó su estilo, les dio una temática. Eran hombres que podían captar fácilmente, las preocupaciones de su tiempo En cambio, ¿cuáles son nuestras preocupaciones? ¿La globalización? ¿Las consecuencias de la guerra en Iraq? ¿La deshumanización al entregar nuestra energía vital a un ordenador día tras día? Si, esas suenan factibles. Vivimos una saturación de información (como diría un buen amigo mío). Él sostiene que antes se vivía un oscurantismo del conocimiento, ahora es al revés, vivimos una saturación del mismo. Los chavitos nada más necesitan prender la máquina, buscar en Google y voilá, ya tenemos la tarea del día de mañana. Tan sólo adornamos un poquito con nuestras propias palabras o hacemos un collage de párrafos para tener un trabajo mediocre. Y no necesitamos más, resolvemos las tareas inmediatas en dos segundos....

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